domingo, 20 de septiembre de 2015

Crítica de la película "Dios y el Diablo en la Tierra del Sol" (Glauber Rocha, 1964)


por Möbius el Crononauta




Como os lo cuento. Nunca habría imaginado que Brasil fuera capaz de producir algo que no fuera café, futbolistas, carnavales o playas repletas de bundas. Pero muchos vimos lo equivocados que estábamos al ver la estupenda Estación Central de Brasil, y no tardamos en ser noqueados por la maravillosa Ciudad de Dios. Fue a finales de los 90, internacionalmente al menos, cuando el cine brasileño resurgió con fuerza, volviendo al escaparate mundial de los festivales y los premios, tras una larga dictadura en los años 70.


La dictadura vino a suponer el fin de un curioso movimiento (aunque no me guste la relación, un dogma si así lo queréis) llamado Cinema Novo, en el cual un grupo de nuevos directores trataron de buscar un nuevo lenguaje cinematográfico que les permitiera reflejar una realidad inquieta muy alejada de las producciones brasileñas al uso que tan solo se dedicaban a copiar los formatos hollywoodienses y europeos. El Cinema Novo tuvo su apogeo en los años 50 y 60, y su mayor adalid fue el director Glauber Rocha. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol es considerada por muchos como su mejor obra y su película más conocida.




En esta película Rocha hizo uso de una leyenda local para denunciar el presente de su país, un lugar en el que las desigualdades y una suerte de feudalismo seguían campando a sus anchas. Al igual que muchos europeos recurrieron a Shakespeare para denunciar a dictadores y opresores, Rocha decidió rodar un cuento mágico en el que presentar sus inquietudes y fobias. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol es básicamente la historia de Manuel y Rosa, un matrimonio de pobres jornaleros que iniciarán un forzoso éxodo a través de la superstición y el terror cuando Manuel asesina a un terrateniente que trata de engañarle. En su camino Manuel y Rosa encontrarán toda clase de miserias humanas en forma de fanáticos religiosos e iluminados, enfrentándose al mismo tiempo a la brutalidad del sicario Antônio das Mortes, el brazo mortal de las clases altas y la Iglesia.




Desde luego Glauber Rocha, en su intento de buscar un lenguaje propio, no dudó en buscar inspiración en las nuevas olas del cine mundial, desde la Nouvelle Vague y el cine de Luis Buñuel (del que Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene mucho) hasta el cine japonés o el creciente cine independiente norteamericano, westerns incluidos. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene mucho de la sensibilidad iconográfica de alguien como Jodorowsky, aunque con mucho más sentido, tanto literal como cinematográfico. Quizás seguramente fuera el chileno el influido por Rocha; además, tanto en la naturaleza de sus críticas como en su imaginería de caciques y religión, Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene mucho más en común con el cine de Buñuel, aunque desde luego no llega a la altura del español.




Dios y el Diablo en la Tierra del Sol no contiene demasiados diálogos, y su ritmo puede llegar a resultar pesado, resultando algo lento e incosistente en relación a la historia, un punto que quizás alguien como Kurosawa manjera mejor. El film de Rocha desde luego no es una película para ver alegremente sin más. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol es una continua metáfora visual alejada del cine comercial al que estamos habituados. Sin embargo su curiosa mezcla de realidad y poesía puede atraer a los que gusten de poderosos estímulos visuales o a aquellos que busquen influencias de Buñuel o el cine francés. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene un poco de cine de denuncia de Estación Central del Brasil y de la impactante realidad ficcionada de Ciudad de Dios; es inevitable pensar que el moderno cine brasileño sigue estando influido por las obras del Cinema Novo. De todas formas no esperéis encontrar en esta película un cine, digamos, tan convencional como el de los dos films citados. Con todo, la segunda parte de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol mejora gracias a la aparición del fabuloso personaje del Capitán Corisco, una especie de Ze Pequeno de la época que no habría desentonado en cualquier historia de El Corto Maltés.

Así que nada, si queréis decidiros a averiguar en qué consistía eso del Cinema Novo imagino que Dios y el Diablo en la Tierra del Sol sería un buen comienzo, pero desde luego es mucho más 'artie' que Ciudad de Dios, y aunque tiene mucho de buñueliano, qué le vamos a hacer, Buñuel tenía más gracia para estas cosas. Eso sí, Corisco es grande, mi personaje de cine brasileño favorito tras Ze Pequeno. No es que haya visto mucho cine brasileño, pero me resulta imposible no rendirme a su carisma visual tan de Hugo Pratt.

Möbius el Crononauta

2 comentarios:

  1. "Nunca habría imaginado que Brasil fuera capaz de producir algo que no fuera café, futbolistas, carnavales o playas repletas de bundas"

    En fin....

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  2. Yo no me lo tomaría muy literalmente, pero a que llama la atención.

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