domingo, 20 de agosto de 2017

Ciorán: Filosofía indumentaria y El despellejado



Filosofía indumentaria

¡Con qué ternura y con qué envidia se vuelven mis pensamientos hacia los monjes del desierto y hacia los cínicos! Abyección de disponer del menor objeto: esa mesa, esa cama, estos vestidos... El vestido se interpone entre nosotros y la nada. Mirad vuestro cuerpo en un espejo: comprenderéis que sois mortales; pasead vuestros dedos sobre vuestras costillas, como sobre una mandolina, y veréis lo cerca que estáis de la tumba. Gracias a que estamos vestidos alardeamos de inmortalidad: ¿cómo puede uno morir cuando lleva corbata? El cadáver que se endominga ya no se reconoce, e imaginando la eternidad, se apropia de la ilusión. La carne cubre al esqueleto, el traje cubre la carne: subterfugios de la naturaleza y del hombre, trapacerías instintivas y convencionales: un señor no puede estar amasado de lodo ni de polvo... Dignidad, horonabilidad, decencia, otras tantas escapatorias ante lo irremediable. Y cuando te pones un sombrero, ¿quién diría que has residido en unas entrañas o que los gusanos se hartarán con tu grasa?



El despellejado

La vida se transmite como una lepra; demasiadas criaturas para un solo asesino. Está en la naturaleza de quien no puede matarse el querer vengarse contra todo lo que se complace en existir. Y por no lograrlo, se aburre como un condenado al que la imposible destrucción irrita. Satán arrinconado, llora, se da golpes de pecho, se cubre la cabeza; la sangre que hubiera querido verter no empurpura sus mejillas, cuya palidez refleja su asco por esa secreción de esperanzas producida por las razas en marcha. Atentar contra los días de la Creación fue un gran sueño...; renuncia a él, se abisma en sí mismo y se entrega a la elegía de su fracaso: de ello proviene otro orden de excesos. Su piel arde: la fiebre atraviesa el universo; su cerebro llamea: el aire es inflamable. Sus males ocupan las extensiones siderales; sus pesares hacen estremecerse a los polos. Y todo lo que es alusión a la existencia, el aliento de vida más imperceptible, le arranca un grito que compromete los acordes de las esferas y el movimiento de los mundos.


(De Abdicaciones)

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