jueves, 24 de septiembre de 2015

Crítica de "El imaginario del Doctor Parnassus" (Terry Gilliam, 2009)


por Möbius el Crononauta




"Don't shoot the messenger". Esta dicen que fue la última frase que grabó Heath Ledger para Terry Gilliam, y para el cine. Y no sé si la anécdota será cierta, pero cuentan que un sorprendido y divertido Gilliam vio cómo unos meses después de la muerte de Ledger uno de sus reemplazos, Johnny Depp, le preguntaba al director si le parecería bien meter esa improvisación en una escena, desconociendo que ya Ledger la había grabado en escenas anteriores. No sé si ocurrió así o no, pero con lo que le gustan estas cosas a Gilliam, seguro que estuvo atento por si salía algún guión flotando o algo parecido. En parte, ésa es la magia, y lo paranormal del cine. En especial, del cine de Terry Gilliam.



Supongo que sería engañoso decir que El imaginario del Doctor Parnaso es el mejor film de Gilliam desde Miedo y asco en Las Vegas. Engañoso porque no he visto Tideland aún, y porque entre ésta y el film bonzo sólo hubo otra, la irregular El secreto de los hermanos Grimm. Pero en fin, al menos Gilliam ha vuelto por sus fueros, superando (momentáneamente imagino, porque Gilliam y dificultades son sinónimos) el bache de rodajes inacabados y films demasiado comerciales y poco personales con una maravillosa creación visual cien por cien Gilliam. Supongo que hasta cierto punto la muerte de Ledger a mitad de rodaje sirvió para que esta película recibiera más atención de lo habitual, y el esfuerzo y colaboración de tres estrellas hicieron posible el resto. Milagro, magia, o quizás simplemente un reflejo en el espejo distorsionado de Hollywood. Pero El imaginario del Doctor Parnaso finalmente vio la luz, y yo no podría alegrarme más por ello.



Como decía, la carrera de Gilliam como director siempre ha estado llena de dificultades. Desde el descontrol presupuestario durante el rodaje de Las aventuras del Barón Munchausen hasta la quijotesca pesadilla en que se convirtió el intento de Gilliam de plasmar su propia versión del mito de Don Quijote. Habrá un segundo intento, pero desde luego el norteamericano nunca lo ha tenido fácil, ni se lo ha puesto fácil a los demás. Quizás por todo ello creo que no es difícil encontrar referencias a todo su particular vía crucis en películas como El secreto de los hermanos Grimm y, especialmente, en esta El imaginario del Doctor Parnaso.




La comparación es fácil, quizás demasiado. Pero cómo no ver en el agotado e inmortal Doctor Parnaso un alter ego del propio Gilliam. Cuando el Doctor lleva su particular show ambulante a las puertas de una discoteca y su mundo de imaginación y fantasía se topa de bruces con la realidad de unos jóvenes borrachos y duros de mollera uno enseguida piensa en Gilliam luchando contra los molinos de viento del cine actual, donde parece contar más lo tangible que la magia. Si uno sustituye la discoteca por una multisala, hasta creería ver que Gilliam está criticando a cierto e influyente sector del público cinematográfico actual. Pero quizás eso sea más interpretación mía que otra cosa. Pero vaya, lo cierto es que durante todo el film no cesaba de ver fuegos fatuos con el rostro de Gilliam aquí y allí.




Por suerte para Gilliam, al perderse en mundos fantásticos pudo reanudar el rodaje sin Ledger, llevándonos por los oníricos paisajes de su mente, siempre irreales y desproporcionados, como la propia personalidad del director. Creo que nunca una película de Gilliam se acercó visualmente a sus célebres montajes animados para los Monty Python. Y desde luego la escena coral de los policías no podría ser más 'montypythoniana'. En resumen, lo que podemos ver en El imaginario del Doctor Parnaso no es nada que no hayamos visto ya antes a lo largo de su filmografía. No quisiera pecar de categórico, pero quien no disfrute con esta película (que podrá ser peor o mejor que otros de sus títulos) es que realmente no entiende su cine o realmente no le gusta el cine de Gilliam.

Además, El imaginario del Doctor Parnaso cuenta con uno de los mejores elencos que haya podido tener Gilliam. Comenzando, por supuesto, con Heath Ledger. Ya sé que parece estar de moda ponerle siempre bien, pero tras esta película y El caballero oscuro desde luego no puedo sino pensar que era un actor con mucho potencial, y que desde luego tenía mucho de interesante. Tal vez se habría echado a perder en seguida, pero vaya, tipos como Colin Farrell hay muchos, pero gente con esos extraños giros y toques de Ledger no hay tantos. pero bueno, hay que reconocerle a Farrell, a Jude Law (un tipo que me parece buen actor pero que parece que casi nunca se esfuerce en serlo realmente) y a Johnny Depp que retomaran el papel de Heath, dando una curiosa continuidad a la historia. Y vaya, realmente sí que parece (o al menos me dio esa impresión) que Ledger estuviera en cierto modo presente en los gestos y manierismos de sus sustitutos.



Aplauso también para Christopher Plummer, un hombre que siempre fue un buen actor pero que ha ganado en carisma y prestancia con los años. Su Doctor Parnaso es ciertamente estupendo, y en su sobriedad británica me parece difícilmente superable. Y, vaya, si alguien tenía que encarnar al Diablo, ¿quién mejor que Tom Waits? Ojalá se pasara por los films de Gilliam más a menudo. Aquí su papel tiene más peso que nunca, y el mefistofélico ser que es Tom Waits lo borda sin esfuerzo algo, siendo prácticamente él mismo, teniendo en cuenta que Tom siempre parece estar actuando en todo lo que hace o dice. Y nombremos a Andrew Garfield. Bien, nombrado está.




Y si me lo permiten, punto y aparte para Lily Cole. ¿Buena actriz? Sí. O no. En realidad no lo sé. Pero que me aspen si no hacía tiempo que una actriz me dejaba con tantos pajarillos en la cabeza. No sé si exageraré al decir que Gilliam nos ha traído a una nueva Uma Thurman, pero ambas tienen esa especie de divina voluptuosidad venusiana, concha aparte (hola Argentina). Deliciosa, esplendorosa y superduble, y pelirroja como el sol poniente, Lily Cole está simplemente preciosa. Aún, cuando cierro los ojos muy fuerte, no veo chiribitas, veo sujetadores morados. A ver si le caen unas peligrosas amistades en su carrera y vemos qué pasa.




Vaya, Gilliam ha vuelto como quería que regresara: a lo grande (grande en su caso siempre será rebosante y desmesurado) y trayéndonos de nuevo su particular realismo mágico, esos mundos que están en éste, y que ya vimos con su Munchausen, su rey pescador y demás. Sólo por eso, y por esa singularidad que representa su cine hoy en día (me remito de nuevo a la dualidad Parnaso/Gilliam), en medio de tanto blockbuster fabricado cual Ford-T, hay que celebrar y estar atento a cada movimiento de este particular Doctor que es Terry Gilliam.

Ah, y atención al megatemplo budista. Muy David Griffith. Y, oigan, Verne Troyer da para más que para hacer de Miniyo. Y Dios tenga en su gloria a Lily Cole.

Möbius el Crononauta

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