lunes, 4 de junio de 2018

Luback - Café Berlín, Madrid, jueves 31 de mayo de 2018: Crónica del concierto



por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos




“La gran evasión…”

No fue necesario ningún pasaje en primera clase del vuelo 714 para que el concierto que ofrecieron los chicos de Luback la pasada noche del 31 de mayo nos trasladara, a todos los bichos humanos que nos dejamos caer por allí, a mil lugares diferentes sin necesidad de movernos de los asientos del precioso café Berlín. Un viaje musical que, si bien más breve que en otras ocasiones, se coció a un fuego lento que, al término del concierto, lejos de apagarse, prendió una llama en lo más hondo de nuestros corazones. Las cabezas, más allá de permanecer sobre los hombros, volaban en búsqueda de esa gran evasión en forma de sueño de libertad que, mientras sonaba la música, parecía tan real…




Todo comenzó con una puntualidad británica, mediante un breve discurso de Marcus Wilson donde nos prometía una “lovely evening”. Afortunadamente, a diferencia de los políticos, los músicos cumplen sus promesas: dicho y hecho. White Horse tiene unos ingredientes adictivos, y a medida que avanza el tema podemos comprobar una de sus claves: ese bajo de Manu apunta donde duele con la nota perfecta en el momento preciso. Los grandes titulares serán otros, pero desde su posición al más puro estilo John Entwistle en los Who, consigue que esta canción sea (aún) más grande. The Deal es uno de esos pocos contratos que merecen la pena firmar. Imposible resistirse, en primer lugar, a esas baquetas del gran Jorge. Pero es tras ese come on cuando tus pies, al más puro estilo Delacroix en “La libertad guiando al pueblo”, dejan de pertenecerte y se autoproclaman dueños absolutos de su propio destino.




Una estupenda demostración del rock and roll más animal llegó de la mano y notas de Worse Than You, a la que esa introducción instrumental demostró sentarle como un piano a Jerry Lee Lewis. El resto, ya sabéis: fuerte aroma a hit por todos los compases al que la voz de Carmen, de la que hablaremos más adelante, la habría trasladado a una merecida eternidad sin retorno. No obstante, si nos ponemos exquisitos, uno de los platos fuertes de la noche llegó con ese Lucky Man. Intro y outro a capela, musicalmente brillante y con ese cambio de ritmo del que solamente algunas canciones grandes pueden presumir. Imposible no sentirnos dichosos al estar siendo testigos de semejante canción.



No constaba su presencia en el cartel, pero la sombra de David Gilmour planeó sobre la sala mientras sonaba ese tema instrumental para la meditación made in Marcus Wilson. Ejerció brillante su papel de calma ante la tempestad que siempre vuelve a todo escenario que cuente con la presencia de Kiko Meler en We Are. Solvente demostración de lo que son Luback: una banda todoterreno que no dudan ante la posibilidad de surfear las olas más altas de cualquier océano musical. Ante todo, la música como vehículo de expresión, sin reparar en limitaciones de ningún tipo. Que hablen las canciones. Como bien sucedió con My Home, canción de amor atípica donde las haya que estuvo cantada especialmente magistral por Cristian. Todo es más fácil cuando realmente sientes lo que cantas: honestidad brutal lo llaman.




La simpática Pioneers hizo referencia a esas ocasiones donde lo simple radica en lo complicado de lograr que funcione esa sencillez. En este tema el éxito en ese aspecto es total, y buena parte de culpa la tienen las teclas de Yago y su Melody.

El final estuvo a la altura de lo esperado, pero todo es más sencillo cuando cuentas con Carmen Villaescusa en We Learn, otra de las nuevas. Su voz, a caballo entre Amy Winehouse y Nina De Juan, mejoran al instante la vida de las personas que la escuchan. Un jugo de los que es imposible beber sin repetir. En éxtasis todavía por lo que acababa de suceder, llegó Inside para despedir como se merece cualquier concierto que se precie de serlo. Tras un aumento de revoluciones y de la temperatura de nuestros corazones, nos despedimos con una pelea de emociones aliviada por esa certeza de quien sabe que cada minuto que pasa es uno menos para volver a verles.



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