
Más allá de ponernos a discutir de si el poeta, militar, noble y diplomático español Diego Hurtado de Mendoza (m. 1575) fue el autor del Lazarillo de Tormes, asunto en boga en toda época, nos interesa pergeñar algunos retazos sobre su obra literaria como vate puntero en la España renacentista. Como Boscán y Garcilaso habían hecho previamente, coqueteó este militar y poeta (sí, como Manrique o Garcilaso) con los metros de la poesía italiana. Pero tampoco son de nuestro interés estos emboscados asuntos, al menos en esta circunstancia. Conviene decir, ahora sí, que Hurtado de Mendoza es un adalid de la poesía satírica de aquel tiempo, y más aún revelan sus buenas trazas las incursiones contadas en la poesía erótica. Quizá "La fábula del cangrejo" (en octavas reales, por cierto, en endecasílabos) sea la más conocida; fábula de moral enseñanza algo escasa, pero sí de un didactismo erótico evidente. Sacados los excursos mitológicos, que al caso vienen (todo hay que decirlo) si bien empañan un poco la composición retardando el remate de la trama, la historia es de una brutal y sutil causticidad, pero además nos enseña (pragmáticamente) el método para sacar cangrejos curiosos ocultos en vaginales órganos y esto es de una evidente utilidad. Todo es probar si llega el caso. Es extensa, pero vale la pena llegar hasta el final.