miércoles, 11 de julio de 2018

Green Day - American Idiot (2004): Crítica del disco review


por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos




Hablar de American Idiot para mí es muy fácil. Como dulce introducción al caos, diré que es uno de mis discos favoritos, el primer disco de rock que escuché entero y todavía hoy, casi quince años desde que salió y alrededor de siete de que lo escuchara por primera vez, me sigue enamorando. Para enfocar un poco mejor la crítica, voy con distintos puntos de vista sobre el disco definitivo de Green Day:




I. Por el bulevar de los sueños rotos

Este (intento de) historia empieza hará ya unos seis años. Por consejo de un amigo escucho el Boulevard of Broken Dreams, y de repente todo encaja. No es la mejor canción de la historia, Lemmy nos libre, pero me engancha. Poco después me pongo el disco entero en internet (yo desconocía por aquel entonces el significado de la palabra vinilo) y en mi cabeza hay un big bang musical. De repente lo entiendo todo. Eso es lo que me gusta, lo veo claro. De acuerdo, todos tenemos un padre o madre que nos dicen que escuchemos a tal y a cual músico, amigos que comparten nuestra misma pasión-locura-enfermedad, llámelo usted como quiera. Yo solo sé que el día que escuché Boulevard Of Broken Dreams decidí que a mí me gustaba el rock and roll y ahora, cientos de conciertos y miles de discos después, cada vez que vuelvo a este álbum lo miro con un cariño enorme y a la vez con el agradecimiento del que sabe reconocer sus inicios: gloriosos años setenta (una de mis décadas favoritas), el punk, rock clásico de la quinta de Kinks, Stones, Beatles, y demás, rock español, que lo tenemos y muy bueno, el heavy... No es un comienzo al uso pero fueron mis inicios. Y no, si no te gusta, no tengo otros. ¡Play!




II. ...The rest of our lives on holiday

Las quintas de American Idiot son adictivas a morir, es energía pura. Una dosis de apenas diez segundos de este tema basta para curar la depresión de cualquier bicho humano. Después llega Jesus Of Suburbia, que es una de las mejores canciones de Green Day, y eso lo saben hasta los chinos de Rusia, como diría aquel viejo profesor. Quién se iba a imaginar esto cuando, diez años antes, sacaban Dookie. Pues es que después suena un cañonazo como Holiday y te dan ganas de eso, de pasarte el resto de tu vida de vacaciones. En la actualidad, eso sí, cantada como "pulverize the Donald Trump towers", y es que los Green Day siempre han sido una banda muy posicionada políticamente. No hasta el nivel de Rage Against The Machine, pero ya me entendéis. Hay momento para la pausa en Boulevard Of Broken Dreams, con una letra más profunda de lo aparente: "mi sombra es la única que camina ya conmigo, a veces me encantaría que alguien me encontrara". Y es que, ¿quién no se ha sentido solo alguna vez?




III. My name is St. Jimmy

Ese pedazo de chute de adrenalina que es St. Jimmy te devuelve a los Green Day de Nimrod y de Kerplunk, de Insomniac y de Dookie, y es que aparte de ser la canción más punk del álbum es un paso más allá en la evolución de Green Day. Otro disfrutable trallazo llega de la mano de She's A Rebel, un corte que derrocha furia por los cuatro costados y que pide un pogo a gritos. Como Letterbomb, una de las más infravaloradas del disco y que siempre ha sido de mis favoritas. Un rock and roll elegante y muy bien ejecutado por ese gran equipo rítmico que forman Tré Cool y Mike Dirnt. Wake Me Up When September Ends pone el toque más melancólico del álbum y probablemente de la carrera del grupo, dedicada a la memoria del padre de Billie Joe, que murió de cáncer cuando él tenía solo diez años.




IV. We're coming home (again)

Pero llega Homecoming, que es otro tema inmortal, mi favorito del grupo y en el que cantan los tres miembros de Green Day, y te pone de buen humor a los pocos segundos de oírlo. Sus más de nueve minutos son una joya, no le sobra nada y es una gozada de escucha. Siempre me ha encantado la parte que canta Tré, y siempre me ha dado mucha rabia que esta canción haya caído en el olvido, empezando por el propio grupo. Para terminar, Whatsername, que con un gran aumento progresivo de decibelios se convierte en una poderosa canción que, una vez más, se vuelve adictiva como el rock and roll. Se levanta la aguja, fin de la historia. Uno de los discos de mi vida. Sobran las palabras. Let’s rock!

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