jueves, 7 de marzo de 2019

Mis 11 discos de canción de autor en la lengua de Federico García Lorca


por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos





Imperfecta como la vida misma, allá va una lista de 11 (sí, muy pocos, lo sé) discos donde la canción es protagonista por encima de todo, o casi todo. Estoy completamente seguro de que os faltarán muchos y quizá hasta os sobren otros tantos, pero esta es mi lista y estos mis discos. Si no os gustan no tengo otros. Allá vamos


• Yo, Mí, Me, Conmigo - Joaquín Sabina: la trayectoria del singular genio de Úbeda ni tan joven ni tan viejo, ni tan puro ni tan ruin, no siempre ha saboreado el éxito en idénticas proporciones. Aunque después de todo, que tire la guitarra el que esté libre de acordes malditos a estas alturas de la canción. Este disco, seguramente con la certeza que la mortalidad permite, el gran olvidado de su carrera, contiene casi en su totalidad las respuestas que nos escondía el viento. Ejerciendo de rompedor de lanzas en honor de lo que ofrece una buena compañía, a estas alturas de la función nos encontramos escenas de despertador (6 de la mañana), de viajes imposibles (Postal De La Habana) o también de momentos engañosamente familiares (Mi Primo El Nano). Todo ello, bien acompañado del siempre recomendable compañero de vida que es el savoir-faire de quien estaba a punto de cumplir dos décadas al servicio de la canción. Casi nada.


• No Me Iré Mañana - Antonio Vega: las mieles del éxito que degustaron los Nacha Pop parecían no tener fecha de caducidad una vez que pudimos escuchar esta brillante colección de canciones. Posteriormente quedó constancia de que la composición de canciones no era el vicio más peligroso con el que tenía que lidiar Antonio en su día a día, pero quedan momentos maravillosos como este primer LP en solitario que nos ayudan a entender mejor por qué estamos hablando de uno de los mayores talentos de la canción de este país. La apuesta por la calle como universidad en Esperando Nada, o la deliciosa melancolía que desprende Tesoros en cada compás son solo algunos ejemplos que lo confirman. De sol, espiga y deseo: Antonio Vega.




• Un Ramito De Violetas - Cecilia: la dulzura hecha canción no se puede ejemplificar de mejor manera que con Cecilia. En un momento (finales de los 60-primeros 70) donde el género masculino acaparaba la plana mayor de la actualidad de manera incluso más sangrante que a día de hoy, Cecilia entrega un ramito de canciones en forma de violetas capaz de contemplar de tú a tú sin reparos a cualquier coetáneo suyo. Apuntando tan alto, como mínimo, como lo hacían los sueños de libertad en un momento en el que dominaba la prohibición, a base de canciones terrenales como Sevilla u homenajes que no lo eran tanto como Mi Querida España, la música de Cecilia no se concibe para ser escuchada sin la presencia de sentimientos.




• Honestidad Brutal – Andrés Calamaro: cuando la idea del disco como medio de escuchar música parecía agonizar, en un momento álgido sin duda tras un magnífico Alta Suciedad, llegó el momento de sacarse 37 ases de la manga. Poniendo a la calidad y a la cantidad encima del mismo ring, realmente parece complicado encontrar otro ejemplo de este calibre dentro de la música en el idioma de Lorca. Nunca un título fue más acertado: aquí el Salmón nos habla de lo que quiere, y como quiere: desde la aventura amorosa de dudosa legalidad que ofrece Victoria y Soledad, pasando por esa maravilla cimentada sobre cuatro acordes llamada Paloma o el homenaje a sus inicios en los Abuelos De La Nada con esa joya por derecho propio que es Con Abuelo, Andrés nunca estuvo más cerca de la inmortalidad.





• Dedicado A Antonio Machado - Serrat: A la hora de musicar poemas pocos rivales admite el bueno de Serrat, que formó con Ricard Miralles un equipo de los que marcan época. Desde el interior de la carpeta con esas fotos tan representativas, continuando el viaje por la media hora de canciones que componen el disco, no resulta complicado imaginar los campos de Castilla cuando suena Cantares, así como reconocer lo difícil de contener la emoción al escuchar La Saeta. Musicalmente, volvemos a subir muy alto cuando llegamos a ese enorme dúo que forman Del Pasado Efímero, unidas por un cordón umbilical musical que nos regalan unos momentos memorables. La pausa la pone He Andado Muchos Caminos, mientras que el final con Parábola huye de toda trampa o cartón: apunta directamente hacia nuestros corazones. Pura vida.





• Daiquiri Blues - Quique González: ejercicio de los que refuerzan a las que deberían ganar siempre en esto de la música: las canciones. Aquí las etiquetas están prohibidas porque lo único importante es el arte al servicio de lo más grande para un cancionista: su obra. Con la producción y el sonido de garantías que suponen grabar en Nashville, en este disco nos encontramos con momentos memorables que no dudan ni por asomo en declararle la guerra a lo comercial. Canciones como la homónima confirman que nadie mejor que el propio Quique como arreglista de sus canciones, mientras que la incursión jazz de Riesgo y Altura constituye una de sus cumbres compositivas. El dolor se tiñe de madurez en Anoche Estuvo Aquí, ejercicio de realidad con altas dosis de crudeza. Un disco para encumbrar.





• Albanta - Luis Eduardo Aute: Aunque el reciente homenaje en el palacio de los deportes de Madrid maquille un poco mi costumbre de catalogar de infravalorada la carrera de Aute, sigo sin entender los motivos de recordar muchos de sus discos por una sola canción. Este espectacular Albanta no se salva de la quema, con Al Alba acaparando muchas de las miradas y escuchas al evocar recuerdos de este disco. Aunque los ingredientes puedan resultar un tanto extraños a la hora de pensar en este LP como en el de un cantautor (producción del siempre polémico Teddy Bautista, guitarras de Armando De Castro...) Lo cierto es que el resultado es una de las mayores gemas de la trayectoria de Aute. Anda Suelto Satanás es un cañonazo en toda regla que pillará desprevenida a la mayor parte de la población, mientras que cantar Digo Que Soy Libre en un momento (1978) donde España estaba recién salida de una dictadura da lugar a numerosas interpretaciones. Un disco diferente, y a la vez único.




• Tu Labio Superior - Christina Rosenvinge: desde aquellos trabajos grabados junto a los Subterráneos apuntaba grandes maneras, pero con este LP estamos ante una verdadera reinvención con un resultado de los que conllevan sangre en el marcador. Vuelta al castellano, y a ponerle firma a unas canciones que, guiando al pueblo (en este caso, los oyentes), se apuntan a compartir metáfora con el cuadro de Delacroix. Con este disco en tu poder, ya sea en tu plato o móvil dado que la música se concibe para ser escuchada, tu vida tendrá finalmente un destino que perseguir. Maravillas compuestas junto al piano como Alta Tensión llegan para quedarse. Un excelente punto de (re)partida de una de las grandes artistas que nos ha dado la música.




• Cartografía - José Ignacio Lapido: a uno de los poetas más eléctricos de este país no le ha importado tener que lidiar con la creación de su propio sello discográfico. Continuamente relegado a un segundo o tercer plano en beneficio de otros incapaces de igualar su propuesta musicalmente hablando, tanto al mando de la nave de 091 como la de su carrera en solateras ha demostrado con creces un nivel siempre ascendente. El paso del tiempo, la cantidad de discos a sus espaldas o el siempre peligroso riesgo de instalarse cómodamente en el inmovilismo musical nunca han sido rivales para Lapido. Ángulos muertos que rebosan vida entre sus acordes, el espadazo extento de piedad a Nadie Supo Decirme La Verdad o la magia incontenible de la que presume Algo Me Aleja De Ti para cerrar de forma inmejorable el disco son algunos argumentos más que explican, o lo intentan, su grandeza.





• Saba De Terrer - María Del Mar Bonet: Con un carrerón a sus espaldas demostrando no sentir temor alguno por la experimentación, partiendo siempre de un folk con un sello tan propio que en ocasiones asusta, en este disco encontramos una de las propuestas más brillantes de toda su trayectoria. Palabras mayores cuando hablamos de alguien del talento de la mallorquina, que no era precisamente novata en esto de la canción cuando salió este LP. Aunque siempre se la ha valorado mucho más fuera de nuestras fronteras que dentro, discos tan grandes como este deberían ser prueba más que suficiente para demostrar la valía de una artista inimitable. Ahí quedan canciones como Cançó De Coir Figues o El Comte Raixa, abrazadas a lo más alto.




• La Calle Del Olvido - Los Secretos: la melancolía que siempre caracterizó a Enrique Urquijo cobra más fuerza si cabe en este LP. La añoranza de los días de colegio expresada de una manera radicalmente diferente del School Days de Chuck Berry en Qué Solo Estás, la falsa alegría de Soy Como Dos o, cómo no, el desamor que golpea sin piedad en el tema homónimo convierten este en un disco especial. Más triste, más crudo, más Enrique. Un precioso ejercicio de fragilidad musical hecha canción, cortesía de uno de los nombres propios esenciales de nuestra música.



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