domingo, 5 de febrero de 2017

Crítica de "Gozu" (Takashi Miike, 2003): review


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Hoy os voy a hablar de Gozu, película de Takashi Miike. El argumento de ésta comienza cuando Ozaki, el miembro de un clan yakuza, le dice a un jefe mafioso con el que se ha reunido en un bar que un perro que hay en el exterior –un chihuahua peludo de mierda- está entrenado para matar yakuzas. Antes de decirlo le advierte de que se trata de una broma, pero la solemnidad con que se lo cuenta así como el hecho mismo de hacerlo –parece que se esté pitorreando del jefe, una falta de respeto imperdonable- hace que su comportamiento no sea del agrado del mandamás. Pero lo peor no es eso, no acaba ahí el extraño comportamiento de Ozaki; el tipo sale del bar, coge a perro y lo estampa contra la acera y el escaparate del local. 



Como podéis imaginaros le encargan a Minami –protegido y fiel servidor de Ozaki- que le elimine. En lugar de ello, asaltado por las dudas y el remordimiento, Minami –involuntariamente, eso sí- pierde a Ozaki. A partir de ese instante -no sólo para evitar que su jefe se enfade más con él- tendrá como único objetivo encontrar al desquiciado y caído en desgracia Ozaki. Para ello aceptará la ayuda de diversos personajes de lo más friki en la búsqueda del hombre al que han ordenado asesinar, alguien que –ahora se da cuenta- supone para él algo más profundo, una especie de hermano mayor o incluso lo que tiene toda la pinta de ser el objeto de su pasión homoerótica. Así es, piltrafillas, Gozu no es ni una película de terror –aunque su subtítulo sea Gran teatro del terror de yakuzas- ni de acción violenta.







Una vez más Miike nos ofrece una cinta friki en la que no ocurre nada de lo que uno esperaría ver y nos cuenta –esta vez- como unos protagonistas de lo más bizarro ayudan a un desorientado delincuente en su búsqueda espiritual. Al parecer, el realizador se planteó la película con una idea en la cabeza. ¿Qué pasaría si David Lynch dirigiera una cinta de yakuzas? La verdad es que no conozco la respuesta, pero ciertamente Gozu es de lo más rarito que he visto del director japonés (y eso que Miike ya es bastante friki normalmente). Ah, y si alguno duda de lo que cuento sobre la inclinación sexual del yakuza sólo tiene que ver la escena en la que Ozaki le pregunta a Minami por su reciente operación de fimosis y le ordena que le muestre el resultado con un “si no me la enseñas, te mato”. ¿Es eso muy masculino, amiguitos? En fin, Gozu es una película para seguidores megafanáticos de Takashi Miike. El resto –entre los que me incluyo- la encontraréis larga, aburrida o simplemente dejaréis de verla a la mitad. Claro que, si lo hacéis, os perderéis la edificante imagen del jefe yakuza metiéndose por el culo un cucharón sopero, el único remedio que –en sus palabras- hace que “se le levante”, una práctica que le conducirá a la muerte en una escena de humor negro que sirve de prólogo a los únicos minutos gore –los cinco últimos- de toda la cinta.

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