domingo, 24 de febrero de 2019

Crítica de "Ha nacido una estrella" (Bradley Cooper, 2018): Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



La mejor versión es la de 1954, de George Cukor, que será difícil de superar, pero es justo reconocer que se le ha sacado buen partido a una historia que, por otro lado, es excelente. No ya porque haya temas estupendos, sino porque Bradley Cooper logra una gran complicidad entre Lady Gaga y él mismo en su vertiente actoral, además de conseguir que su relación nos importe. Merecidamente elogiada, si bien la cosa ya se nos repite un poco…




Es una de las destacadas y una de las favoritas para los principales premios de este año, lo cual es un tanto desolador que ocurra con una cinta que es la cuarta versión de la misma historia (Wellman en el 37, Cukor en el 54 y Frank Pierson en el 76).

Este debut de Bradley Cooper tras la cámara, tras hablarse de que estaría dirigida por Eastwood y protagonizada por Beyoncé, sigue de inicio a la versión del 76 al circunscribirse en el mundo de la música.

Lo que sí tiene “Ha nacido una estrella” es dos o tres de los más bellos y emotivos momentos de este año en la gran pantalla.

Es evidente que “Ha nacido una estrella” es una historia extraordinaria, emotiva, conmovedora, desgarradora, desde su primera versión en 1937, pero conseguir que siga emocionando en cada versión en determinados momentos, es virtud de esa nueva versión. Es la demostración de que este tremendo drama se ha desarrollado con un mínimo de acierto cuanto menos, lo que no es poco.




-El arrepentimiento de Jackson (Bradley Cooper) rompiéndose ante su mujer en la clínica de rehabilitación tras haber tocado fondo, tras haberla dejado en ridículo en la entrega de premios delante de todo el mundo. Algo que toca muy hondo. Es puro amor. Un arrepentimiento sincero y un perdón sincero.

-Cuando Cooper se sincera con su hermano, descodificando y resolviendo ese conflicto que tenían, explicándole al salir de un coche a quién admiraba de verdad. Una escena realmente bien resuelta con el llanto íntimo e incontenible de Sam Elliott. Es complicado no emocionarse también. Ese contraplano final de Elliott con ojos llorosos se clava en el alma. Escueto, sobrio, en pocas palabras.
“Era a ti a quien idolatraba, no a papá”.

Un momento que emociona cuando sabemos de dónde venimos, en ese conflicto fraternal, de dolores pasados con un padre borracho del que Jackson cogió malos hábitos, del que su hermano trató de protegerle, hermano de talento frustrado, donde situar el origen de sus adicciones. Dolores e idealizaciones a la postre inspiradoras.

-Y ese final, ese bello clímax musical rematado en la intimidad por ambos, comunión amorosa que pudo ser redentora. Que pudo ser…

Es esa canción que escribe Jackson y que descubre Ally, mostrándosela en su visita a la clínica de desintoxicación. Esa canción...

Grandes y distintas declaraciones de amor que curan el dolor… o no del todo, que lo alivian en cierta medida, en ese momento al menos…




Tres llantos hermosos, dos de ellos en reacciones a palabras o canciones de otro. Una película sobre el puro amor… y esos otros dolores que nos destrozan.

Esos puntos álgidos emocionales se logran cuando se ha conseguido que los personajes, sus defectos, virtudes, conflictos e historias te importen.

No se puede reprochar a Cooper que se centre más en su propio personaje que en el de ella. Si bien el título hace hincapié en el personaje femenino, sobre todo por el atractivo de la subida hacia la fama, lo cierto es que psicológica y dramáticamente el personaje masculino posiblemente tenga más peso.
Amor y talento.


-Él

Jackson Maine es sencillamente encantador, generoso y honesto. Un talentoso y exitoso músico, con una herida profunda que alivia con alcohol y drogas, que se la agranda aún más. Hay algo realmente genuino en él, transmite esa autenticidad descarnada, sensible, vulnerable. Esos problemas auditivos, sin retorno posible, lo atormentan, lo atenazan, lo amenazan. Su vida es su música y se le cercenan los indispensables medios de su talento. Manifestación simbólica de ese deterioro interior que Ally vendría a redimir.
“Cuando eres famoso, la gente empieza a decir tu nombre completo”.




A él nos lo presentarán en lo más alto, en el escenario, con un frenesí rockero acentuado por la cámara y la iluminación. Un desahogo o pausa entre lingotazos y dosis… hacia el descenso de su infierno personal. Una estrella.

Sus canciones son desgarradas, pesimistas, dolorosas y dolidas. A un futuro que llegará trágicamente, a un infierno pasado y la dificultad de cambiar, de salir de las “viejas costumbres”…

Un alma sensible, destinada a sufrir y que sólo encuentra el consuelo de la música y otras sustancias. Detalles como los cheetos que compra a su chófer son entrañables.
“¡Es un borracho!”

Su tozudez se manifiesta de dos maneras. En sentimientos, esa insistencia para seducir a Ally, mandando al chofer para llevarla a un concierto aunque fuera en horario laboral… Y con los audífonos que parece negarse a utilizar. Una obcecación que parece obedecer a ese sentido autodestructivo y también a la desesperación de lo inevitable, en su problema degenerativo.

Taras que vincula a la infancia y a su padre, con el que convivía en estado etílico constante, ya que él mismo confiesa que ese problema auditivo pudo comenzar cuando era un chico y escuchaba Blues a todo volumen metiendo su cabeza en la vitrola de su padre… Taras físicas que manifiestan su herida emocional.




Un resquebrajamiento paulatino, una degeneración que Jackson ya lleva consigo, pero que se agudiza al comenzar a sentir que ya no es tan necesario, que ya no es tan valorado… siempre ligado a la música. Ve como Ally comienza a volar sola, la nominan y gana un Grammy, y cómo él es relegado y devaluado en su estatus en el homenaje a Roy Orbison en el que iba a participar cantando un tema, debiendo conformarse con tocar la guitarra…

Así se manifiesta en ese plano lejano, en una mañana de borrachera, con rojos insinuados (tras llegar ella de conocer su nominación al Grammy y echarle la bronca), jugando con el perro, donde la cámara se sitúa en la sala de música, encuadrando equipos musicales en primer término, y lo vemos a él al fondo, en otra estancia, escindido, cortado por parte del decorado… como si se quisiera alejar de ello… o se alejara sin más.

Caerá en un pozo en el que termina aislado, algo que potencia su creciente sordera, sordera que lo recluye en sí mismo… Ese encuadre de su rostro en primer plano con los ensayos de ella desenfocados es una buena plasmación visual.

El desastre en la ceremonia de los Grammy es tremebundo. Se pasa mal, ciertamente, por los dos.




Jackson es un ser roto que lucha por recomponerse, como vemos en ese plano surgiendo del agua de una piscina en la clínica de desintoxicación. Lo hará como mejor sabe, dando y recibiendo amor, cobijándose en su arte. Pero es un ser roto que termina convenciéndose de que ha llegado un punto en el que es un lastre.

Por eso marcharse, suicidarse, él lo interpreta como un último acto de amor tras verse incapaz de levantarse tras la visita del productor. Terminando como no logró terminar su padre.

Y es que el camino de ambos es opuesto, uno de caída, otro de subida, encontrándose en el medio. La cuestión es que quizá sin ese encuentro ninguno hubiera completado ese camino hasta el final… Al menos ella, desde luego, no hubiera podido comenzarlo.


-ELLA

Ally (Lady Gaga) es acomplejada e insegura. En contraste con la genuina autenticidad de él, así como con su corrompido ser emocional, Ally utiliza máscaras, fachadas en las que protegerse. Cuando Jackson la conoce va disfrazada, maquillada. Tendrán una conversación ante un espejo, elemento simbólico de la sinceridad y la falsedad, donde él comenzará a eliminar esas capas, quitando sus cejas falsas… Ella manifiesta sus complejos por su nariz, que él tratará de eliminar, indagando y adentrándose en su yo más profundo a través de su mencionada autenticidad.




Una subida hacia la fama resaltada desde el primer plano relacionado con ella, cuando la vemos sacando la basura, desde lo más bajo (la vimos poco antes romper con su pareja en un baño), subiendo una cuesta hacia la cima, por la que rompe a cantar mientras sale el título del film. Un espléndido momento simbólico. Una desconocida.

Jackson descubre a la auténtica Ally viéndola actuar, a la que está detrás del disfraz y el maquillaje. De este modo el arte se manifiesta maravillosamente como la declaración sincera y pura de nuestro auténtico yo. Sus miradas son más que miradas, son descubrimientos. Por eso se emociona él, que es puro sentimiento.

Ella canta “La vie en rose”, un tema irónico teniendo en cuenta lo que hemos visto de su vida hasta ese momento. Desde el primer momento da muestras de un carácter protector, con el policía que se acerca en el bar y al que golpea, con la dependienta de la tienda…

También es tozuda, y más negativa que él. Sus complejos la atenazan y se convence a sí misma de que sus sueños son sólo eso. Negándose su posibilidad. Esto también se plasma en su negativa a acudir al concierto de Jackson, a volver a verlo.

Opuestos destinados a chocar, a encontrarse y fundirse.


-ELLOS

Logra el Cooper director una absoluta complicidad entre los protagonistas, él mismo y Lady Gaga, a través de pequeñas estampas íntimas, cápsulas que los cobijan de cualquier entorno, ya sea en el desierto parking de una tienda, en una fiesta, en un concierto o en una habitación.

Las luces, los neones, los rojos y azules que inundan ciertos momentos en los encuadres, sueñen relacionarse con el frenesí evasivo de la felicidad, casi siempre vinculados al escenario, pero también a las escenas de la boda de la pareja, por ejemplo. Hay un buen juego con la iluminación en el film. Por ejemplo en la brillante elipsis que marca el suicidio de Jackson y esos rojos y azules de las luces policiales que sirven de eco a esos otros rojos vistos anteriormente.




Ejemplo perfecto de esto es la primera actuación de la pareja, bañados por la luz que los parece abrigar, proteger y ocultar de la multitud en una plena intimidad. Es el momento “Shallow”, de la que sorprende la compenetración sin ensayo alguno de un tema que estaba en progreso. Es la fusión definitiva. Él en su salsa en el escenario llevando sus sentimientos, ella rompiendo sus barreras y complejos.

Su cámara se acercará a los rostros para aislarlos del mundo, para cobijar sus sentimientos hacia el otro.

Otro aspecto estilístico interesante son esos planos cortos, escindidos, sobre cuerpos, sin mostrar los rostros para centrarse en objetos: un sombrero, un filete para el perro, una bota, un cinturón mortal… Elementos con los que pretende definir a los personajes, incluso sus sentimientos. Cuando Jackson abandona su sombrero, en la escena de su suicidio, será para ese último acto de despersonalización.

Esa desnudez que los une queda maravillosamente expuesta en algunos decorados. Como ese aparcamiento solitario del supermercado donde él le hace pequeños cuidados en su puño dolorido, porque también es protector. Es el lugar donde ella muestra un poco de su talento, con algunas estrofas, a capela, del tema principal del film, “Shallow”. Un momento precioso.




El éxito de ella, con toda la pompa Pop, parece conducir a un irremediable conflicto, a la tirantez, la desconfianza, al ego, los celos… pero sólo son baches insustanciales respecto a lo que bulle en sus interiores. Él la ayuda, ella se entregará. Él cederá un protagonismo que ella no ambiciona. Y en la música y el escenario tendrán auténticas declaraciones de amor. Éxito y amor.

Desde el mismo inicio de la relación Cooper va integrando y avanzando las dificultades de la misma. Un polvo frustrado por la borrachera de él, pero donde se manifiestan los sentimientos sinceros ante la confesión del hermano explicando el excepcional trato que le ha dispensado a ella, único, y su renovada forma de tocar al estar juntos. Un sexo que finalmente sí tendrá lugar cuando él se despierte, pero donde queda de manifiesto el problema.

Ally sufrirá paulatinos desagravios, en ocasiones involuntarios, seguidos de compensaciones sinceras, muy rimbombantes. Como esa musical petición de matrimonio con un anillo hecho con cuerda de guitarra.




No tardarán en hacerse daño, lanzar ataques desesperados a las inseguridades del otro: la bebida, el padre de él, el talento, la belleza de ella… Un conflicto desde el éxito que los aleja, donde la prepotencia, la frustración y el ego se funden con las inseguridades y los complejos.

Esas heridas generarán otras dudas e inseguridades. ¿Me veía así por la bebida? ¿Empeoró su adicción por estar conmigo? ¿Me querrá ahora que está sobrio? Dudas y culpas por culpa de un pasado.

Finalmente el recuerdo, ese que los hiere pero también los sana, definirá la última parte del film. Es una idea que, en cualquier caso, sobrevuela toda la película, ese pasado vinculador, esos constantes recuerdos al padre de Jackson, ese regreso a las raíces de la casa familiar que genera el conflicto con el hermano… Jackson encenderá el letrero luminoso, en rojo, por supuesto, de “La Vie en Rose”, que como recordarán es el tema con el que se conocieron.

La destinada canción que iban a compartir, “Shallow”, la canción con la que empezó y con la que terminará todo, será interpretada por ella sola mientras él no puede con la vida…

El clímax será emotivo, como comenté. Un tema compuesto en intimidad, sentido y emocionado en su soledad, compartido con todos como homenaje recordatorio…




Imagen o talento.

Es sencillamente un crimen que el talento quede oculto, que no pueda expresarse, nacer o surgir, desarrollarse. ¿Qué lo impide? Hazlo y desarróllalo. Punto. ¿No?

No es tan fácil. Tu talento puede ser reconocido por algunos, escuchado y valorado por unos pocos, pero para llegar a todos son necesarias unas cuantas cosas más. Así está montado, y casi nunca es justo, porque por ese camino muchos quieren su parte de ese, tu talento.

Es ahí donde Jackson no sólo hace de descubridor y amante de Ally, sino de mentor, insistiéndole una y otra vez en la importancia de la autenticidad, de no perder de vista lo que quieres decir, quién eres. Y es un mensaje necesario porque el vehículo que llevará tu talento a todo el mundo, la industria, tiene muchas exigencias, estómagos que llenar e intereses. Sanguijuelas del talento.

Hay una reflexión sobre la autenticidad que sobrevuela todo el film. Ya lo he comentado en cierta medida describiendo al personaje de Jackson, pero en su relación con Ally y el desarrollo de la trama hay más ideas en esta dirección.

La apelación a la autenticidad que le hace Jackson a Ally en la terraza ante un gigantesco cartel publicitario con el rostro de ella, enfatizando y recordando aquellos complejos de su nariz, es un momento excepcional que aglutina toda esta idea.




En todo esto es la figura del productor, al que vemos fugazmente en un concierto, el que hace el papel de Mefistófeles tentador, el que proporcionará todos aquellos deseos y a la vez destruirá una vida que ya estaba resquebrajada. Un tipo que es lo opuesto a Jackson, ya que está vinculado a las apariencias (ese momento con la conversación sobre los calcetines), puro producto. Será su visita a Jackson y sus advertencias las que terminarán con las débiles defensas del músico. Resquebrajará y destruirá con su visita a Jackson los pequeños pilares sobre los que intentaba volver a recomponerse, aniquilando su mermada autoestima.

El padre de Ally, un conductor con ínfulas artísticas, hostigará a sus amigos con historias de juventud donde el talento no se reconoce, su talento concretamente. Injusticias donde no se escucha lo que tienes que decir, sino que sólo se mira la imagen… Por eso Frank Sinatra llegó y él no. Él es Andrew Dice Clay, el mítico Ford Fairlane.

Quizá ahí radiquen ciertos complejos de Ally (de nuevo la influencia paterna), porque el hecho es que Jackson le dirá justo lo contrario…

Cuando Ally se lamente de su nariz, él dejará el tema de la imagen en segundo término, para concienciarla de que el talento sale y se valora por la forma de expresarlo, que así logrará que la escuchen… y verán su nariz de la mejor forma posible. Como él la ve.

De nuevo el arte cambiando la percepción de las cosas, sacando la verdad a relucir, como cuando la vio actuar y cantar “La vie en rose”.

Buena película esta de Cooper, que contaba con una gran historia como soporte. Habrá que ver cómo se desenvuelve el actor en próximos títulos tras la cámara: “Bernstein” (2020) será la siguiente. Sus grandes virtudes radican en sus excelentes temas musicales y el trabajo de ambos protagonistas, que consiguen una gran complicidad.

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