jueves, 23 de julio de 2015

Crítica de la película "Asesinato" (Alfred Hitchcock, 1930)


Möbius el Crononauta


En mitad de la noche un vecindario compuesto por casas de alquiler y albergues donde se hospedan varios de los actores y actrices que trabajan en un teatro cercano ve interrumpido su sueño por golpes y gritos. Todos se asoman a la ventana para protestar o curiosear. Una pareja logra atisbar la figura de un policía que dobla la esquina. Pronto corre la noticia: una de las actrices de la obra ha sido asesinada. A su lado, inmóvil, permanece una compañera y examiga, junto a una botella de coñac vacía. Todos sabían que se odiaban. La justicia la señala como la culpable del homicidio. Pero un prestigioso actor y autor llamado Sir John, que forma parte del jurado, está convencido de que la chica es inocente. No tardará en comenzar sus propias investigaciones.



Asesinato es una curiosa película de Alfred Hitchcock, y su curiosidad reside en la trama arquetípica de whodunit que desarrolla. El director siempre se mostró reacio a las historias policíacas clásicas, ya que consideraba que el suspense tan solo se producía al final. Por tanto, el director británico se apartó del típico género británico, más interesado en otro tipo de tramas. Esta es una excepción.




Asesinato constituía el tercer film sonoro de Hitchcock. Estaba basada en una comedia ligera, aunque en el film apenas quede rastro de humor, salvo unas cuantas escenas (especialmente en la primera mitad de la película) con humor distendido típico de las obras del director. En realidad, la trama de whodunit simplemente sirvió como excusa a Hitchcock para continuar realizando experimentos visuales y para desarrollar una historia de homosexualidad que vista hoy en día sorprende por su falta de ambigüedad.




En realidad Asesinato fue en ciertos aspectos bastante innovadora. Primero, la ya mencionada referencia sexual a través de uno de los personajes, un actor que tiende a travestirse en sus trabajos e interpretaciones. Segundo, unos diálogos que en ciertos momentos iban más allá de la propia trama para ahondar en disquisiciones sobre el teatro y la profesión de actor. Tercero, una película que tomaba referencias y (sobre todo, en una escena clave de gran suspense) se fusionaba con el Hamlet de Shakespeare. Y cuarto, innovaciones por parte del propio Hitchcock, como experimentos con la improvisación y la introducción del recurso del monólogo interior en un film.




No todo resultó a gusto del director. Las improvisaciones demostraron ser demasiado incoherentes, cuando no retrasaban la acción del film, convenciendo a Hitch de que era mejor no dejar nada al azar. La escena del monólogo interior de Sir John frente al espejo resultó ser todo un desafío en una época en que la técnica del sonoro todavía estaba en pañales. Al no poder ser introducido a posteriori en la banda sonora, los diálogos pregrabados fueron reproducidos en vivo en el plató mientras una orquesta tocaba la obertura de Tristan e Isolda tras los decorados.




Otra peculiar escena de la película es aquella en que Sir John se ve enfrentando a los otros miembros del jurado en una secuencia que sirve como separador a las dos partes de la película: el asesinato y la investigación policial y el comienzo del juicio, y la investigación de Sir John. En dicha secuencia, que recuerda a Doce hombres sin piedad, Hitchcock jugó con el montaje con algunos bastante atrevidos para mostrar la presión que el resto del grupo ejerce sobre el actor. Los restantes miembros del jurado que creen a la actriz culpable irán reuniéndose frente a Sir John hasta conformar una especie de coro griego que apremia al actor para que decida su veredicto.




Sin embargo, salvo algunas escenas aisladas, Asesinato no deja de ser otro paso más en la formación de Hitchcock como director. Vista hoy en día la trama principal no deja de ser algo banal y simple, y las distintas subtramas llaman más la atención por su particularidad que por su interés. Aun así cualquier fan del director disfrutará con unas cuantas secuencias que muestran la rápida progresión de Hitchcock como cineasta y su corta transición de adaptación al cine mudo. En apenas cuatro años el maestro del suspense rodaría sus mejores trabajos de su etapa inglesa.

©Möbius el Crononauta

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