domingo, 17 de marzo de 2013

Devon Allman - Tuquoise (2013): Crítica del disco


por Don Críspulo

Al contrario que pasa con los abogados, los médicos o los dueños de tiendas de ultramarinos, en esto del Rock ser hijo de tal no es sinónimo de éxito. Quitando casos aislados como el de Paquirrín o Liv Taylor, y esta más por lo buena que está que por otra cosa, pocos son los hijos de músicos famosos que han visto, aunque sea de refilón, la gloria del padre.


En Estados Unidos, que de jugar al tute no saben mucho, pero en esto del Rock son unos entendidos, tenemos varias sagas familiares en las que los hijos, y hasta nietos, llevan años dejándonos agradables sorpresas. Hablo de Hank Williams III o Shooter Jennings y ahora también de Devon Allman.

La saga de los Allman ya ha hecho por nosotros más de lo que podríamos soñar: Duane Allman no fue el guitarrista más técnico del mundo, ni el más rápido, pero pocos le ganan en ese intangible que es el feeling. Con veinticuatro años se mató en una moto, mientras su hermano Gregg, además de un puñado de discos clásicos y un romace con Cher, un romance con Cher (lo digo dos veces), nos dejó un hijo aunque no es hijo de Cher. Un retoño que tiene ya más de cuarenta años, sí, así es el tiempo, y que tiene una modesta y escueta carrera musical. Tan modesta y escueta que casi nadie había oído hablar de él. Y visto lo visto así va a seguir, aunque es una pena porque el muchacho tiene talento. No digo que haya salido al padre, que a la madre no la he visto, pero Turquoise, que así se llama el disco que acaba de editar y es el primero que hace en solitario es un señor disco. Clásico y poco arriesgado, con un paquete completo de Blues, Rock y Soul lleno de estándares, pero rebosante de talento y con más de una buena idea. Coplas como “When I Left Home” que abre el disco con un estribillo maravilloso o “Don´t Set Me Free” son buena prueba de ello. Devon canta, y muy bien por cierto, y toca la guitarra, en este caso ayudado por otro hijo de igual talento que cada día me gusta más. Hablo de Luther Dickinson. A ver, para que ustedes me entiendan, el muchacho se casca una versión del “Stop draggin my heart around”, con una tal Samantha Fish haciendo el papel de Stevie Nicks que vale el disco entero (Sí, amo a Tom Petty mucho).

Luego, desgraciadamente, poco más que contar. El disco se diluye un poco en la parte final. Saxos muy bien metidos, pero que aburren y falta, en mi opinión, de un poquito más de nervio. Que no pasa nada, que no es el primer gatillazo que vemos en un disco. Además la nota final es buena, o muy buena si prefieren o buenísima si lo comparo con la cantidad de porquería que consumimos hoy en día. Gran disco; la genética no podía fallar.

Escucha aquí el disco y algunas cosas más.

©Don Críspulo

3 comentarios:

  1. Le tengo desde hace meses y aun no me lo he puesto!!A ver cuando me decido!!!
    A+

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    1. A mí me ha encantado, maestro, aunque estoy con Don Críspulo en que la última parte flojea un poco, pero hay maravillas por ahí dentro.
      Saludos.

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  2. Muy buen disco, que me releo y parece que no lo es, pero SÍ.

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