lunes, 25 de mayo de 2015

Crítica de la película "Mad Max: Furia en la carretera" (George Miller, 2015)


Möbius el Crononauta



Llega un momento, ladrones, en que las joyas dejan de brillar, en que el oro pierde su brillo, el salón del trono se convierte en prisión, y en que todo lo que queda es el amor de un fan por una vieja saga...



Casi me veo obligado a salir de mi semiretiro ante la avalancha de entusiasmo y general aceptación que ha tenido la nueva entrega de la apocalíptica Mad Max, una saga que me marcó como a muchos otros de mi generación. No sé, en los últimos tiempos uno se despierta y oye que hablar de El caballero oscuro como una obra maestra (y que conste que disfruté con el film), Interstellar como la nueva 2001, o de Mad Max: Fury Road como la polla en vinagre. Y a uno no le queda sino ir al espejo, buscar nuevas arrugas y sentirse como Norma Desmond. O Abe Simpson... ¿Ha cambiado el mundo, o el que ha cambiado he sido yo? No voy a negar la evidencia: George Miller sigue teniendo un gran pulso y como film de acción Mad Max: Fury Road da sopas con ondas a muchos otros títulos del género. Las persecuciones, accidentes, explosiones, choques, coches rotos y demás, son por lo general como antaño. Mi pregunta es, ¿se puede realizar una película de dos horas con una premisa que en Mad Max 2, por ejemplo, apenas ocupaba treinta minutos? ¿Es posible contentar a un público nuevo ajeno a la saga y a los viejos fans? ¿Debería Tom Hardy tener el dedo sobre el botón?




Respecto a la primera pregunta, se puede, porque Miller lo ha hecho. En esta ocasión es el propio Max quien cuenta su historia, y a los pocos minutos de metraje (¿tres tal vez?) ya le vemos sin su coche y prisionero de los nuevos malutos de turno, los War Boys, la guardia de corps del villano Immortan Joe, quien recuerda a una fusión del viejo Lord Humungus y la Auntie Entity de Más allá de la cúpula del trueno. En este caso, el bien preciado que Immortan Joe se encarga de defender y administrar es el agua (un pequeño toque de actualización), que derrama de vez en cuando sobre una caterva de seres sedientos y deformes, víctimas de la radiación, cuyas consecuencias en esta nueva entrega quedan más patentes que nunca. Por ello Immortan Joe dispone también de un pequeño harén de mujeres físicamente sanas (y no sólo eso, son todas unos auténticos bellezones) con las que tener hijos sanos que puedan seguir nutriendo a su pequeña élite. Sin embargo, una de sus transportistas y guerreras, Imperator Furiosa, tiene un plan distinto y se da a la fuga con ellas. En su huida hacia un futuro mejor, acabará uniendo fuerzas, cómo no, con nuestro amigo Max. Y yo si dedico un párrafo a este planteamiento, en el film no se le da mucho más espacio; la premisa es que Furiosa salga con su camión cuanto antes y empiece la persecución.




Lo cual me lleva a la siguiente cuestión: ¿cómo de satisfecho quedará un viejo fan de la saga con esta película? Porque obviamente los 80 quedaron atrás, y el cine de acción moderno busca un perfil más joven. Hollywood tiene sus reglas, como las tuvo siempre, salvo que se van adaptando a lo que los estudios creen que funcionará. Por ello la duración idónea son dos horas (no deja de ser curioso, ¡cuántos directores en el pasado vieron sus films cortados y remontados porque sus metrajes llegaban a ese minutaje!), y aun así casi no hay cabida para crescendos, ni finas estrategias. Los generales no van a planear un movimiento en pinza; se optará por la saturación, en plan operación Rolling Thunder. Eso sí, George Miller muestra un mayor talento para saber dónde desplegar a sus bombarderos que muchos otros directores más jóvenes y con mayor renombre. Aun así, su montaje también ha hecho concesiones al estilo imperante, donde prima más la sucesión de planos cortos para inyectar adrenalina que, por ejemplo, las referencias al espacio-tiempo de la escena en cuestión. Con todo, la firma de Miller sigue ahí, en mi opinión.

Sin embargo, uno recuerda al vagabundo Max encontrándose con un tal Gyro Captain, o un tal Jedediah, lo cual le llevaba al siguiente paso en la historia, encontrándose con los supervivientes de la refinería, o los tratantes de Negociudad. Escena a escena, uno se familiarizaba con los nuevos personajes y los nuevos lugares y retos. Y ahora simplemente ya no hay tiempo para nada de eso. El prológo y el nudo (al menos tal como yo los entiendo) se condensan todo lo posible para dar paso a un elongado desenlace. Quizás brillante, no lo sé, pero también es cierto aquello de quien sólo haya comido mortadela, cuando pruebe un jamón serrano, aunque sea de cebo con pocos meses de curación, jurará haber hallado una obra maestra. Bien, qué puedo decir; a Miller le he visto mejores jamones, curados el tiempo necesario.




Y claro, el reto más difícil en estos casos es el nuevo rostro. Uno habría deseado que a principios de este siglo Miller y Gibson hubieran podido volver a unir fuerzas, pero no pudo ser. Entre los aciertos de Miller se cuentan no haber echado mano del típico 'reboot' o reinicio de la saga, contando lo mismo otra vez (Furia en la carretera tiene lugar años después de que Max pierda a su familia, como en las otras secuelas), y haber usado casi en su totalidad efectos especiales de toda la vida, con vehículos de verdad, etc., lo que le ha ocasionado no pocos problemas en un rodaje realmente complicado. Hay efectos de ordenador, por supuesto, pero en ese detalle hay que agradecerle a un tipo de setentaypico años que se meta en esos fregados.

Respecto al nuevo Max, como sucede siempre cuando un personaje de una saga famosa adquiere un nuevo rostro, muchas veces el que funcione o no está en los pequeños detalles. Para los viejos fans sentir algo de rechazo en un principio creo que será casi inevitable. Aparte de una cara distinta, el nuevo Max narra su historia (lo que en mi opinión le resta algo de ese aura de mito del mundo postapocalíptico que tenía en los films anteriores) y se acentúa su carácter de superviviente; llevarse una lagartija a la boca ya es el primer síntoma. Poco después iremos viendo que casi es como cualquier otro humano perdido en ese mundo desértico y sin reglas. Y no es que Max, el héroe, no hubiera tenido nunca antes el otro yo del Max superviviente (pues por definición, todos en esa Australia devastada buscar sobrevivir, cada cual a su modo), pero en el fondo Rockatansky era el viejo cowboy, el pistolero que llega y se va, mientras que aquí, de alguna forma que no sabría definir, Max parece formar más parte de la masa que trata de llegar a ver otro nuevo día. Rasgo que me da que Miller ha acentuado deliberadamente.

Porque entre otras cosas si por algo está dando que hablar Furia en la carretera es por el aparente giro femenino que ha dado la saga, donde ahora las mujeres tienen más que decir que antaño (y hemos visto mujeres fuertes en el mundo de Max anteriormente, pero cierto es que nunca habían cobrado tanto protagonismo, salvo aquella Tina Turner, aunque más que una guerrera era una madre que usaba la diplomacia y la inteligencia como armas). No creo que la saga se haya tornado feminista, aunque quizás sí es algo menos masculina. De todas formas mi principal problema al respecto es el hecho de que Furiosa (estupenda Charlize Theron, por cierto) sea más Mad Max que el propio Max Rockatansky. Los silencios, las miradas, la actitud... No sé, por momentos me costaba reconocer al viejo héroe en el Max más dicharachero de Hardy, y según avanzaba el metraje, no dejaba de llegar a la conclusión de que ella era él. Y no hay nada peor para un protagonista que sea el coprotagonista quien acabe acaparando la atención del espectador.



No estoy familiarizado con la filmografía de Tom Hardy, aunque me aseguran que es un gran actor, y no tengo razones para afirmar lo contrario. Ciertamente el guión no ha ayudado, pero para este tipo de personaje con diálogos parcos (y aun así por momentos me parecía más hablador que de costumbre) un gran carisma lo puede ser todo, y en ese aspecto Hardy no puede competir con Mel Gibson. Sí, ya sé, ninguna de estas metamorfosis entran fácil cuando en tu mente Max es Mel y nadie más. Quizás sea cuestión de tiempo, pero algo me da que deben de haber candidatos más idóneos por ahí.

En fin, no sé, a veces uno sabe que son detalles tontos, pero no me gustan las visiones del pasado acechando a Max (recurso que en la saga se usó de forma muy puntual) tan evidentes y tan abundantes. Son una explicación para los neófitos, ¡pero yo no las necesito! Y la creatividad de Miller y su equipo para las sociedades, personajes, vestimentas, vehículos y demás sigue ahí, pero las buenas ideas y planteamientos se acaban diluyendo en la persecución del más todavía. ¿O acaso el detalle del tipo de la guitarra no es ya demasiado over the top?

No sé, Furia en la carretera es un poco como reencontrarte con una antigua amante; entre las sábanas reconoces ese lunar en lugar curioso, el tacto de los labios, el color de los ojos... Pero al mismo tiempo todo parece distinto, más fofo y lento (o en este caso, más rápido, ¡demasiado!). De nuevo, te acabas sintiendo fuera de lugar.

No, nunca diría que Furia en la carretera es un truño (y menos aún si las comparamos con otros titulitos de acción de que nos ha dejado caer Hollywood encima en estos años), tiene sus buenos momentos y me alegro por quienes la hayan disfrutado tanto. Yo, por mi parte, me enfundaré las pantuflas, me iré a la mecedora con la mantita de cuadros, y revisionaré algún film de la vieja saga, derramando alguna lágrima nostálgica recordando que, no hace tanto tiempo, tanto en el amor como en el cine, existían unas cosas llamadas preámbulos.

PD- Una lástima que Hugh Keays-Byrne, nuestro querido Cortaúñas, haya tenido que llevar una máscara por aquello de evitar confusiones supongo. En el mundo de los villanos actuales no abundan tipos carismáticos como él.

©Möbius el Crononauta

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