jueves, 30 de julio de 2015

Crítica de la película "La jungla de asfalto" (John Huston, 1950)


Möbius el Crononauta




Está visto que en cualquier gran ciudad (para el caso, pongamos cualquier urbe de los USA) hay junglas y sabanas, con su propia fauna, cuyos especímenes se suelen dividir en dos grandes categorías: predadores y presas. En un Kalahari de hierro y cemento conocido como los bajos fondos los ojos vigilan el movimiento de aquellos que buscan su fortuna entre los pastos. Bajo el rugido del tráfico se pueden escuchar, si uno afina el oído, las palabras, peleas, tiros, heridas, besos y muertes que suelen conformar las historias de algo que los franceses dieron en llamar film noir.




En esta historia en particular encontrarán a un genio del robo recién salido de la cárcel con un plan maestro. También verán a un hombre-rata que se gana la vida con las esperanzas de los demás que toman forma de apuesta, y un teniente de la policía corrupto. Observarán también la vida diaria de un tal Dix Handley, un matón cuyo sueño es recuperar la vida de cuidador de caballos que tuvo junto a su padre, y que parece fingir no necesitar a nadie, aunque en el fondo aceptara pasar su vida junto a la frágil Doll. Verán a una esposa enferma que pasa sus días en la cama, y las maquinaciones de su afamado y rico esposo, Alonzo Emmerich. Y a su particular gatita, Angela. Y a otros seres que pueblan una ciudad conocida como La jungla de asfalto.



Tras dejar atrás un hito como El halcón maltés y cumplir como cineasta con su país durante la Segunda Guerra Mundial, John Huston regresó a lo grande al cine convencional con El tesoro de Sierra Madre, al que siguió poco después otra de las mejores películas de la década de los 40, Cayo Largo. Sin embargo tras otras película llegó un difícil divorcio que dejó al director en un estado financiero deplorable. Esa situación desesperada le llevó a firmar un aparentemente jugoso contrato (luego demostró no serlo tanto) con la MGM que alivió su situación y le llevó al proyecto de Quo Vadis, que a principios de los 50 fue pospuesto, con lo que Huston, que no lo veía claro, se desentendió del mismo. Fue así como llegó al proyecto de adaptar el libro del escritor W. R. Burnett The Asphalt Jungle. Sin dejar de consultar a Burnett, el propio Huston y su colega Ben Maddow se encargaron del guión.




Con La jungla de asfalto Huston no sólo demostró una vez más que era uno de los mejores directores de su época, sino que sentó otro precedente para el nuevo cine negro que iba a rodarse durante los 50 (ahí está ese Atraco perfecto de Stanley Kubrick), y me atrevería decir que las reminiscencias de este trabajo de Huston se alargan alcanzaron incluso a Reservoir Dogs, aunque fuera por la via asiática. Excelentemente fotografiada por Harold Rosson, La jungla de asfalto es un retrato en escorzo de un crimen perfecto, con potentes primeros planos difíciles de olvidar, un ritmo preciso para una historia precisa y concisa y un reparto actoral de gran tonelaje.



El gran protagonista es el perdedor Handley, interpretado por uno de los mejores tipos duros de la época, Sterling Hayden, a quien la cámara convierte en algunos momentos en una escultura griega de un matón de los bajos fondos. Sam Jaffe, amigo de Huston, quedó perfecto como el "doctor" Riedenschneider, al igual que el aristocrático Louis Calhern interpretando al rico abogado Emmerich. Y por supuesto imposible olvidar esa imagen de la divina Marilyn Monroe tumbada en el sofá en lo que su primera gran oportunidad otorgada por un Huston que ya quiso tenerla para su anterior film, Éramos desconocidos.


Cuando citamos La jungla de asfalto estamos citando una de las mejores películas de uno de los mejores directores de todos los tiempos. Aunque en este caso quizás tenga más peso la balanza actoral, todo el conjunto es tan magnífico que le hace a uno plantearse si el Hollywood de aquella época no sería una base alienígena.

Möbius el Crononauta

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