viernes, 1 de marzo de 2019

Crítica de "El maquinista" (Brad Anderson, 2004): Review


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)





Permitidme, amiguitos, que, al menos por una vez, comience por el final. Sirva esta entrada como recomendación para que veáis rápidamente una genial cinta que yo disfruté allá por 2010. Se trata de El Maquinista, un thriller de suspense psicológico que me encantó. Me gustó la música, me gustó la fotografía –gris, fría, turbia- y me gustó la interpretación, sobre todo la impresionante personalización del atormentado Trevor que Christian Bale lleva a la pantalla a unos extremos que intuyo incluso peligrosos para la salud. Lo dicho, piltrafillas, una notable película –fue seleccionada para los festivales de Berlin y Sundance- que se desarrolla en una atmósfera de pesadilla.






La historia –que evidentemente tiene trampa y no se desvela hasta el final- nos cuenta como Trevor, maquinista en una fábrica que lleva un año sin dormir, provoca de manera involuntaria el accidente de Miller, un compañero de trabajo. Cuando explica que se ha distraído mirando a otro operario, la dirección le dice que ese hombre no existe. A la vez que Trevor comienza a tener lo que parecen visiones extrañas –incluidos unos post-it que aparecen en su nevera invitándole a jugar al ahorcado- comienza a sospechar que sus compañeros de trabajo se han confabulado contra él para echarle de la fábrica como represalia por haber causado el accidente que le costó su brazo a Miller.






La película –con director, guionista y actores principales norteamericanos- es en realidad española y se rodó en los alrededores de Barcelona. Los que seáis de aquí reconoceréis el aeropuerto de El Prat y las chimeneas de la central térmica de Sant Adrià, la pretendida fábrica en la que trabaja nuestro protagonista.

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