jueves, 29 de agosto de 2019

MAREA - El Azogue (2019): Crítica review


por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos



Mi querido capitán:

En primer lugar, quería pedirle disculpas debido a la larga espera de la epístola que en estos momentos me mantiene ocupado, y que con tantas ganas usted esperaba. Me hago cargo de que son ya varios meses los transcurridos desde el lanzamiento de este nuevo disco, cuya reseña con tanta ansia aguardaba usted, por lo que no puedo sino mostrarle mi pesar por haberme demorado tanto en su elaboración.




Si se me permite, mi capitán, afirmaré que ocho años me parecen demasiados entre disco y disco. Conozco su opinión de que, en esto de la música, los que siempre deben marcar los tiempos no son otros que los latidos del corazón. Créame que comparto sus razonamientos, pero no me negará usted que no tenía ganas de escuchar canciones nuevas después de casi una década. No falta aquel que se empeña en pregonar la muerte del formato elepé a bombo y platillo, añadiendo que los discos, en estos tiempos que corren, son absolutamente prescindibles. Comenté este tema con Gabrielillo unos días ha, y ambos estábamos de acuerdo en que el disco no morirá mientras exista un par de orejas dispuestas a escuchar, reclamando la necesidad de que continúen existiendo, incluso cada ocho años si así lo demandan los grupos. Pero bueno, disculpe por tanta divagación, y vayamos a lo que realmente nos ocupa: Trafalgar El Azogue.




Como conozco de buena tinta su amor por el rock and roll, comenzaremos matando cualquier atisbo de duda: el disco es bueno. La tarea de catalogarlo como mejor que tal o cual se la dejaremos a los críticos, si bien me permito el lujo de codearlo con Besos de Perro, 28000 Puñaladas y Revolcón. Confieso que lo escuché no exento de dudas; eran muchos años y reconozco no haber tenido a la compañera certeza a mi lado. Por fortuna, todo ello voló en mil pedazos al poco de escuchar los primeros compases de En Las Encías. Eran los de siempre, y a la vez, no. Cómo explicarlo… En Mi Hambre Mando Yo fue quizá lo más lejos que han transitado de su senda tradicional que todos conocemos, pero como comentamos en su momento se trataba de un disco empeñado en llevarle la contraria a Maquiavelo: el fin jamás justificó los medios. En este nuevo disco, mi capitán, los defectos y debilidades de aquel LP quedan reducidos al máximo, al tiempo que sus virtudes de siempre nos colman con su presencia de canciones a la altura de las siempre complejas expectativas.




Usted siempre ha hecho un especial hincapié en reconocer, con la dosis apropiada de orgullo, nuestro origen. Exactamente eso mismo se ha encargado el grupo de llevar a cabo en una de las canciones más memorables, si se me permite la expresión, del disco: le hablo de Jindama, y seguramente se conciba como uno de los puntales de esta obra, toda vez que unos cuantos años hayan transcurrido. Puntualizando acerca del tema de los años venidos y los que están por llegar, señalo Pájaros Viejos como un bonito homenaje a los que seguimos teniendo un corazón latiendo en nuestro interior, por nosotros mismos y por los que, físicamente, no se encuentran ya en este mundo carapijo y feliz, como diría quien usted y yo sabemos.

No deseo robarle más minutos de su preciado tiempo, mi capitán, y procedo a despedirme de usted, no sin antes destacarle las maravillosas guitarras de La Noche de Viernes Santo, mucho más digna de una estatua que muchos personajes de cierta corte que usted y yo conocemos, así como la brutal rotundidad que merece el estribillo de Un Hierro Sin Domar, que no admite réplica alguna sin importar el rango del que tenga delante. Debo, no obstante, reconocer que no todos alcanzan ese grado de contundencia, viniéndome a la memoria en estos momentos el ejemplo de El Temblor, que no termina de causar grandes estragos en ese invento, qué duda cabe, que constituye la escala de Richter.

Tras mandarle un afectuoso saludo, me despido finalmente, deseándole que su vida sea un viaje hacia un futuro nada incierto.

Jindama

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