martes, 30 de abril de 2019

Crítica de "El perro rabioso" (Akira Kurosawa, 1949): Reseña


por Möbius el Crononauta




Después de la tercera y más extensa huelga en los estudios Toho, lo que significaría el principio del fin del poder de los sindicatos comunistas, Akira Kurosawa había tratado de mantenerse activo mientras se solucionaba el conflicto. Había dirigido una obra de teatro, y durante el cese de actividad había aprovechado para fundar una compañía de producción junto a otros directores. En co-producción con los estudios Daiei Kurosawa se encargó de dirigir el primer film de la recién fundada compañía, Shizukanaru ketto, una adaptación de una obra de teatro que sirvió para poner por primera vez a Toshiro Mifune lejos de los papeles de gángster. Las Fuerzas de Ocupación obligaron a cambiar el oscuro final de la película, y por lo general Kurosawa no quedó demasiado contento con el resultado de la cinta.




Para su siguiente proyecto Kurosawa decidió rodar un film policíaco, situado, una vez más, en el Japón de posguerra. Para elaborar el guión el director juntó fuerzas esta vez con Ryuzo Kikushima, un escritor que se convertiría en un estrecho colaborador en los siguientes veinte años. Kurosawa era un gran fan del género policíaco, y le encantaban las novelas de George Simenon. Con El perro rabioso Kurosawa quería rodar una historia de ese estilo, en la que el espectador sigue paso a paso junto con el investigador las pistas que le llevan finalmente al criminal.




La trama gira alrededor de un Colt que le es sustraído en el autobús al novato detective Murakami (interpretado por Mifune). Tras los créditos iniciales en las que aparece un perro jadeante, Kurosawa nos sumerge directamente en la trama con una voz en off que explica el caso a la par que se suceden las imágenes del robo. La introducción de la película podría recordar a un típico comienzo de Hitchcock si no fuera porque el director japonés no se conforma con presentar la historia de una forma puramente visual. Una vez planteada la simple trama, el resto de la película girará alrededor Murakami y su investigación, a la que se sumará el veterano detective Sato (un estupendo Takashi Shimura que, salvando las muy abismales distancias, logra conformar a una especie de policía tranquilo como si de un Colombo nipón se tratara). La investigación pronto les llevará a una clave que se centra en una bailarina de cabaret, interpretada por la adolescente Keiko Awaji, bailarina en la vida real que debutaba en el cine con esta cinta.




El perro rabioso es un interesante policíaco de Kurosawa, con una primera parte en la que se construye la historia a través de Mifune (todavía no acabado de refinar del todo como intérprete, aunque aquí el actor se muestra más intimista dentro de su particular modo visceral de actuar) y sus sentimientos por la pérdida de su arma y las posibles consecuencias. Durante esta parte el ritmo es pausado, contemplativo a la vez que explicativo, y para meter al espectador en la mente de Murakami Kurosawa no duda en dedicar casi diez minutos de película a seguir al detective (o más bien a sus piernas, que por cierto fueron dobladas en casi todas las escenas por un amigo de Akira, Ishiro Honda) por varios mercados, siguiendo una pista con la que adentrarse en el mercado negro de armas. En la segunda parte del film el ritmo es más ágil, más genuinamente policíaco, mientras el personaje de Shimura prácticamente se convierte en protagonista, sobre todo gracias a la excelente caracterización del actor.




Respecto a El perro rabioso personalmente prefiero otros films de la época o un policíaco posterior de Kurosawa como El infierno del odio, pero la película desde luego es interesante para cualquier fan del director nipón, y especialmente su segunda parte, más genuinamente policíaca, puede interesar a quien desee ver una muestra clásica del género en el cine japonés. Por último, merece la pena echarle un vistazo a El perro rabioso aunque solo sea por Takashi Shimura, un actor que no tenía nada que envidiarle a Mifune como intérprete.

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