sábado, 26 de agosto de 2017

Ciorán - Contra sí mismo y Restauración de un culto



Contra sí mismo


Un espíritu solo nos cautiva por sus incompatibilidades, por la tensión de sus movimientos, por el divorcio de sus opiniones y sus tendencias. Marco Aurelio, comprometido en expediciones lejanas, se inclinaba más sobre la idea de la muerte que sobre la del Imperio; Juliano, al llegar a ser emperador, echa de menos la vida contemplativa, envidia a los sabios y pierde sus noches escribiendo contra los cristianos; Lutero, con vitalidad de vándalo, se hunde y se pasma en la obsesión del pecado, sin encontrar un equilibrio entre sus delicadezas y su tosquedad; Rouseau, que se equivoca respecto a sus instintos, solo vive para la idea de su sinceridad; Nietzsche, cuya obra entera no es más que una oda a la fuerza, arrastra una existencia raquítica, de acongojante monotonía...


Pues un espíritu no interesa más que en la medida en que se engaña sobre lo que quiere, sobre lo que ama, o sobre lo que odia; siendo varios, no logra escogerse. Un pesimista sin entusiasmos, un agitador de esperanzas sin amargura, no merece más que desprecio.


Restauración de un culto

En búsqueda de un auténtico solitario, paso revista a las épocas, y al único que encuentro y envidio es al diablo... La razón le excluye, el corazón le implora... Espíritu de la mentira, Príncipe de las Tinieblas, el Maldito, el Enemigo -¡cuán dulce es rememorar los nombres que inflamaron su soledad! y ¡cuánto más le aprecio desde que se le relega día tras día! ¡Ojalá pudiera yo restablecerlo en su primer estado! Creo en Él con toda mi incapacidad de creer [...]

(De Abdicaciones)

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