domingo, 26 de mayo de 2019

Crítica de la película "36 pasos" (Adrián García Bogliano, 2006): Reseña


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)



La película argentina 36 pasos es una especie de inclasificable e interesante cinta de terror gore, surrealista con toques de humor negro. Debo confesaros que esta nueva obra de Adrián García Bogliano –el mismo de No moriré sola, una cinta que en su día la vi tan poco original y parecida a I spit on your grave o similares que su visión me resultó decepcionante- que valió la pena, piltrafillas.





Empieza 36 pasos con una escena que aparentemente no tiene nada que ver con el argumento que cualquier sinopsis consultada me ha avanzado pero cuyo cruento final nos introduce en ese pequeño universo turbador y opresivo en el que sabemos que algo va mal pero no la razón de ello, un universo en el que unas jóvenes rubias en biquini retozan y conviven en una gran mansión con jardín, parque de juegos y piscina, una casa en la que deben seguirse a rajatabla una serie de normas –una de las reglas es precisamente fingir que no ocurre nada extraño- cuya transgresión supone castigos crueles y brutales, como no tardaremos en ver cuando aún no llevemos ni media hora de metraje.







Así pues, mientras avanza la historia se nos va mostrando el día a día de esas chicas que están preparando una fiesta de cumpleaños mezclado con flashbacks en los que se nos dan claves del origen de la situación, la vida anterior de las jóvenes y cómo un obeso y degenerado asesino sin escrúpulos las ha ido secuestrando una a una. Pero ¿quién está realmente detrás de todo ello? Poco a poco sabremos que la joven morena que también reside en la casa, se comunica por escrito y a la que las chicas obedecen ciegamente es la hermana pequeña de la agasajada, una antigua compañera de colegio llamada Tamara a la que no recuerdan demasiado y que en palabras de una de las chicas “era una gorda conchuda con ortodoncia, más fea que la mierda”. En fin, amiguitos, sangre, violencia, sufrimiento de guapas adolescentes en biquini, cabezas cortadas, dibujos animados –sí, amiguitos, dibujitos y todo-, torturas, música y una apariencia de obra amateur barata que –en este caso- me ha dado la sensación de que acentúa el tono salvaje y bizarro –en resumen, friki- de la película. Evidentemente, 36 pasos no es la película del siglo de cine argentino, pero en su aparente sencillez radica su valor y su frescura. Por supuesto, recomendada, aunque a los acostumbrados a los giros argumentales no creo que os cueste adivinar la sorpresa final antes de que esta ocurra.

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