miércoles, 9 de septiembre de 2015

Crítica de la película "Con destino a la Luna" (Irving Pichel, 1950)


por Möbius el Crononauta



Con destino a la Luna estaba destinada a ser la primera película de ciencia ficción de una nueva era. El productor George Pal tomó como excusa la novela de Robert Heinlein Rocketship Galileo (quien participó en el film como asesor técnico, desarrollando al tiempo una novela, de la misma forma que hiciera Arthur C. Clarke años después) para desarrollar un guion que contara la historia de un futuro viaje tripulado a la Luna. Como ya comenté al hablar de Cohete K-1. el productor Kurt Neumann aprovechó la enorme campaña publicitaria que George Pal puso al servicio de su proyecto, y el retraso en el rodaje del mismo, para rodar y estrenar en tiempo récord su propio film sobre viajes espaciales. Con destino a la Luna tuvo que conformarse con el segundo puesto en esta particular carrera espacial.




Y es precisamente la carrera espacial con los soviéticos lo que lleva a los personajes de Con destino a la Luna a lanzarse a desarrollar un cohete que sea capaz de llevar a tripulantes humanos a nuestro satélite. Este acto de prospectiva del guion no es el único del film. George Pal se aseguró de que la película fuera lo más fiel posible a la realidad, exceptuando unos cuantas libertades artísticas. Desde la ingravidez al lanzamiento y alunizaje, pasando por el desarrollo del cohete, el esfuerzo común de varias empresas norteamericanas en desarrollar y construir el cohete, los trajes espaciales y demás, Con destino a la Luna trata de forma bastante realista (con todo el realismo que se podía ofrecer siete años antes del lanzamiento del Sputnik) cómo podría ser un futuro viaje espacial a la Luna. De hecho, varias partes de la trama resultarán familiares a los fans de Tintín y su periplo espacial. No me extrañaría que Hergé hubiera echado algún vistazo al film. La conexión con los dibujos no acaba ahí, y en la película aparece un corto de El pájaro loco que sirve para explicar al público en qué consiste eso de ir a la Luna. Dicho corto fue adaptado y usado años después por la NASA con el mismo fin.



De todas formas a parte de unas cuantas dosis de realismo, Con destino a la Luna nos hace vibrar con esos toques simpáticos y locos giros de guión tan característicos de la ciencia ficción cinematográfica que caracterizó el género durante los 50. Por ejemplo, la tripulación, que aunque no cuente con ningún vaquero ganadero como en Cohete K-1, cuenta con un técnico de radio que se apunta en el último minuto a la expedición, como prácticamente todos los demás. Aunque sin duda el mejor momento del film es del despegue. Resulta que el gobierno le niega el permiso a los científicos para que despeguen con su cohete por miedo al qué dirán de los votantes, ya que el motor del cacharro es atómico. Pero ni cortos ni perezosos, los científicos deciden prepararlo todo en unas horas y salir igual. Sí, amigos, lo de cruzar la frontera mejicana se queda en nada al lado de esto. ¡Aquí tenemos todo un cohete despegando clandestinamente! Impagable la escena del policía al que dejan atrás con una orden judicial en la mano, acordándose de la familia de Tsiolkovsky y sus aprendices.




En fin, la verdad es que por lo demás, y salvo que algún otro momento dramático tampoco demasiado realista, Con destino a la Luna es un film bastante logrado, acercándose bastante al aspecto de la Tierra vista desde el espacio y del paisaje lunar, al que uno de los tripulantes describe como una "devastación", como hiciera años después el mismísimo Buzz Aldrin. Con destino a la Luna no es tan descabelladamente entretenida como Cohete K-1, pero merece que se le eche un vistazo, aunque solo sea por su importancia histórica. O por su esperpéntico despegue. Impagable.

Möbius el Crononauta

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