domingo, 31 de marzo de 2013

Poesía erótica española - El Panadizo (Samaniego, El jardín de Venus)


Dada la buena acogida que en su día tuvo la publicación en esta sección del poema "Los nudos", del reputado fabulista del Siglo de las Luces Félix María Serafín Sánchez de Samaniego y Zabala, os voy a dejar hoy este otro seleccionado de su obra El jardín de Venus, cuya lectura completa no me cansaré nunca de aconsejar, pues hace huir las penas y suele dibujar sonrisas en los rostros más adustos y fieros. Se titula este poemita juguetón "El panadizo" que, como muchos otros versos recogidos en tan insigne libro, parece ser recreación rimada de algún chiste colorado de tal época. El chabacano lenguaje empleado, a más de ingeniosos disfemismos provocantes a risa, llenan de gracia el texto y de amenidad su lectura. Y cuidaos, doncellas, de algunos de estos frailes que intentan aprovecharse de la candidez de vuestro aún impúber entendimiento para dar rienda suelta a sus pensamientos más impuros. Este cuenta la anécdota sucedida a una devota que... (leed, hermanos).


El panadizo

Un gordo capuchino confesaba
a una sierva de Dios que se quejaba
de un fiero panadizo que tenía
en un dedo ya mucho tiempo hacía,
el cual, negado al bálsamo y ungüento,
cada vez la causaba más tormento.

El fraile, de su mal compadecido,
le dijo: -Hermana, tengo por perdido
el tiempo que se aplica
a bregar con emplastos de botica,
pues sé por experiencia
que cuando se endurece una dolencia
el remedio mejor para curalla
es el tratar el modo de ablandalla
metiendo aquella parte dolorida
en paraje caliente;
métala, pues, hermana, por su vida,
para que el panadizo se reviente,
dentro del agujero
que de las ingles hallará frontero.

La devota, en el fraile confiada,
puso su dedo en cura; y agitada
por las muchas cosquillas que sentía
al tiempo que allí dentro le tenía,
tan incesantemente meneóse
que al cabo el panadizo reventóse.

Para mostrar su agradecido afeto,
le contó al capuchino el buen efeto
que su remedio había producido;
pero él le respondió muy afligido:

-Sea, hermana, para bien y norabuena;
mas sepa que yo sufro de igual pena,
pues tengo un panadizo pernicioso
en el miembro colgante y pegajoso
que no uso, Dios me guarde, en otros fines
que el de dar libre suelta a los orines,
y no encuentro, ¡ay de mí!, para ablandallo,
sitio donde metello y meneallo.

-Por eso, padre mío no se apure
-ella le dice-; pues, porque se cure,
a pesar del rubor, yo mi agujero
prestarle agradecida al punto quiero.

En efecto, a la cura que promete
la devota se pone, y luego mete
su dedo colosal el frailecico,
empujando y moviendo despacico,
y logra, al fin de operación tan seria,
que suelte el panadizo la materia.

Sacó su dedo sano y deshinchado
el fraile; y ella, al verle sosegado,
le dice ruborosa: -Padre mío,
perdone a mi malicia un desvarío,
mas debo confesarle francamente
que al tiempo de la cura antecedente
sospeché, por su ardor y movimiento,
que atropellaba el sexto mandamiento.

El fraile le responde: -¿Eso dudaba?
Acaso así es verdad como pensaba;
pero ello no le dé ningún cuidado,
que, haciéndolo conmigo, no es pecado.

No creyó la respuesta decisiva
la sierva del Señor; quedó suspensa,
viendo que su virtud madurativa
era tal vez ofensa
del precepto de Dios; dudó un instante;
tornósele el semblante
rojo como las flores del granado,
y dijo: -Padre, pues si no es pecado
y con ello su gusto satisfizo,
oiga: ¿cuándo tendrá otro panadizo?

ÁCS

1 comentario:

  1. Esta es la versión en español antiguo que conserva la picardía de su momento, Las versiones en español actual carecen de los detalles finos que caracterizan la obra de Samaniego.

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