jueves, 22 de noviembre de 2018

The Kinks Are The Village Green Preservation Society: Crítica - 50 años de un disco inmortal


por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos




Fijamos la fecha en el DeLorean: 22 de noviembre de 1968. Ese estaba destinado a ser el día D para los Kinks, y desde luego fue una fecha dorada para la música en términos generales: no todos los días salen a la venta el Village Green Preservation Society y el disco homónimo de los Beatles. El responsable de Pye Records no nadó en billetes después de tomar la decisión de sacar disco el mismo día que los Fab Four, contra los que los Kinks no podían competir en cuanto a cifras de ventas. Afortunadamente, la grandeza de la música va mucho más allá de la frialdad que desprenden unos simples números de discos vendidos.




Hagamos un alto en el camino para los que se quedaron en You Really Got Me: este LP sería el sexto en la carrera del grupo, pero los Kinks ya existían antes de este disco, y desde luego que no se fosilizaron después: Kink Kontroversy, el tercer LP del grupo, es la primera de sus obras maestras, donde un Ray Davies de 21 años se pregunta Where Have All The Good Times Gone; en Face To Face queda constancia de la importancia de la idea del disco como concepto por encima de la individualidad del single de éxito, y en Something Else su abanico de influencias como compositor comienza a parecer infinito. Las grandes canciones en forma de Sunny Afternoon, Two Sisters, Waterloo Sunset o Rosy Won’t You Please Come Home se sucederán a decenas. Y en eso surge la idea de un álbum conceptual, a partir de un boceto de canción llamado Village Green que Ray ya había concebido dos años antes, en 1966.




“We are the village green preservation society, God save Donald Duck, vaudeville and variety.” Así daba comienzo la obra maestra que tenemos entre manos, con ese guiño a un personaje americano en un disco reivindicando costumbres y forma de vida inglesas. Por supuesto, todo controlado, humor inconfundible marca de la casa de Ray Davies. Con unos pocos acordes, cambio de tono mediante, se lanzaba a la conquista de un mundo que tardó mucho, quizá sigue en el proceso, en entenderle. El siguiente capítulo, Do You Remember Walter, nos traslada a una historia personal donde se produce un encuentro entre dos viejos amigos de la infancia que, incómodos, se encuentran sin saber muy bien qué decir. “Well, people often change, but memories of people can remain”. Una de las canciones donde se nota más la mano de Nicky Hopkins.

De la misma manera que People Take Pictures Of Each Other, Picture Book apunta directamente a esa imperiosa necesidad del ser humano de hacer fotos de absolutamente todo, empeñado en observar la vida tras una cámara fotográfica. “People take pictures of the summer, just in case someone thought they had missed it”. Ray Davies escribió esas letras hace ya más de cincuenta años, cuando Instagram, no digamos Internet, no existían.




También hay sitio para canciones dedicadas a rockers de la mano y acordes de Johnny Thunder, una de las canciones que más belleza rebosan en todo el disco, lo cual ya es decir mucho, al tiempo que se persigue un ideal de libertad que se consigue en Big Sky: “one day, we’ll be free, we won’t care”. Ejerciendo el poder más maravilloso del que pueda presumir una canción, escucharla hoy, 50 años después de su lanzamiento, te sigue transportando a las calles de Muswell Hill al tiempo que se suceden los sueños de libertad. Y de Muswell Hill a la orilla del río en Sitting By The Riverside, otro ejercicio rotundo de belleza hecha canción. “The world’s at my feet, I can close my eyes”. No suena ningún río durante los dos minutos y veinte segundos que dura la canción, pero no supone ningún esfuerzo imaginarse el paisaje con las aguas discurriendo por la ladera. Canciones que hacen soñar, con los acordes mágicos de Ray Davies teñidos por letras doradas que apuntan al alma de quien lo escuche.

La cara B ofrece momentos nuevamente memorables, una vez más apuntando a la añoranza y la nostalgia como sentimientos principales: en Animal Farm Ray Davies “wanna be back there”, en un estribillo con unos arreglos estelares. Village Green es un himno que huye de los delirios de las grandes ciudades, donde Ray echa de menos “the village green, and all the simple people”. A veces menos es más, y las cosas pequeñas suelen ser al final las más grandes. En esa idea continúa profundizando Ray Davies con Starstruck: “you’re a victim of bright city lights”, donde el ritmo de vida de las grandes urbes no sale muy bien parado en otra canción eterna. Pero también hay momentos para reírse de uno mismo: All Of My Friends Were There relata una historia de cuando Ray decidió que era una buena idea tocar borracho delante de un público que incluía a un buen número de amigos suyos. El resultado, catastrófico, no impidió que esa canción, excelente por cierto, que lo reflejara. Otro detalle: cuando Ray canta sobre la prostituta del pueblo, Monica, queda claro que “money can’t buy sweet lovin’ from Monica”. Ray Davies en su máximo esplendor.




El tiempo le ha tratado bien a este disco, aunque el gran público siga asociando a los Kinks casi exclusivamente con You Really Got Me y Lola. La colección de canciones que aparecen en este LP tiene argumentos suficientes para contemplar de tú a tú a cualquier disco de cualquier grupo. Solo necesitan unos oídos que las escuchen y unos corazones donde quedarse, porque una vez que las escuches comenzarán a formar parte de tu vida. Y dicen que hay una canción de los Kinks para cada momento de la vida…


Do You Remember Walter
https://www.youtube.com/watch?v=zOusKPeH7nU

Sitting By The Riverside
https://www.youtube.com/watch?v=80o__1OkB8M



2 comentarios:

  1. Desde luego es un discazo que pasa desapercibido frente a la fama que tienen otros cumpleañeros de la misma quinta como el White de los Beatles. Personalmente prefiero a los Kinks frente a los Beatles, cuestión de gustos.
    Un placer que lo recuperes y que me hayas 'obligado' a escucharlo una vez más en tan magna celebración.
    Salute You!!

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    1. Ojalá todas las obligaciones del día a día fuesen como escuchar este discazo. Yo también soy más de los Kinks que de los Beatles. Salute you too!!

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