sábado, 26 de agosto de 2017

Milagros del hombre nuevo - Relato



por Yolvi Efraín Cauro Méndez



Milagros corre hasta el abismo y hace ademán de lanzarse. Logro alcanzarla. La sujeto por las trenzas. La obligo a retomar con sus gemidos las coordenadas de la luz. “La luz es nuestra única posibilidad de salvación”, le digo para alentarla, “nos rodean los demonios de blanco, ellos quieren encadenarnos de por vida… ¡Mira, mira a ese viejito de barba rala! ¡Nos quiere atrapar con su tono reflexivo!” Le digo y me vuelvo con la esperanza de que entienda de una vez…Ya no siento la resistencia de su cuerpo. Milagros descansa sobre mi espalda. Doy traspiés entre las raíces de mangle rojo, así avanzamos. Pide perdón una y otra vez, perdón por cualquier cosa que haya hecho, perdón, mi vidita, perdón…

Un nubarrón eyacula.

Tiro a Milagros sobre el fango. Ni siquiera la cercanía de la luz, los demonios de blanco y el viejito de barba rala evitan que la guarde entre el pecho y mis manos, y la sienta gemir, no con aquella excitación de jadeos y estertores, no con aquella mirada de virilidad que confunde y asusta… “¡Ni con aquel olor con el que me enloqueces, Milagros, me enloqueces hasta el rapto! Porque puedo verte todavía. Sentada a mi lado, diciendo entre dientes: ¡Qué clase de pinga se está metiendo la rubia esa! Puedo sentirte frotando la palma de tu mano contra mi pantalón de trabajo, bebiéndote cada pliegue de mi sexo. No me engañas, siempre supe la clase de puta que eres, no me engañas. Supe que te gusta desmenuzar las entrañas de los tipos como yo. ¡Lo supe! Y aún así logras engañarme. Por eso irás conmigo hacia esa luz entre las montañas, Milagros, para redimir nuestras culpas, redimirlas, sí. ¿No recuerdas las madrugadas? Caminábamos. Los trastos sonaban, y saludaban las campanas. Al cruzarnos con el Hombre de Piel Estrujada por los años tuve el primer indicio. Hubo un cambio de luces, Milagros. Te apretaste contra mi brazo. Caminábamos. La Doncella sin Juicio haló mi mirada hacia sus pezones debajo del vestido, y cuando mis ojos regresaron encontré los tuyos no en los míos sino en los de ella. Caminábamos… Era la habitación de un hotel barato: La Doncella sin Juicio, el Hombre de Piel Estrujada por los años, tú y yo. No encuentro los detalles, sí las sensaciones…Ni siquiera recuerdo el instante en que tu dedo mayor se truncó por una porción del Hombre de Piel Estrujada, y los senos tuyos y los de La Doncella sin Juicio se frotaron fusil contra fusil mientras el Hombre de Piel estrujada hurga la profundidad de mi ceguera y las veo a La Doncella sin Juicio y a ti: ensalada de nalgas, clítoris, caderas. Te estoy viendo poseyéndome luego como si yo fuera La Doncella sin Juicio y tú fueras el Hombre de Piel Estrujada por los años, mientras los otros duermen después de la aventura… Al amanecer, mi padre se negaría lo que por casualidad había visto: un hombre y una mujer haciéndolo al revés, y por primera vez me haría la pregunta de sopetón: ¿Eres maricón, hijo? La misma pregunta que tenía en el rostro el día en que le quité la soga del cuello.

No puedo perdonarte, Milagros, debo penetrarte con toda la rabia antes contenida, gozar con tu asco a que te atenace con mis manos, mis piernas y mi látigo. Quiero vengarme por las veces en que revivimos aquella noche en la habitación de hotel barato. ¡Por los canjes entre mis nalgas y tus orgasmos, coño…! Por esta madrugada en que te levantas de mi cama y me dices: “tengo que darte una noticia, el miércoles llega La Doncella sin Juicio, la única que me ha hecho realmente gritar de placer, algo tan prosaico como gritar de placer, coño. “Nunca te he engañado. Siempre te dije que si La Doncella sin Juicio regresaba, lo nuestro tendría que esperar…”Pero te jodiste, Milagros: ahora te llevo sobre mi espalda con tus volcanes apagados, al fin sometidos… La Doncella sin Juicio se habrá quedado esperándote en el aeropuerto, estará tratando de localizarte entre trastos y campanas, mientras tú corres hasta el abismo y haces ademán de lanzarte. Te alcanzo. Te sujeto por las trenzas. Te obligo a tomar con tus gemidos las coordenadas de la luz hasta que encuentro a los demonios de blanco. Los demonios no entienden. Me agarran con fuerza. Hay un señor de barba rala repitiéndome que el mundo ha cambiado, de pronto lo descubro con la misma fisonomía del Hombre de Piel Estrujada, me repite que tanto machismo me ha llevado a la locura, que mi culpa ha sido dimensionada por una educación rígida e ignorante… Me repite mientras veo llegar a La Doncella sin Juicio, siento a mi padre ajustar la soga a mi garganta y el viejito de barba rala –o El Hombre de Piel Estrujada por los años-, comenta a los demonios no sé qué cosa sobre el milagro del hombre nuevo…


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