martes, 19 de febrero de 2019

Crítica de "Ciudad muy caliente" (Richard Benjamin, 1984): Review


por Möbius el Crononauta



Después de un largo espacio de tiempo en busca de un hueco para colaborar juntos, los dos actores y grandes amigos Clint Eastwood y Burt Reynolds encontraron por fin el momento para rodar una película juntos. Ambos habían sido dos de los actores más taquilleros de la década de los 70, pero mientras Eastwood todavía era capaz de atraer al público a los cines, la carrera de Reynolds ya había comenzado a decaer.



La premisa del film era rodar una comedia autoparódica en donde la trama casi era lo de menos, lo importante era que cada uno se riera de sus respectivas imágenes de machos y tipos duros. Reynolds explotaba su imagen de actor sexy rodeado de mujeres, mientras que Eastwood se reía de su imagen del tipo duro y silencioso. La idea era que el film fuera dirigido por Blake Edwards, pero con Eastwood y Reynolds ejerciendo de productores y controlando todos los detalles era inevitable que el desencuentro acabara por saltar, y Edwards abandonó a las primeras de cambio. Su sustituto fue el actor metido a director Richard Benjamin, que había demostrado ser un director competente, aunque evidentemente no era Edwards.

La trama era simple. Ambientada en los años de la Ley Seca, Mike Murphy (Reynolds) era un expolicía metido a detective cuyo compañero se mete en un turbio asunto que no tardará en tener que resolver. Para ello deberá resolver sus diferencias con su antiguo compañero de la Policía, el teniente Speer (Eastwood), un tipo duro e impasible, sobretodo si es Murphy quien está en problemas.




La verdad es que la química entre Burt Reynolds y Clint Eastwood es excelente, pero falla lo principal, el guión. La primera escena en el bar promete, pero pronto los pequeños aciertos que se apuntan en esa primera secuencia se diluyen hasta desaparecer. El mayor atractivo de la película es ver a Reynolds e Eastwood riéndose de sí mismos, y contemplar los impagables caretos de Eastwood cada vez que le tiran una bebida. Pero poco más. Al guión le habría hecho falta un Shane Black (el artífice de los geniales primeros 50 minutos de El último boy scout) que llenara la película de frases epatantes e imaginativas, pero por desgracia Blake Edwards no estuvo muy fino en el guión, o su trabajo se perdió al quitarse del proyecto.

Así que si Ciudad muy caliente fuera un álbum de la discografía de un tal Eastwood, diría que es apto "solo para completistas".




Por terminar con un cotilleo, al pobre Burt le rompieron una silla de hierro en la cara filmando una pelea. La silla debería haber estado trucada pero alguien la pifió, y al actor le destrozaron la mandíbula. El rodaje se interrumpió y tras varias operaciones Burt terminó la película como pudo. Al no poder ingerir alimentos el actor tuvo que seguir una estricta dieta de líquidos, lo que le llevó a perder muchísimo peso. No era la mejor época para perder peso drásticamente, y durante meses Burt tuvo que soportar rumores, portadas y acosos de la prensa acerca de su estado de salud, especialmente tras desatarse el caso de Rock Hudson y su enfermedad.

Pobre Burt, es un gran tipo, y habría merecido mejor suerte en su carrera. Menos mal que tras rodar decenas de películas ínfimas le rescataron con Boogie Nights.

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