lunes, 25 de febrero de 2019

Aerosmith - Done With Mirrors (1985): Crítica review


por TheOutlaw76 (@TheOutlaw76)
del blog THE OUTLAW




Por no sé qué extraña razón, siempre me han atraído esos discos de las bandas considerados obras menores. Hablo de grupos consagrados y con una extensa discografía. Son discos del tipo Come Taste The Band de Deep Purple, el Flick Of The Switch de AC/DC o el Born Again de Black Sabbath. Todos ellos, de calidad indiscutible, que hubiesen merecido todo el reconocimiento del mundo pero que, por diferentes motivos, no fueron bien recibidos en su día ni por fans ni crítica. Incluso, en muchos casos, algunas bandas reniegan de ellos condenando un puñado de buenos temas al ostracismo total, sin incluirlos jamás en sus directos.



En el caso de Aerosmith encontramos un par de buenos ejemplos: el Rock In A Hard Place (1982), único disco sin Joe Perry y con Jimmy Crespo como brillante substituto, es el primero que me viene a la cabeza. Aunque curiosamente su siguiente disco, este Done With Mirrors (1985), también entra dentro de la categoría de disco menor…y eso que, a priori, lo tenía todo a favor para triunfar a lo grande: era el primer disco que grababan con la todopoderosa Geffen así que por promoción y medios no había problema y, además, marcaba el regreso de la formación clásica, de nuevo con Joe Perry y Brad Whitford a las guitarras.

Joe Perry abandonó el grupo a finales de los 70s y, a principios de los 80, Brad Withford hizo lo mismo. A pesar de la deserción de ambos guitarras y la espiral de adicciones en las que estaban inmersos lo que quedaba de grupo, Steven Tyler, Tom Hamilton y Joey Kramer consiguieron mantener a flote la nave de Aerosmith. A mediados de 1984 la banda se juntó para dar una serie de conciertos que acabaron en reunión oficial, culminando con el anuncio de este Done With Mirrors a finales de 1985.




El reputado productor Ted Templeman (conocido sobre todo por su trabajo con Van Halen) fue el encargado de producir el disco. Para capturar el sonido salvaje de los directos del grupo Templeman apagaba la luz roja del estudio de grabación mientras la banda tocaba los temas, de este modo nunca sabían cuando los grababan . El truco, a priori efectivo, no hizo más que crispar los nervios de los de Boston. Además la banda tampoco quedó convencida con el sonido final del disco. Joe Perry asegura que la mezcla no es de su agrado y que algunos de sus solos suenan excesivamente bajos.




En cuanto al disco en si, se abre de manera espectacular con Let The Music Do The Talking. Un tema rápido y crudo con unos Aerosmith que suenan rejuvenecidos, compactos y frescos. La canción fue rescatada del proyecto en solitario de Joe Perry actualizada aquí con un sonido más vigoroso y con un texto diferente. Con el siguiente tema, My Fist Your Face, no bajan revoluciones, puro hard rock 70s.

Poco importa que Joe Perry afirme que nunca le ha gustado este disco o que Joey Kramer asegure que la banda nunca acabó de pulir las canciones: Aerosmith suenan aquí como en sus mejores tiempos. Todo está ahí: poderosos riffs rockeros (Gypsy Boots, The Reason A Dog), estribillos con gancho, los inconfundibles gritos de Tyler… She’s On Fire, The Hop y Shela son algunos temas dignos de un buen retorno y que hubiesen merecido mejor destino. Darkness cierra el disco de forma muy elegante con un piano cabaretero de Tyler que es toda una delicia.




El disco, pese a marcar el regreso de Aerosmith, fue un fracaso de ventas. En 1987 publicaron el imprescindible Permanent Vacation que se convirtió en uno de sus discos más vendidos y, para muchos, sí que marcó el verdadero regreso a lo grande del grupo.

Por cierto que la idea de la portada siempre me ha parecido horrible...pero sí, yo también he puesto la dichosa carpeta unas cuantas veces delante del espejo para leer los créditos!!.

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