viernes, 17 de julio de 2015

Viaje Extremadura-Portugal 2015: Nuestra semanita por lusitanas tierras: Hoy, Mérida (1)



Las Pedroñeras - Mérida

Este año decidimos acercarnos a nuestro vecino país de Portugal. Nunca lo habíamos hecho pese a encontrarse a un paso como quien dice. Para hacer el viaje más reposado, decidimos también hacer dos paradas en Extremadura: a la ida en Mérida, para tripitir en esta augusta ciudad, y a la vuelta en Cáceres. Los chicos no había visitado nunca estos cigüeñeros y belloteros lugares y a nosotros  no nos importó, desde luego, dejarnos caer de nuevo por allí (pese a estas calores que parecen emanar del infierno). Sirva la serie que inicio con este post para poneros algunas fotos y unas pocas palabras como guarnición.




Para llegar hasta Mérida nos cogimos la ruta por Ciudad Real, que era la más corta. Salimos de mañana y antes del mediodía nos instalamos en el Tryp Medea, hotel que nos resultó muy agradable y con una gran piscina muy limpia, que con este calor nos sirvió de lenitivo refrescante a partir de las seis de la tarde, después de pasar un calor de muerte. Después de instalarnos, salimos de ruta. Andando. Cruzamos el puente romano y en un plis nos encontramos en el mogollón del casco histórico.





Empezamos a "apatrullar" la ciudad y nos acercamos hasta el llamado templo de Diana, diosa a la que, curiosamente, nunca estuvo dedicado tal templo, según nos aseguró un amable guía.



Antes de comer decidimos ver el Museo Nacional de Arte Romano, totalmente recomendable, no solo por lo que atesora en su interior, sino por la arquitectura del edificio, que debemos a Moneo.








Tras comer en el restaurante La Bodeguilla (he de decir que muy bien; TripAdvisor funcionó en este caso), continuamos la ruta, con un calor de muerte y las almas derretidas. La piscina esperaba, pero había que cumplir con el cometido impuesto. Éramos cuatro tontos los que andábamos a esas horas por las calles de Mérida, que tenían instalados esos finos tubos que "derraman" agua en polvo, la cual conforme salía por los chuflitos ascendía en forma gaseosa hacia el cielo. Puro espejismo. Así que anduvimos hacia la casa del Mitreo (nos sacamos ese abono para hacer una serie de visitas con el consiguiente ahorro).







Y tras ver la casita susodicha, sus mosaicos, los restos que de ella quedan, arrastramos nuestras piernas hacia el teatro y el anfiteatro, no sin antes descansar durante unos 10 minutos largos en la oficina de información, en donde el aire acondicionado nos dio la vida (literalmente). 

Arcos en que se inspiró Moneo para el museo (es evidente).







Después (y con prisa), dejamos a un lado el arco de Trajano, que vimos desde la distancia que nos aconsejaban nuestras reservas naturales. El calor nos tenía fritos, asados, hervidos y casi consumidos.



Nos refrescamos a la sombra con un granizado que nos supo a ambrosía calidad suprema y entramos a la alcazaba, de la que nos sorprendió gratamente el aljibe, en mitad de la explanada, al que se baja por una larga escalera. Muy recomendable ese descenso y, además, fresquito.


Y así dimos por concluido el primer día por Mérida. Nos quedaban tres cosas realmente atractivas y muy recomendables: el acueducto de los Milagros, el circo romano y la cripta de Santa Eulalia. Pero ahora tocaba refrescarse, cenar y tomar fuerzas para el siguiente día, en el que también visitamos de camino Elvas, ya en Portugal, y nos instalamos en Évora. Tanto Mérida como estas dos ciudades portuguesas son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Os lo cuento en el próximo post.

Ángel Carrasco Sotos

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