domingo, 19 de abril de 2015

Microrrelatos - Cosas en los bolsillos (76): El tonto estulto ataca y vence a la postre



El tonto estulto ataca y vence a la postre

TENGO comprobado (para algo tendrán que valer los años) que ciertos individuos atesoran una facilidad inusitada para, con la edad, convertirse sin solución de retorno en auténticos tontos del culo. El tonto del culo o del haba (popularmente, estulto) es un ser fastidioso, enfadadizo, rencoroso que, a fuerza de insistir en la torpeza de comportarse como un indeseable (como aquel camello famoso de Cortázar), se queda sin amigos, y apenas encuentra los sábados por la noche, en su aceptada vida de huraño insular, a algún borracho también idiotizado con quien pegar la hebra y encontrar soluciones para salir de la crisis mundial (por ejemplo), convirtiéndose, por un chispazo de lucidez cósmica, en político o filósofo de alto copete, actuando tales facetas nocturnas como vasos comunicantes en todo momento. Es este tipo de tonto universal ni más ni menos que una mosca cojonera. Es el que saca punta a todo lo que dicen los demás. Es el que derrocha odio a manos llenas. Cuentan de estos tontos que casi todas las mañanas se levantan enfadados con la excusa de que comienza un nuevo día (con el que no están de acuerdo). A veces, se han dado casos de algunos de éstos que se enfadan consigo mismos y el mismo tonto puede llegar a amenazarse de muerte e intentar dar fin a su vida con una barra de pan del día anterior, un chupa chups de Kojak o una jarra sin pitorro heredada de la abuela que, recuerda, tenían sobre el viejo televisor con el culo posado en un pañito hecho de ganchillo.


Parte B:

Pero de tales estambres está hecha nuestra sociedad (o cultura), que incluso el tonto del culo (o estulto, tanto cabe) tiene la posibilidad de salvarse, de triunfar, hasta el punto de convertirse en un héroe épico, si se dan las circunstancias idóneas: una es que le toque la lotería o similar, y otra, no menos desdeñable, es que, como en el caso aquel que todos conocimos, desarrolle la capacidad de tirarse pedos en re menor. Estas cosas elevan al tonto del culo a las más altas cotas de la consideración social. Si encima te pasean por los platós televisivos en horario de máxima audiencia y, con el tiempo y un poco de esfuerzo y cumplido refinamiento, el tonto consigue ventosear parte de la Primavera de Vivaldi o de la 5ª sinfonía de Beethoven, entonces ya ni hablamos. Eso le pasó a un conocido mío, llamado Miguel y apodado, no sin gran sorna, Strogoff o Diógenes Pop para los más aviesos, que pasó de borrachín de pueblo a patear escenarios-massmedia portando una flauta dulce que alternaba, en una segunda fase, con una zampoña, si bien en sus últimas actuaciones, cuando su éxito daba las últimas boqueadas, se atrevió con una gaita asturiana con payuela de tamaño medio.

ÁCS

2 comentarios:

  1. Hola, Ángel.

    Me he reído mucho con tu relato de hoy. Oye, la ilustración no tiene desperdicio, tampoco.
    Eres grande, mucho.

    Un besazo.

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    1. Pues yo estoy por ponerme a llorar. Estoy perdiendo facultades, reina. Menos mal que mi familia no tiene que comer de estas invenciones de su padre, que si no... Gracias, no obstante, queridísima Tow. Besos zanahóricossssss

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