
Hace seis años el álbum The new abnormal (2020) fue bastante bien recibido tanto por crítica como por el público. De hecho, curiosamente, generaciones jóvenes pudieron enganchar con aquellas canciones lo anterior, debido, quizás, al carácter cómodo que el trabajo derrochaba, pero digámoslo: The strokes siempre ha querido ser todo lo contrario. Sin ir muy lejos, han ido al choque en varios momentos de su carrera (a su modo, claro): lo hicieron con First impressions on earth (2006), luego en Comedown machine (2013) y lo han vuelto a hacer en este 2026 mediante este (despreciado) Reality awaits (nuevamente con Rick Rubin en producción).
Me explico: buenas canciones acá hay, incluso algunas son grandiosas, las cuales no funcionan gracias al auto tune, pero este sí aporta una nota relativamente caótica al sonido, lo cual acaba generando una atmósfera interesante. Un buen ejemplo de lo que escribo es 'Psycho shit', una de esas canciones hechas para abrir un álbum debido a su carácter creciente en intensidad, donde la guitarra de Albert Hammond Jr y batería de Fabrizio Moretti tardan unos minutos para entrar en pleno y conectarse con el relato apocalíptico de un Julian Casablancas rebosante en rabia ("Matas a tu presa desde un nido / Escondido en un escritorio, qué mierda tan psicópata / No tienes honor ni huevos..."), aspecto que el auto tune efectivamente consigue desatar con aún más fuerza. Otra donde le dan con todo al software es en 'Falling out of love', una donde el uso si se podría cuestionar considerando que la canción es una dulzura por lo que el efecto robótico en la voz de Julian (particularmente en los agudos del coro) no necesariamente suman. ¿Será que el vocalista necesita ocultar su desgaste? Puede ser. Ahora, ¿arruina esto la canción? En ningún caso.
Y bueno, el resto del álbum se debatirá entre canciones marca de la casa, pero donde la banda siempre se las arreglará para entregar algún momento musical interesante, como esos guitarrazos llenos de suciedad que meten en 'Dish n' dash' (pasado 2:40) o las dinámicas simpáticas y adictivas tanto de 'Lonely in the future' como 'Going shopping', todas estas canciones ágiles que ayudan a llegar sin problemas a una recta final en donde si aparece el verdadero "pero" de este disco: que no lo han sabido cerrar (o derechamente no tenían con qué). Y es que en los diez minutos finales han decidido concentrar mero relleno, tres canciones bastante flojas que acaban dejando una sensación errónea para un disco que hasta 'Going shopping' funcionaba bastante bien.




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