ZEPPELIN ROCK: EXTREMODURO - ¿Dónde están mis amigos? (1993): CRÍTICA Review

sábado, 4 de julio de 2026

EXTREMODURO - ¿Dónde están mis amigos? (1993): CRÍTICA Review

 

por Rockología (@RockologiaTwit)
del blog Rockologia


Se había convertido Roberto Iniesta en un personaje reconocido en cualquier lugar del país. Cantante guitarrista, compositor, alma de este grupo, Robe, o "el Robe" (todos le llamábamos casi como si le conociéramos) consiguió lo que muy pocos músicos alcanzan en el rock de aquí: vivir de su música. Y bienvivir, ese del que puede permitirse no girar, no grabar; o hacer lo que le de la gana sin fechas y sin tener que cumplir con las expectativas de una compañía musical. Y lo logró siendo fiel a su estilo, evolucionando a través de los años con un pie en la sucia poesía de su Extremadura natal y el otro en los arreglos y las composiciones cada vez más refinadas. Supongo que el Robe posterior no hubiera existido sin un disco como Agila (1996) y el éxito que alcanzó.


En cierto modo, ese éxito comenzó con en el anterior Deltoya (1992) y maduró definitivamente en ¿Dónde están mis amigos?. Después de tres álbumes rompedores, transgresivos en el propio argot de Extremoduro, parió la mente y la tripa de Iniesta un corolario de melodías y letras agrestes, llenas de poesía y barro, donde cabe una pelea de bar, una declaración desesperada de amor, una confesión drogadicta, un personaje perdido en una cárcel, un camello. En las letras de este tipo entra todo lo sucio que habita entre nuestros pies y nuestra coronilla; también lo más hermoso.



Abre la guitarra de "El duende del parque", una copla muy del estilo que le hizo famoso unos años después, con cambios de ritmo y un sonido bastante limpio en todos los instrumentos, a tope de platillos la batería. La letra parece un autorretrato donde Robe se sitúa aislado en su propio territorio, que identifica con un parque lleno de "flores": "afuera de mi casa tengo flores/sembradas en el campo/como a ellas les gusta estar/enciendo muy temprano los motores/me pongo muy contento si las voy a visitar".  De mis favoritas, "No me calientes que me hundo" juega con los dobles sentidos en una curiosa historia de amor: "ella era una flor del mar/yo, un delfín tras un velero"; buena letra, buena melodía, con un arreglo de saxo a cargo de Selu (Reincidentes) que adorna la canción "con lágrimas en los ojos/con el pene ensangrentado/fue un adiós muy doloroso/pero ya se me ha pasado". En "Sin dios ni amo" narra sus experiencias callejeras, huyendo de la policía, siendo un tránsfuga social, de garito en garito, de fiesta en fiesta desfasada: "ya me deben de quedar/dos neuronas nada más/las desato y son como el perro y el gato". "Pepe Botika" nos descubre a un "honrado traficante" que cuenta sus aventuras dentro y fuera de la cárcel (de la que sale mediante sobornos); "el contrabando era su oficio más brillante". Tiene una interesante guitarra; colabora en las voces Fernando (Reincidentes). "Estoy muy bien" cierra la cara A, con una sencilla y divertida melodía y una buena línea de bajo sobre la que un desesperado ¿enamorado? se dirige a una imaginaria damisela: "Cuando me llama, con su boca, me subleva/cuando se marcha, veo su culo, y me tortura" porque, en el fondo, "me gustaría mucho más que te lavara la cara sólo las mañanas que te diera la gana" y las demás te quedaras en la cama conmigo.



La cara B abre con otro clásico de los directos de Extremoduro. "Bribribliblibli" (en el más sucio rincón de mi negro corazón) es un canto a la desesperación, quizá de la amada, quizá a sus adicciones, a lo largo de una de sus más míticas letras: "me acuerdo de ti/me cago en tus muertos/no puedo dormir/me sueño que has vuelto" para reflexionar "de tanto privar/por poco reviento/sueño con tu piel/me siento mejor" y cierra con "os regalo mis canciones/y me apuntan con el dedo/mira por dónde va el Robe/para mí que ya está pedo". En esta y en la siguiente colaboran Fernano y Selu, de Reincidentes, porque el saxo vuelve a ser protagonista de "Malos pensamientos", junto a una brillante guitarra en uno de los temas más anárquicos del disco. "suda mi piel y lubrifica mis malos pensamientos/ya no puedo caminar recto desde hace tiempo". No se cortaba el tipo a la hora de compartir sus aficiones. Otra guitarra muy característica abre y rasga a lo largo de "Posado en un nenúfar", donde aparece la rana como personaje donde se refleja Robe (aparecerá más adelante en su discografía). Otra de las letras sorprendentes del disco reivindicando la igualdad de oportunidades es lo mejor de "Islero, shirlero o ladrón" "o todos a la vez/o todos o ninguno" porque "necesito trabajar: he aprendido a ser shirlero, ayudando a los demás a quedarse sin dinero". Recordando "yo soy negro/yo gitano/yo no soy de este país/yo nací en una patera y ya llevamos tiempo aquí". En "Historias prohibidas (nos tiramos a joder)" confiesa la parte mala de su forma de vida "a mi padre robé muchos años de tranquilidad/a mi madre dejé mil secretos aún sin confesar"; atraviesa momentos buenos con estos de desesperación: "luego todo acabó y ahora sólo queda el mal humor/.../te vuelvo a llamar, paso un mal rato hasta que vuelvo a olvidar". Y en el cierre con "Los tengo todos" vuelta a confesar la debilidad del que tiene todos los pecados "otra vez quiero más/que la lujuria no es mi único pecado capital/el orgullo y la envidia/la gula, la soberbia, la pereza y la avaricia" desde el parque en el que vive. En esta canción Iñaki "Uoho" Antón mete las guitarras. Su colaboración con Robe ha vendido miles de discos.



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