domingo, 28 de octubre de 2018

Crítica de la película "La Niebla" (Frank Darabont, 2007): Review


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




La niebla es una película de terror basada en la obra homónima del prolífico Stephen King. Vaya por delante que no he leído la novela, por lo que ignoro el grado de fidelidad de la película al original. Sin embargo, ciñéndome a la cinta, debo deciros que me gustó mucho. Sí, amiguitos. Lo cierto es que, tras leer algunas críticas y ver un par de imágenes sueltas tenía dudas respecto de si era una buena elección escoger esta película para disfrutarla con la familia un viernes por la noche. Mi sospecha era que se trataría de un producto de serie B con efectos especiales de risa.







Pero no fue así. Cierto es que los actores no eran de primera fila. En realidad –dejando a un lado cuatro de ellos que tenía vistos como secundarios de diversas series de televisión- me eran totalmente desconocidos. Aun así, si en ocasiones veo películas mal llamadas de terror que en realidad no dan miedo en absoluto, sino pena o risa dependiendo de mi predisposición a tragarme bodrios en ese momento, debo deciros que La niebla me dio mucho miedo.






Repito que no he leído la novela, por lo que no puedo valorar si ello es mérito de Frank Darabont –el realizador de la película- o de King, pero os vuelvo a decir que me aterró. Lo que sentí ayer noche fue auténtico pavor. Pero no un miedo a las criaturas –arañas y mosquitos gigantes, además de otros engendros-, sino al género humano, a la turba, al miedo en sí mismo que provoca que seres en apariencia civilizados se conviertan en salvajes y que personas inteligentes puedan dejarse manipular tan fácilmente por locos visionarios en los que en una situación normal ni tan solo repararían. No quiero desvelaros nada por si decidís verla, pero uno de los mejores momentos fue cuando a la hija de puta de friki beata le dan su merecido. Por último, os diré que me dejó muy mal cuerpo. Os la recomiendo, amiguitos, pero no os quiero engañar: no acaba nada bien. Es más, acaba de una manera cruda y frustrante. El azar es a veces caprichoso.



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