lunes, 13 de febrero de 2017

Crítica de la película Drácula (Tod Browning, Karl Freund, 1931)


por Möbius el Crononauta



Sí, tenía nuevas ideas el hijo del viejo jefe de la Universal para remontar el vuelo del por entonces secundario estudio. Quería realizar películas de calidad, con gran presupuesto, que atrajeran tanto al público como a la crítica. Carl Laemmle Jr. tuvo un primer éxito con Sin novedad en el frente (1930), trabajo que obtuvo el premio de la Academia a la mejor película. Su siguiente paso sería producir una serie de títulos clásicos del terror populares tales como Drácula o Frankenstein. Carl se hizo con los derechos de la obra de Bram Stoker y de su adaptación teatral que por entonces estaba cosechando un gran éxito.




Por lo que se refiere a la elección del reparto y director hay versiones contradictorias. La historia más extendida es que la película sería dirigida por el director Tod Browning y que Lon Chaney (a quien Browning ya había dirigido en varias películas en lo que fue una fructífera colaboración) haría del famoso conde, pero tras fallecer el actor durante la preproducción, se buscó a otros candidatos. Otra versión de la historia afirma que nunca se tuvo intención de fichar a Lon Chaney, quien además tenía un contrato en exclusividad con los estudios MGM, con lo que Chaney nunca habría podido trabajar con la Universal.




Sea de una manera u otra, la decisión final fue tener a Tod Browning tras las cámaras y como conde Drácula se contrató a Bela Lugosi, que ya había interpretado el papel en la mencionada obra teatral. Aunque tal vez hayáis podido leer que Lugosi no sabía inglés y aprendió sus frases fonéticamente, eso no es cierto, o no del todo. Para cuando comenzó el rodaje de Drácula Lugosi llevaba ya diez años en los Estados Unidos, con lo que es presumible creer que ya hablaría más que correctamente el inglés. Otra cosa es que tuviera un marcado acento húngaro.




Bajo la dirección artística de Charles D. Hall se construyeron magníficos decorados para el castillo del conde y para la abadía; duchas construcciones, tan hermosas como caras, se reusaron en varios otros films del estudio. Como era práctica común entonces, esos mismos decorados se usaban por las noches para el rodaje de la versión hispana del film.




La película tenía que haber contado con un presupuesto aún mayor y seguir más fielmente la novela, algo más parecido a lo que muchas décadas después haría Francis Ford Coppola. Pero con los difíciles momentos económicos se creyó mejor adaptar la obra de teatro. Pero incluso esa adaptación se vio sujeta a cambios: se redujo el metraje del film y aún al final se eliminaron escenas que acabaron perjudicando a la continuidad de la historia.




Por ejemplo, el personaje de Lucy desaparece misteriosamente y nada sabemos más de ella, tan solo que ha muerto. Se fusionaron los personajes de Renfield y John Harker de una manera singular, con lo que este último nunca viaja a Transilvania. Otros aspectos quedaron alterados para evitar problemas con la censura. Todos los ataques de Drácula tienen lugar fuera de cámara o quedan ocultados. También se precisó que el conde sólo debía atacar a mujeres para evitar cualquier posible connotación sexual.




Con tanto corte y exigencia Tod Browning, que acostumbraba a ser muy meticuloso, se las vio y deseó para rodar la cinta. El guion, repleto de diálogos, tampoco fue de su agrado. Aun así tuvo su momento de gloria introduciendo armadillos en el castillo de Drácula, una especie de broma suya que al verla en la pantalla da un efecto bastante alucinógeno. También al principio, cuando Drácula y sus mujeres salen de sus ataúdes, podemos ver una especie de cucaracha saliendo de lo que parece ser un miniataúd (?). La falta de medios restó calidad al film, que adolece de algunos fallos que sin embargo no llegan a perjudicar al encanto de la historia y sus personajes. El actor que interpretaba a John Harker, David Manners, estaba convencido de haber participado en una chapuza y nunca vio la película, a pesar de su éxito en taquilla y del estatus clásico que alcanzó Drácula con los años.




La fotografía de la película, por otro lado, es excelente. Oscuridad, sombras, el film es heredero de la escuela alemana de la UFA, gracias al trabajo de operador de Karl Freund, uno de los directores de fotografía más reputados de aquellos años. Como muestra de su trabajo quede la escena en el paso del Borgo.




Una joven Bette Davis fue considerada para el papel de Mina, pero Carl Laemmle Jr. pensó que no tenía suficiente atractivo, así que no participó en el film. Pero, ¡qué demonios!, quienes realmente destacan en este clásico del terror son Bela Lugosi y Dwight Frye. Este último bordó el papel del loco servidor del conde, Renfield, y si tal vez pueda ver controversia sobre quién fue el mejor Drácula, creo que no cabe duda de que nunca habrá otro Renfield como Frye. Ni siquiera todo un Tom Waits podría arrebatarle el puesto, aunque el verdadero talento de Waits esté en otra parte.




Y, por supuesto, hablar de Drácula es hablar de Bela Lugosi. Su carisma y presencia eran únicos, y su oscura voz junto con su acento húngaro y su peculiar forma de pronunciar sus frases hicieron de él una estrella del terror y una gran estrella de su tiempo. Creo que solo él logró aunar la clase de un aristócrata y el entumecimiento de un zombie.




Cuando se estrenó Drácula en 1931 el éxito fue completo, y aunque obviamente hoy en día la cinta no provoque miedo alguno, en aquellos días aterrorizó a las audiencias de todo el país. Tras semejante éxito, la Universal comenzó a producir más películas de terror de entre las cuales surgirían algunos de los mejores films de aquellos años. Fueron realmente cinco años gloriosos para el estudio, aunque tras aquellas obras de arte hubo un gasto exorbitante que casi llevó a los estudios a la ruina. Carl Laemmle Jr. fue obligado a abandonar su puesto y el sueño (¿o sería más correcto decir pesadilla?) de una de las etapas más brillantes de la Universal llegó a su fin. Pero para la posteridad quedaron clásicos del terror como este Drácula.

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