lunes, 25 de marzo de 2013

Dario Argento - Suspiria (1976): Crítica de la película


por Andrés Martín Avilés


Tradicionalmente Suspiria ha sido visualizada como un viejo cuento perverso en el que una virgen inocente (la estudiante americana Suzy Banyon) va a parar a la Casa de la Bruja (la Académia de Danza de Friburgo).


La novia de Dario Argento tuvo un papel destacado en la confección de Suspiria. Daria Nicolodi ayudó a Argento con sus relatos de la infancia. Uno de esos relatos fue recogido en el libro Spaghetti Nightmares y decía así: "El argumento de Suspiria es la historia verídica de algo que le sucedió a mi abuela cuando ella tenía 15 años, fue a estudiar a una Academia para mejorar su técnica de piano y descubrió que en ese lugar también se enseñaba magia negra, así que abandonó el curso. Años después, para el rodaje, volvimos y una mujer alta con aspecto de auténtica bruja me preguntó por mi abuela"



Está clara la influencia de la compañera sentimental de Argento para llevar a cabo la obra maestra del director italiano. Ambos se centraron mucho en reflejar en la película todo lo aprendido en sus viajes, que hicieron antes del rodaje. Visitaron viejas catedrales de Alemania y Suiza que tuvieran una leyenda de magia negra detrás.

Pero la catedral más tenebrosa es la que se levanta en la imaginación de Dario Argento, con una tenebrosidad propia del románico, una base estética impactante puramente gótica y una perfección técnica casi renacentista; así es la Catedral Suspiria.



El suspense se apodera del espectador desde el primer momento que cruza las puertas de la Catedral de Argento, una música escogida con mala idea pero de manera acertada resuena en tu cabeza e instantáneamente sabes que esa muchacha americana va a sufrir.

La pobre niña se dirige a la Academia con más esoterismo por metro cuadrado de toda Suiza y allí se desarrolla con maestría una de las mejores películas de terror de la historia.



Podría estar dos días describiendo el apartado visual de ésta película y aún así me dejaría escenas por destacar. Esos decorados siempre estarán en mi memoria.

El guion es excelente y que nadie os diga lo contrario, multitud de enigmas se plantean a lo largo de la película para luego encajar de manera sorprendente.

Mención especial merece la inolvidable y obsesiva banda sonora realizada por Goblin con sus subliminales voces que susurran "witch!" como si quisieran advertir a nuestra Suzy Banyon del peligro al que se enfrenta.

En definitiva, yo solo digo una cosa: Suspiria es una de esas películas que todo el mundo debe ver, al menos, 20 veces en la vida.

©Ándres Martín Avilés

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