miércoles, 23 de septiembre de 2015

Rafael Berrio - Paradoja (2015): Crítica del disco Review


por Addison de Witt (@Addisondewitt70)




Todo lo que tiene que llegar llega, y esto que tal vez tenga que ver con el famoso destino, a mí me lo demuestra el hecho de que finalmente he podido sumergirme en el último disco de Rafael Berrio, a pesar de que no parecía existir el momento elegido por la providencia como el adecuado para la zambullida. Muchas semanas escuchando maravillas del trabajo de mi vecino donostiarra, el disco en casa desprecintado y sin colocar en el orden alfabético de la estantería, y por una cosa u otra sin terminar de completar una escucha entera y en condiciones del mismo. Otros Lps han servido de obstáculos a este durante el verano, luego la Aste Nagusia, y con ella las horas libres que se reducían a su mínima expresión al tener que combinar el ajetreo fiestero con el trabajo, y finalmente con la llegada de septiembre, han llegado las buenas nuevas para mis orejas, que han podido cerciorarse de lo cierto y justo que era lo que venían escuchando desde la primavera.


No me cogía de sorpresa que en esta ocasión el artista donostiarra se decantase por la electricidad como soporte sonoro de sus nuevas reflexiones en lugar de las desnudas carencias acústicas que envolvían las coplas de los magníficos: "1971" y "Diarios", ¿cómo me iba a sorprender después de leer y escuchar innumerables reseñas, todas ellas excelentes de este "Paradoja"?




Escuchando a este autor me da la sensación de que lo que nos entrega son reflexiones rodeadas de rock, el truco de magia es que estos pensamientos en voz alta contienen tanta fuerza que, tal vez sin pretenderlo, nos hace partícipes a todos de ellos, no pudiendo evitar que estas nos hagan posicionarnos, compartirlas o simplemente sucumbir ante la irreductible evidencia de situaciones y sensaciones comunes pero, bien de incómodo detenimiento reflexivo o bien de carácter metafísico e intelectual, que nos obliga a adquirir la postura del pensador para detenernos en ellas.

Esta atmósfera de polvorienta y cascarillada electricidad que se asoma a las imágenes sónicas propias del Lou Reed más poético nos dan un bocado en las entrañas gracias al trabajo de indiscutibles profesores como Joseba B. Lenoir y Rafa Rueda en las guitarras, perfectamente acompañados por Fernando Lutxo Neira al bajo y Félix Buff a los parches.




Y en el tracklist diez bocados, todos de interior, tanto espacial como sensorial, desde la instrumental "Paradoja" que marca el sonido del disco como si de un leitmotive wagneriano se tratase, hasta poesías de realidad como "Cambios a mansalva y decadencia", la subyugante "Yo ya me entiendo", o la que finiquita el álbum, "El mundo pende de un hilo".

Lírica urbana de mayor cercanía a la ortodoxia rockera (poco de esto hay en este difícilmente clasificable trabajo) nos encontramos en "Niente mi piace", e "Inanimados" que me parece sobrecogedora, evidente, y que encierra un sinsentido a propósito de nuestra propia existencia.

Es posible que el tema más controvertido e infectado sónicamente sea "Contra la lógica" con presencia de las tesis de Tzara encerradas en sus versos.

Miradas de soslayo hacia atrás con el paso hacia adelante en "Mis ayeres muertos" y "El animal que has sido", y acercamientos post-punk en la sombría: "En lo mórbido".

"Paradoja" es un ejercicio de apropiación de mentes dispuestas a abrirse a un universo entre opresivo y agradable, como un droga que envenena cuerpos y sana conciencias pero sin matar, ni herir, con música, con electricidad y con textos sublimes, uno de esos discos que nunca desaparecerán en la vorágine del tiempo porque cada día aparece algo nuevo en ellos, seguro.

Addison de Witt

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