
No es posible, en ocasiones, obviar la contingencia en el momento de analizar un álbum, y, bueno, este es uno de esos casos. Pioneros en esto del death melódico, los suecos At the gates acabaron por dejar una piedra fundamental en el camino (Slaughter of the soul, 1995) para luego pausar por casi veinte años, regresando en 2014 con el objetivo de reafirmar su legado. Fieles a lo suyo, la banda había entregado tres sólidos álbumes hasta dar a conocer la trágica noticia del cáncer de paladar sufrido por Tomas "Tompa" Lindberg. Y bueno, tras su lamentable muerte a los 52 años de edad en septiembre pasado supimos que el vocalista había alcanzado a plasmar un registro para que el sería el próximo lanzamiento de la banda. Esta colección de canciones funcionan por tanto a modo de epitafio para un músico de aporte invaluable, una especie de Innuendo (el último álbum de Queen), dígase, un disco donde el vocalista entregó lo último de sí antes de someterse a varias intervenciones quirúrgicas de inciertos resultados.
Fuera del elemento emocional (insisto, imposible de dejar de lado al oír cada una de estas canciones), lo que encontramos en The ghost of a future dead es una colección de doce piezas directas breves y efectivas (todas rondan los tres minutos) en donde At the gates insisten sobre colecciones de riffs propias del estilo que ellos mismos supieron tan bien desarrollar décadas atrás. No hay sorpresas por tanto en esta lista que peca de monótona ciertamente (al sexto o séptimo tema te pasa que sientes que estás escuchando siempre el mismo) debido a la velocidad crucero que la banda imprime en canciones como 'The fever mask', 'The dissonant void' o 'A ritual of wasted', siendo breves momentos en 'Det Oerhörda', 'Parisitical hive' o 'The phantom gospel' aquellos que aportan un pequeño matiz al colocar el peso por sobre la velocidad, dejándonos un álbum que en lo suyo ciertamente cumple pero que inevitablemente se valora de mejor forma debido al factor emotivo que implica la partida del emblemático Tompa.
Cuando perdemos a un músico, el duelo es especial. Fuera de lo humano propiamente tal también está el lamentarnos por la música que nunca llegaremos a recibir a causa del deceso. Este es uno de esos casos. The nightmare of being (2021) había sido un disco notable en donde At the gates habían podido dar pasos fuera de la caja. Aquello, sin embargo, ha quedado truncado. The ghost of a future dead por supuesto que está lejos de ser un desastre pero al estar influenciado por el trágico momento, la banda inevitablemente ha acabado por tirar de lo obvio, dejándonos un álbum de peso emocional pero que desde lo musical se encuentra un peldaño abajo respecto a cualquiera de sus antecesores.



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