domingo, 5 de febrero de 2017

Crítica de "Hasta el último hombre" (Mel Gibson, 2016): Film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




En estas mismas páginas advertí de lo que se avecinaba con el regreso a la dirección del gran Mel Gibson cuando estrenó su convencional thriller “Blood Father” (Jean-François Richet, 2016).

No era complicado acertar. Mel Gibson no ha hecho película mala, poseedor de un poderío visual tremendo, de puro nervio narrativo, que lo convierten en una imposible mezcla entre Raoul Walsh, Samuel Fuller y Sam Peckinpah.



Aquí nos trae la historia de Desmond Doss, el primer objetor de conciencia condecorado con la Medalla de Honor de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, para dar rienda suelta a todas sus obsesiones habituales.

Porque Doss es un personaje prototípico del cine de Gibson. Un hombre de fuertes creencias y determinación a prueba de bombas, nunca mejor dicho en este caso. Él, como todos los protagonistas de Gibson, emprende un viaje de sufrimiento fiel a sus principios, una dura y violenta travesía de redención y expiación de pecados, oponiéndose a todo y todos hasta conseguir su propósito. Personajes obstinados, al borde de la patología.




Y aquí lo hace sublimando la idea, en la que se anunció como la cinta bélica más violenta de la historia, y aunque la cosa no es para tanto quizá, sí que nos deja las mejores escenas de batalla, más potentes y contundentes, junto a las creadas por Spielberg en “Salvar al soldado Ryan” (1998).

Gibson divide su película en tres partes bien diferenciadas, o dos con una cuña o especie de bisagra en medio. La placentera vida antes de la guerra, el reclutamiento y la batalla. Es decir, la formación, la teoría y la ejecución, porque para Gibson la formación radica en los principios morales, no en el aprendizaje profesional funcional. Para Gibson es la educación moral la que nos forma y define para lo que seremos y haremos.




Así se desarrolla otro de los temas básicos de la filmografía gibsoniana, la religión, lo espiritual, encarnado en ese chico que parece santificado y que interpreta magistralmente Andrew Garfield, transmitiendo toda la vulnerabilidad y determinación de un personaje excepcional. Un trabajo que si le diera el Oscar a nadie le extrañaría.

La película es pura progresión narrativa, y aunque dura dos horas y veinte minutos lo cierto es que se pasan volando, sin darte cuenta. Porque aunque se ha cuestionado la primera parte, que efectivamente puede resultar más convencional, lo cierto es que es necesaria y define con fluidez y acierto las características de ese chico y su familia, donde debo destacar también el poco valorado trabajo de Hugo Weaving, que está magnífico. La bella y encantadora Teresa Palmer también tiene especial protagonismo en esta primera parte.




Es magistral además como Gibson va filtrando la guerra y la idea de alistamiento en este inicio donde muestra la vida sin problemas de Doss. El soldado con el rostro desfigurado, el noticiario sobre los nazis en el cine…

En ese retrato se ha cuestionado el carácter excesivamente bondadoso de Doss, sin aparentes defectos, sin sombras… pero lo cierto es que tiene algunos matices más de los observados, sin mencionar que es coherente con la visión que Gibson quiere dar. A Gibson no le interesa tanto la vertiente humana del personaje, no pretende humanizarlo, como es tendencia en el biopic actual. Apuesta más por la hagiografía, la otra opción más extendida, porque lo que le interesa es su mensaje, su idea, por tanto, convertirlo en icono… Y lo logra, sin lugar a dudas.




Un héroe puramente americano en una visceral reivindicación individualista, algo que adoran allí… y aquí, en el fondo.

La segunda parte, la de instrucción, tiene partes humorísticas para prepararnos antes del infierno, en una distensión muy fordiana, director al que remite en más de una ocasión el australiano. Aquí nos encontraremos con otros dos personajes importantes, los interpretados con solvencia por Vince Vaughn y Sam Worthington.




En la tercera parte es donde Gibson da el do de pecho. La batalla de Okinawa, una de las más cruentas y salvajes de la 2ª Guerra Mundial. Un infierno que en la primera escena de la película es anónimo, casi expresionista, de cuerpos retorciéndose y fuego inmisericorde, de estallidos y disparos, contrastado con palabras religiosas y el rostro del protagonista, definiendo con claridad las ideas del film. Luego, en la antesala del infierno, Gibson nos va preparando con una inteligencia excepcional, introduciendo elementos de advertencia (el relato de los soldados sobre los japoneses, el soldado que vomita…).




Un infierno rodado como un auténtico maestro por Gibson, con un rigor en la continuidad asombrosos (los americanos siempre atacan de izquierda a derecha, los japoneses al contrario, por lo que siempre sabes la situación y en quién se centra), con muertos, heridos, caos, camaradería varonil, sacrificio y una honda emoción que embarga al espectador. Planos asombrosos llenos de vigor y fuerza, con un acertado uso de las cámaras lentas sin abusar y una exposición de las peripecias diáfana.

Siendo como es una cinta antibélica, recurriendo a una contradicción pura, escenificando el horror para denunciarlo, aunque también nos resulta fascinante esa última parte, lo cierto es que más que un alegato antibelicista, Gibson hace una brillante reflexión sobre el heroísmo desde todos los puntos de vista. Además expone con insultante clarividencia desde su concepción filosófica las absurdas contradicciones de la guerra y sus mecanismos.




Gibson no es sutil ni pretende serlo, no busca miradas poéticas ni metafóricas, huye de Malick como de la peste. Esto no significa que renuncie a los símbolos o los planos iconográficos, como la Biblia que le regala Teresa Palmer a Garfield, que parece un protagonista más, o planos tan significativos como ese en el que Doss se adentra en solitario en ese infierno invisible al rescate de heridos, como Orfeo en el Hades…

Otra gran película de Mel Gibson de obligado visionado. Si además te gustan las bélicas disfrutarás como nunca.

Visita el blog CINEMELODIC

2 comentarios:

  1. una gozada de película y de crítica, vaya. Un lujo ver como la describes y hablas de los típicos personajes de Mel Gibson, abrazos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, querido amigo. Un abrazo, Alberto.

      Eliminar