martes, 6 de agosto de 2019

Crítica de ATMÓSFERA CERO (Peter Hyams, 1981): Reseña


por Möbius el Crononauta




Cuando uno se imagina cómo debía de ser la mina de la que venían los tripulantes de la Nostromo antes de ser masacrados por un alienígena revientacabezas, seguramente le venga a la mente algo parecido a la mina de titanio de Atmósfera cero, y ciertamente las similitades no son casualidad.




Atmósfera cero fue uno de esos films que fueron claramente fruto del éxito de Alien, el octavo pasajero. De hecho, Atmósfera cero tuvo detrás a Alan Ladd Jr, que había sido presidente de la Fox durante el rodaje del tétrico film de Ridley Scott, y comenzaba una nueva andadura con su propia productora. Desde los créditos iniciales pasando por la banda sonora de Jerry Goldsmith (seguramente otra elección que tampoco fue casual) hasta la ambientación, Atmósfera cero seguía los pasos de la exitosa película de terror alienígena.




La película fue dirigida por Peter Hyams, uno de esos directores irregulares que tuvo sus aciertos, especialmente en el campo de la ciencia ficción, sin alcanzar niveles estratosféricos. La idea era crear un western espacial y futurista, y los paralelismos de parte de la trama principal entre Atmósfera cero y Solo ante el peligro no pasaron inadvertidos, aunque el film de Hyams no resista comparación alguna con el clásico de Fred Zinnemann.




En realidad, Atmósfera cero es un correcto film de ciencia ficción sin pretensión alguna que busca el puro entretenimiento de forma sencilla y más o menos creíble. Desde luego, no tiene un guion a prueba de bombas, pero Hyams logra sacarle jugo a los efectos especiales y ofrecer una imaginería planetaria bastante hermosa, aparte de que decorados y demás estén impregnados de esa tecnología de "futuro viejo" de Alien. Y quizás la película no hubiera funcionado tan bien con otro protagonista, pero Sean Connery lleva el peso de la película sin problemas, y a la postre las grandes estrellas están entre otras cosas para eso, para completar con su carisma y buen hacer cualquier grieta que pueda tener el film. Además Peter Boyle (el inolvidable monstruo de El jovencito Frankenstein) se revela como un villano curioso.




Ya os imagináis por dónde va la cosa: si alguna noche no tenéis nada que hacer o ver, preparad palomitas y poneos a ver Atmósfera cero. No cambiará vuestras vidas, pero encontraréis buen y decente entretenimiento espacial.

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