domingo, 10 de junio de 2018

Las mejores películas del año 1948 - Lo mejor del cine de ese año: Lista y comentario

Superman.


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

Por supuesto, el Cine Negro sigue dejando cantidades ingentes de obras maestras y joyas, lo mismo que va haciendo el neorrealismo italiano, uno de los movimientos más influyentes y relevantes del Séptimo Arte, que, como ya fui avanzando en entradas sobre fechas anteriores, comenzó a dejarse ver con fuerza también en estos 40. De hecho, este 1948 podríamos considerarlo uno de los años de explosión del género, de sublimación del neorrealismo.

El secreto de sierra madre.

Las mejores películas de 1948
(lo mejor del cine de ese año)


ACTO DE VIOLENCIA, de Fred Zinnemann. 

Un estupendo thriller de Zinnemann, poco conocido pero muy atractivo. Con un gran trío protagonista y buenos conflictos dramáticos, el cineasta seguía dando muestras desde sus inicios de su gran talento.



ALEMANIA AÑO CERO, de Roberto Rossellini. 

Cima del neorrealismo. Obra maestra de Rossellini sobre las consecuencias de la guerra y la postguerra en Alemania desde el punto de vista de un niño. Imprescindible.



AL VOLVER A LA VIDA, de Byron Haskin. 

Especialista en efectos especiales y director, Byron Haskin frecuentó todo tipo de géneros, un buen artesano que logró algunos hitos y varias joyas en su filmografía. Aquí llega con un buen título de Cine Negro de deslumbrante reparto, aunque algo estático, falto de vigor y agilidad, pero que cumple con creces las expectativas de los amantes del género.



AÑOS DIFÍCILES, de Luigi Zampa. 

Me congratula traer cintas enmarcadas en el neorrealismo italiano que se salgan de las típicas. Esta es una película poco conocida que plantea una aguda reflexión, humanista, sobre culpabilidades y consecuencias, con una mirada comprensiva y profunda. Necesaria.



BELINDA, de Jean Negulesco. 

Estupenda película que tuvo 12 nominaciones al Oscar, aunque ahora no parece recordarla casi nadie… De esas 12 nominaciones sólo Jane Wyman logró la estatuilla por su magnífica interpretación. Mirada a la discapacidad, en este caso auditiva, y las consecuencias de la misma en una sociedad tendente al desprecio de todo aquello que se sale de la norma. Drama intenso y enseñanza de la superación. A descubrir.



BERLÍN OCCIDENTE, de Billy Wilder. 

Considerando que el 90 por ciento de la filmografía de Wilder me parece magistral, esta es casi una decepción dentro de sus impagables joyas. No, no es ni de lejos de las peores del director, está en el grupo de las excelentes, pero por debajo de las incontestables, donde su sublime ingenio y humor vuelan ligeramente más bajo, también por la inclusión de más drama dentro de la comedia. Impagable la Dietrich.



BERLÍN EXPRÉS, de Jacques Tourneur. 

Thriller de postguerra del maestro Tourneur. De interesantes ideas y planteamientos, no es una de sus grandes obras, pero desde luego no supone ninguna decepción, por lo que si te gusta el Cine Negro la paladearás con mucho gusto.



CARTA DE UNA DESCONOCIDA, de Max Ophüls. 

Uno de los más bellos melodramas de la historia del cine. Indispensable, imprescindible. Pura emoción, intensa, sutil, poética. Una de las cimas de uno de los directores que sublimó el melodrama, uno de los cineastas más elegantes de la historia.



CAYO LARGO, de John Huston. 

Estratosférica obra maestra del Cine Negro. Paradigma de la atmósfera opresiva y asfixiante, con la clásica metáfora meteorológica atrapando a un variado grupo de personas en un único escenario. No es sólo que tenga uno de los directores incontestables en esto del Cine, es que tenemos un reparto inconmensurable. Bogart y Bacall de nuevo, contra Edward G. Robinson.



CIELO AMARILLO, de William A. Wellman. 

Un western atípico, oscuro, original, imprevisible, seco, romántico, nada convencional, que manteniendo los ingredientes del género los maneja de una forma totalmente distinta, profundo, denso, complejo. Un western de referencia. “Cielo amarillo” es una película curiosa, una rareza de un director considerado un mero artesano, una infravaloración que no hace justicia a muchas de las extraordinarias obras que nos ha regalado. Además de todo ello tenemos personajes de compleja psicología, un tono denso y profundo de gran enjundia, lo que trasciende a todo género, aunque es un western puro. Como una película de autor pero profundamente clásica.



EL ÁNGEL BORRACHO, de Akira Kurosawa. 

Considerada por muchos como la primera gran película de Kurosawa o, incluso, como su primera obra maestra, “El Ángel Ebrio” es una muestra indiscutible de la maestría de su director. A caballo entre el drama y el cine negro, es una obra muy personal, más lograda en su vertiente dramática que en la negra, con un logrado clímax final.




EL ESTADO DE LA UNIÓN, de Frank Capra. 

Un Capra que no es una obra maestra, lo que ya es una novedad. Drama político más que interesante, que aunque se aleja de la maestría habitual del cineasta, vuela a una gran altura, ayudado por la interpretación de Spencer Tracy.



EL ÍDOLO CAÍDO, de Carol Reed. 

Carol Reed se encontraba seguramente en los mejores años de su carrera. Agrupó en 3 años títulos como "Larga es la noche" (1947), "El ídolo caído" (1948) y "El tercer hombre" (1949), lo que debería haberle situado en un estatus mucho más alto del que nunca tuvo. Director infravalorado, nos ofrece en esta intriga una muestra más de su talento indiscutible. Una obra más que notable con final irónico, talento visual y profundidad en sus planteamientos, con pocas fisuras y que sin ser una obra maestra debido a la modestia de medios y planteamientos, junto con algún momento ingenuo de guión, poco le falta.



EL RELOJ ASESINO, de John Farrow. 

Estupendo thriller, magníficamente construido y con una depurada dirección. John Farrow, un director discreto, nos deleita con una lección de dirección y planificación, una dirección que podemos decir es la mayor virtud de la cinta.



EL TESORO DE SIERRA MADRE, de John Huston. 

Una de las grandes películas de todos los tiempos. Quizá la mejor obra de su autor. Pocas veces se ha retratado así la avaricia, y mira que hay títulos de prestigio impresionante sobre el tema… Interpretaciones excepcionales, con un Bogart que pocas veces ha estado mejor. Asombrosa, indispensable.



FORT APACHE, de John Ford. 

Incontestable obra maestra de Ford. Sería la película que abriría la llamada “Trilogía de la Caballería”. La desmitificación de la leyenda y a la vez la gestación de la misma en un tratamiento sublime e inigualable. Descorazonada y descarnada, es una obra de arte desde que empieza hasta que termina, con unos Henry Fonda y John Wayne majestuosos.



HAMLET, de Laurence Olivier. 

Una de las adaptaciones más reputadas de la tragedia shakespeariana, que además se llevó 4 Oscars, incluidos los de Película y Actor para Olivier. Aún así, resulta acartonada, académica y agarrotada, por lo que ha sido ampliamente superada por esa descomunal obra de arte creada por Kenneth Branagh en 1996.



INFIELMENTE TUYO, de Preston Sturges. 

Ya está aquí Sturges de nuevo con una de sus comedias. Una vez más un acierto, una excelente muestra del talento del director. Otra que merece mucho la pena.



JENNIE, de William Dieterle. 

Obra maestra del cine romántico y con toque fantástico. Visualmente innovadora y excelente, muy bien interpretada, a pesar de estar Jennifer Jones. Es una obra cumbre.



LA CICATRIZ, de Steve Sekely. 

Una auténtica joya, casi una pieza maestra, desconocidísima. Original, divertida, sumamente irónica, bien dirigida, mejor fotografiada y muy bien interpretada. La verdad es que pocos peros se pueden poner a esta cinta, prueba del derroche de creatividad de la época dorada de Hollywood, donde cuando menos te lo esperas encuentras auténticas genialidades. Recomendadísima.



LA CIUDAD DESNUDA, de Jules Dassin. 

Otra muestra de la maestría del gran Jules Dassin. Otra vez enmarcada en el Cine Negro, pero desde una óptica bien distinta. Con esta cinta Dassin encadenó cuatro títulos de Cine Negro verdaderamente excelentes y distintos entre sí: la concepción sumamente documentalista y realista de la que nos ocupa en 1948; la fatalidad alegórica y también realista de “Mercado de ladrones” (1949), una perfecta evolución; el destino fatal y expresionista de la negrísima, desoladora y pesimista “Noche en la ciudad” (1950); y la deslumbrante, rigurosa, detallada y, por supuesto, también pesimista recreación de un robo por parte de ladrones de guante blanco en la sublime “Rififí” (1955).



LADRÓN DE BICICLETAS, de Vittorio De Sica. 

Si un título viene a la cabeza al hablar de neorrealismo es esta obra maestra emotiva, sincera, desgarrada de De Sica. Obra de arte incontestable que hizo de la extrema sencillez magisterio y testamento fílmico. Es una de las cimas del Séptimo Arte, buque insignia de esa especial trilogía que hizo De Sica con “Umberto D” (1951) y “Milagro en Milán” (1952), esta última paradigma del realismo mágico. Indispensable para todo cinéfilo o persona con cierta curiosidad e in quietud.



LA FUERZA DEL DESTINO, de Abraham Polonsky. 

Buena muestra de Cine Negro, una de las mejores obras de su director y con John Garfield como protagonista. Mafia, intriga, crímenes… Merece mucho la pena.



LA SOGA, de Alfred Hitchcock. 

En ocho planos que simulan ser uno solo. Así rodó esta joya el maestro Hitchcock, quizá la más reseñable de sus obras de cámara, de escenario cerrado y limitado. Con trasfondo filosófico nietzscheano, movimientos de cámara sublimes y la maestría de un genio en la dirección, sacando el máximo partido al suspense con James Stewart dando la cara.



LAS ZAPATILLAS ROJAS, de Michael Powell, Emeric Pressburger. 

Otro prestigioso drama, este centrado en el mundo del ballet, de estos dos sensacionales cineastas. El poder y talento visual de los directores alcanza un esplendor inusitado, ya sea en los momentos musicales como en los que no lo son. Uno de sus más prestigiosos films.



LOS ÁNGELES PERDIDOS, de Fred Zinnemann. 

El debut de Montgomery Clift ante las cámaras con otro título de Zinnemann. Un drama ambientado en la 2ª Guerra Mundial y el Holocausto. El horror, la infancia y el lado luminoso del ser humano en un tono casi documental. Recomendable.



LOS TRES MOSQUETEROS, de George Sidney. 

Una de las más afamadas adaptaciones de la inmortal novela de Alejandro Dumas. Una de las más enérgicas y vibrantes, que capta a la perfección el espíritu aventurero de la original, pero no el tono tan complejo y matizado. De hecho, es complicado escoger una versión que esté a la altura de la novela. Aún así, esta es mi favorita. Un placer visual, colorista, vitalista y de ritmo incesante.



LA TIERRA TIEMBLA, de Luchino Visconti. 

Apuesta neorrealista de Visconti, aunque no sea de los títulos más conocidos de este movimiento. Una obra apabullante, que no es fácil, pero sí indudablemente brillante.



LOS AMANTES DE LA NOCHE, de Nicholas Ray. 

Mítico debut de Nicholas Ray. Un gran Noir que ya avanzaba muchas de las constantes del director, especialmente esa reivindicación del individuo ante los opresores, hipócritas y castradores colectivos. Una joya.



LOS BLANDINGS YA TIENEN CASA, de H. C. Potter. 

Simpática comedia con Cary Grant como protagonista. Un entretenimiento sin grandes pretensiones que funciona estupendamente desde el gag visual, así como desde los diálogos. Una sana y divertida evasión.



LOS NIÑOS DE PARAÍSO, de Hiroshi Shimizu. 

Pequeño y desconocido clásico del cine oriental, que se hace hueco entre las grandes obras de los directores orientales más afamados. Podríamos concluir que es algo así como la manifestación oriental del neorrealismo que pegaba con fuerza en Europa, sobre todo en Italia.



MACBETH, de Orson Welles. 

Con cuatro duros te hacía este genio una obra maestra. Una de las grandes adaptaciones shakesperianas de todos los tiempos, la mejor de Macbeth. El estilo barroco de Welles saca el máximo partido a la tragedia, desgarrada, amarga, profunda, fantasmagórica. Una obra maestra… y una lady Macbeth absolutamente moderna y vigente interpretada por Jeanette Nolan.



MOONRISE, de Frank Borzage. 

Ejemplar mezcla de cine negro y drama social y romántico narrado con la habitual solvencia del excelente Borzage. Película poco conocida y reivindicada que merece un visionado y un encendido elogio.



MUJERES DE LA NOCHE, de Kenji Mizoguchi. 

Mizoguchi inmerso de lleno en su universo particular, ese que conocía tan bien. La prostitución y el mundo de las mujeres por uno de los directores que mejor las ha comprendido y mostrado.



NACE UNA CANCIÓN, de Howard Hawks. 

Versión musical de “Bola de fuego” (1941), la magistral comedia que Hawks hizo con Gary Cooper y Barbara Stanwyck. Desde luego está lejos de aquella, pero resulta indudablemente entrañable y entretenida.



NIÑERA MODERNA, de Walter Lang. 

Obra maestra de la comedia que nos deja un personaje eterno, como es este que interpreta magistralmente Clifton Webb. La cinta del artesano Walter Lang es absolutamente imprescindible. En poco más de hora y veinte te hace pasar un rato inolvidable y nos regala un personaje inmortal: Mr. Belvedere. Los artesanos del Hollywood clásico, una de las claves de su éxito, capaces de enfrentarse con humildad y dignidad a cualquier tema y convertirlo en una obra de arte.



OLIVER TWIST, de David Lean. 

Lean adaptando de Nuevo a Dickens, y haciéndolo realmente bien. El perfeccionismo del director luce con luz propia en este intenso drama al que se le saca todo el partido. Un clásico indiscutible con un gran Alec Guinness.



PACTO TENEBROSO, de Douglas Sirk. 

Perteneciente a la primera época americana de Douglas Sirk, en la que nos regaló varios títulos de intriga y misterio, de cine negro e incluso propagandístico, “Pacto tenebroso” es una especie de “Luz que agoniza” (George Cukor, 1944), menor. Película que va de más a menos y que a pesar de sus irregularidades es seguro que entretendrá al que apueste por ella. Es lo que tienen los grandes directores, sus películas menos magistrales también resultan interesantes, incluso hipnóticas.



RÍO ROJO, de Howard Hawks. 

Absoluta obra maestra del western que ya empezaba a dejar obras maestras absolutas en los albores de los 50. Western iconográfico sobre el vagar de los ganaderos buscando los mejores lugares y pastos para su ganado. El duelo generacional entre Wayne y Clift es mítico, dejando dos interpretaciones para el recuerdo.



SUPERMAN, Spencer Gordon Bennet, Thomas Carr. 

No está por su maestría, sino por su curiosidad. Es la primera aparición del superhéroe en la gran pantalla (más allá de una serie de cortos animados), en lo que sería un serial de 15 episodios. Aquí la traigo para los más curiosos fans de los cómics y superhéroes.



TRES PADRINOS, de John Ford. 

Tres Reyes Magos en el oeste. Un entrañable y tierno cuento navideño en la arena de los desiertos y el oeste americano. Sólo Ford podía coger estos ingredientes y convertirlo en una película tan luminosa y cálida. De esas obras que están en segundo plano por culpa de ejemplares filmografías, pero que resultan una absoluta delicia.



UNA GALLINA EN EL VIENTO, de Yasujiro Ozu. 

Ozu en la postguerra. Un amargo retrato de la vuelta a casa de los soldados mostrado con el siempre depurado estilo de un director sin igual.



UNA VIDA MARCADA, de Robert Siodmak. 

Noir más desconocido de Siodmak, que entregaba en estos años sus mejores obras. Un atractivo thriller que, sin llegar a la maestría de sus grandes éxitos, no es en absoluto desdeñable. Otro título a descubrir.



VOCES DE MUERTE, de Anatole Litvak. 

Una maravilla. Otra obra maestra del Cine Negro que asombrosamente no es tan conocida como yo esperaba. Reivindicada en algunos sitios y homenajeada en otros (recuerdo un Branagh reciente que lo hacía), tenemos una imprevisible historia de suspense e intriga francamente fascinante y adictiva de la que es imposible desconectarse. Además tenemos una pareja de gigantes: Burt Lancaster y Barbara Stanwyck. No se la pierdan.



YO CREO EN TI, de Henry Hathaway.

Una de las grandes obras de Hathaway, lo que ya es decir mucho, y referente del cine periodístico, enmascarado en un Noir con detective clásico. James Stewart interpreta a ese periodista que más parece un detective, buscando hacer justicia con un condenado a 99 años de prisión. Una magistral narración. Imprescindible.

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