domingo, 27 de septiembre de 2015

Crítica de la película "Dredd" (Pete Travis, 2012): Review



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



No es la primera vez que Hollywood se fija en el cómic del “Juez Dredd”, creado por John Wagner y Carlos Ezquerra. Ya en 1995, Danny Cannon dirigió a Sylvester Stallone en una primera adaptación que poco tiene que ver con la actual y que recibió más palos que una estera, tanto por la crítica como por los fans del cómic. Con todo, cumplió en taquilla aunque su reputación deja bastante que desear.


Quizá por esto un remake de “El juez Dredd” no era una de las peores opciones en esta orgiástica época de remakes, secuelas y reboots, habida cuenta de la mediocridad de la primera intentona de adaptación.

Mega City 1 es la única ciudad que parece mantenerse a salvo de la radiactividad, una ciudad gigantesca y superpoblada, más de 800 millones de personas, corrompida hasta las entrañas, casi imposible de controlar, que rezuma crimen, violencia y delitos, donde los delincuentes tienen vía libre para campar a sus anchas. Tan solo los “Jueces” se dedican a impartir justicia, un grupo de agentes que son policías, jueces, jurados y verdugos, y que deben conformarse con minimizar dentro de sus posibilidades el caos de una ciudad podrida hasta sus entrañas.




El más destacado de estos jueces es Dredd, el más eficiente y brillante, al que le encargarán evaluar a una joven idealista y con facultades psíquicas que pretende entrar en el cuerpo. En una misión rutinaria acabarán enfrentados a Ma-Ma, la jefa del más poderoso cartel de la ciudad, que los encerrará en el rascacielos que ella domina y encargará a su ejército terminar con ellos.

El director, Pete Travis, habitual de la televisión británica, acierta con el tono de la película, violenta y sin concesiones, sin escatimar en algún elemento gore ni dosis de truculencias, fiel al espíritu del cómic dentro de lo que cabe. Su puesta en escena es correcta y se maneja bien en una cinta de estas características donde no contaban con un presupuesto excesivo.

Pero la mayor virtud viene de sacar partido a la idea de guión de encerrar al héroe y su ayudante en un gigantesco edificio que funcionaría como simbólico microcosmos de la gran urbe. Una ciudad que se nos muestra brillantemente al inicio, fuera del edificio donde transcurrirá el grueso de la narración. Un edificio que es un ejemplo de la totalidad de esa ciudad.




Con ese enclaustramiento se aumenta además la tensión y sensación claustrofóbica, lo que alimenta y mejora la intensidad y el dramatismo, sin perder en carácter alegórico ni metafórico.

Un grueso de gente que vive en el miedo, el miedo a la inseguridad, a la injusticia, a las represalias y al ajuste de cuenta, que les lleva a la neutralidad, la inacción, a mantenerse al margen por sentirse desprotegidos, no por maldad o afinidad con los villanos. Es la opresión del más fuerte, del tirano, en este caso Ma-Ma y su grupo.

Aparte de ese retrato amalgamado en el edificio, tenemos tres códigos morales básicos en ese mundo, personificados en tres personajes, uno de los aspectos más interesantes de la cinta.

El primero lo tenemos con el protagonista, el propio Dredd. Un funcionario ejemplar, disciplinado y estricto, que lleva la ley hasta sus últimas consecuencias, independientemente de la justicia que esa ley manifieste. Un burócrata y un hombre de acción. Un personaje casi robótico que esconde algo en su interior, sensacional sugerencia para los amantes del cómic.




Dredd es casi robótico, un personaje que presenta síntomas de un nihilismo incipiente, una frialdad robótica que la chica, Cassandra, vendría a redimir. Posee un hastío vital y moral, clave de ese nihilismo que se le intuye, una resignación moral reducida al funcionarial y competente cumplimiento de su obligación, que con todo, no está mal para ese mundo…Dredd se va humanizando ligeramente durante la película, cede competencias a la chica, respeta sus decisiones piadosas y, finalmente, la aprueba, aunque objetivamente se supone que estaría suspendida…

Cassandra, por su parte, sería el idealismo, esa luz de esperanza moral que brota entre la basura de esa ciudad. Ella es una revelación para Dredd, que hace tiempo perdió esa ingenuidad, esa pureza y ese idealismo. Ese “querer cambiar las cosas”. Dredd ve en Cassandra lo que debería ser, lo que añora de sí mismo, un referente moral que ansía y respeta, al que agarrarse, por eso finalmente la adoptará, por eso respetará decisiones que toma y que irían contra esa ley con la que es tan escrupuloso.

El tercer personaje de esta terna moral sería uno muy secundario. El juez traidor, corrupto, compañero de Dredd que se enfrenta a él y relata el código moral que le mueve. Ese juez sería el siguiente paso para Dredd, la rendición a un sistema y una ciudad ingobernable, o gobernada por el mal, el crimen y la corrupción. Ese juez ha dejado de resistirse, mientras que Dredd está en un punto neutro, casi nihilista, donde ni siente ni padece, donde le da todo igual, donde simplemente cumple su rutina sin creer en ella. Dredd se resistirá a sucumbir al descubrir a Cassandra y sus valores, que le ayudarán a salir de esa anestesia moral, le proporcionarán un referente que en su fuero interno necesitaba. Cassandra alivia y reactiva el interior de Dredd.




Lena Heady recrea una estupenda villana. Sería el cuarto palo de las personificaciones morales del film. Su Ma-Ma posee una inquietante tranquilidad y suavidad en sus ademanes y habla, lo que la hace temible e imprevisible. Despiadada, fría, cruel y salvaje. Ella es la maldad en estado puro.

Estéticamente la película es correcta. El rasgo distintivo y estilístico más destacable lo tenemos con esas cámaras súper lentas que retratan los efectos de la droga con la que trafica Ma-Ma. Un recurso interesante y que se integra bien, pero al que podría haberse sacado mejor partido, ya que en ocasiones resulta simplemente esteticista.

La puesta en escena para las escenas de acción no es especialmente original ni brillante, pero funciona en ese entorno claustrofóbico al estilo “Jungla de cristal” (John McTiernan, 1988), de una manera eficaz aunque sin genialidades.

Las reflexiones que subyacen y se sugieren son acertadas: el florecer y la necesidad de un referente moral que nos motive, una ilusión en la basura y la podredumbre.

Karl Urban encarna a un Dredd pétreo, robótico, duro, de una pieza, oculto tras su casco, al contrario que el que interpretó Stallone, que sólo se lo ponía de vez en cuando. Olivia Thirlby también cumple con corrección en su papel de Cassandra. Cassandra, acertado nombre de reminiscencias mitológicas evidentes. Cassandra era una vidente que fue condenada a la maldición de ver el futuro para jamás ser creída en sus predicciones.

Es una buena película de acción que mejora con creces la de Stallone y cumple a la perfección su cometido, dejando contentos en líneas generales hasta a los fans del cómic, a los que dedica muchos guiños.

Jorge García

3 comentarios:

  1. Hace poco la vi por televisión y me gustó mucho. Estoy de acuerdo en que se mantiene más fiel al espíritu del cómic y que el resultado final es mucho mejor que el que Cannon nos ofreció con un Stallone tan vanidoso que no aceptó llevar el casco contínuamente.

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  2. También la vi hace poco y me sorprendió gratamente, Piltrafilla. Un acierto de remake.

    Stallone, el guapo jajaja

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  3. Muy buena película, infravalorada para mi gusto nunca supe de ella en los cines, una cruda y violenta pero entretenida película de acción policiaca sin pretensiones, transgresora en mostrarnos sangre, balas y vísceras sin sutilezas pero también en este detalle recae lo interesante de la película, y lo mejor de este tipo de filmes que la acción y suspenso no paran de principio a fin, muy recomendable.

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