martes, 27 de agosto de 2019

Crítica de FIREFOX, EL ARMA DEFINITIVA (Clint Eastwood, 1982): Reseña


por Möbius el Crononauta



Fue con su segunda novela, Firefox, cuando Craig Thomas, un maestro de escuela, se encontró con un éxito inesperado. Se vendieron millones de copias, y unos pocos años después, en Aspen, mientras Clint Eastwood se encontraba de vacaciones esquiando, un amigo suyo (piloto para más señas) le habló del libro. De regreso a California, Clint se hizo con una copia del libro, que leyó hasta el final con una sonrisa en los labios. La historia tenía potencial taquillero, y lo que era aún mejor, era un tipo de película que nunca había hecho. Firefox, el arma definitiva (Firefox a secas en el original) sería el primer contacto de Clint con las superproducciones de alto coste y efectos especiales.




En su particular estilo, Clint no dejó nada al azar. Se familiarizó con lo último en efectos especiales de la época, calculó un presupuesto, aprendió un poco de ruso para su personaje y encargó los efectos y las batallas aéreas a John Dykstra, que había trabajado junto a George Lucas en La guerra de las galaxias. De paso se hizo con los servicios del compositor Maurice Jarre y dejó la dirección artística a Bruce Surtees, un colaborador habitual de Eastwood y Don Siegel.




Firefox, el arma definitiva se divide claramente en dos partes. La primera, y la mejor, sigue la moda y el estilo de las películas de espías de los 80, es decir, suspense, algo de acción y recelo/odio entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Eastwood es el protagonista, un piloto veterano de Vietnam, ya retirado, que es reclutado para infiltrarse en el país rojo y de paso robar y pilotar el Firefox, el supercaza definitivo que se han inventado los rusos. Dado que por entonces lo de que los yanquis rodaran en Rusia o Moscú aun estaba prohibidillo Eastwood y su equipo se marcharon a rodar a Viena, donde sus viejas calles y su metro logran dar el pego, a menos que uno se conozca bien el metro de Viena o Moscú.




La segunda parte es más banal, y se centra en el Firefox, batallas aéreas y demás. De todas formas el ritmo no decae e Eastwood mantiene el pulso de la película hasta el final, rodando las escenas más comerciales y belicosas con su buen hacer habitual.




Por lo demás, con Eastwood como absoluto protagonista y un reparto donde cabían yanquis, británicos y europeos continentales, destacan secundarios y actores de carácter como Kenneth Colley (impagable tipo que sobrevivió a las furias de Darth Vader), el gran Freddie Jones (las patillas por excelencia del cine entre el 70 y el 85) y hasta un Nigel Hawthorne (La locura del Rey Jorge) deja ver sus barbas por ahí.

Firefox, el arma definitiva es buen cine palomitero mezclado con el cine de espías de la era Reagan. Es un film que entretiene, no engaña en demasía y tiene una coherencia interna. Vamos, la típica película comercial de Eastwood; unan La Casa Rusia con Top Gun y a lo mejor se hacen una idea.

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