miércoles, 8 de agosto de 2018

R.E.M. - Accelerate (2008): Crítica del disco (review)



por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos




“Kick it out on the dancefloor like you just don’t care”.

En este mar de montañas rusas de música y emociones en el que desemboca acompasadamente este 2018, me he dado cuenta de que se cumple una década de uno de los discos esenciales de R.E.M., y, por lo tanto, del rock de los últimos cuatrocientos años: Accelerate. El problema, que bien podría alcanzar la relevancia de un asunto de estado de no ser porque en este país las sacudidas rara vez suceden a ritmo de rock and roll, radica en lo siguiente:




Después de un cuarto de siglo sin fisuras musicales, lanzar un disco como Accelerate solo se les podía ocurrir a ellos. Después de navegar por aguas cristalinas en su LP anterior, Around The Sun, aquí afilan las guitarras sin piedad y lo que antes era un lago ahora se transforma en un tsunami que golpea sin piedad, donde cada sacudida te envuelve de acordes con una furia inédita desde los tiempos de Monster, casi quince años atrás. Pero si bien en Monster nos encontrábamos por momentos vagando a la deriva, aquí la guitarra de Peter Buck ejerce de capitana de un barco cuya travesía es una de las más sólidas de toda la discografía del grupo. Y eso, hablando de una banda como R.E.M., constituye toda una declaración de intenciones.




Desde el primer segundo queda claro que el disco es caballo ganador. Living Well Is The Best Revenge, con una letra que rezuma madurez por cada palabra que escupe la garganta de Michael Stipe (It's only when your poison spins into the life you'd hoped to live, that suddenly you wake up in a shaking panic) avanza al ritmo de una guitarra cuyo protagonismo no es menor que el de Clint Eastwood en Gran Torino. Pero por si eso fuera poco, llega Man-Sized Wreath para terminar de incendiar el disco a golpes de un rock and roll con una furia que, en palabras de Michael Stipe, es fácil de plasmar en las canciones cuando el país se tira al váter. Asimilando todavía los decibelios que salen de los altavoces llega el riff de Supernatural Superserious, con ese aroma inmediato a canción grande que solo las buenas desprenden. Con tres revólveres de semejante calibre, existe siempre cierto riesgo de quedarse sin respiración, y en eso llega Hollow Man. No se dejen engañar por las apariencias: lo que comienza como una dulce balada con unos arreglos a la altura de las circunstancias, sube de revoluciones a medida que avanzan los minutos para explotar en bola de fuego, como cantaría aquel.




La canción homónima, pese a ser quizá demasiado previsible, no deja de ser otra gran canción en un disco repleto de ellas. Tiempo habrá para alcanzar la inmortalidad una vez que comienza a sonar Until The Day Is Done. Con una letra engañosamente transparente, transmite una melancolía que huye de lo monótono para conquistar todas las almas que se le pongan por delante, interpretando a la perfección el papel de free-lance como quien rasga en la guitarra el Smoke On The Water. La canción que ejerce de Día D, Mr. Richards, vuelve a confirmar con aplastante solvencia lo fácil que parece sacar canciones de la chistera para los de Athens. Melodías que revolotean sin trampa ni cartón, con los arreglos en sus dosis justas para enamorar a la primera escucha. El hechizo sigue y la furia vuelve para quedarse en un último corte enérgico como el que más: y es que I’m Gonna DJ muestra a unos R.E.M. lanzándose a conquistar una vez más el mundo con seis cuerdas por bandera. Suena mágico, pero se hace realidad cada vez que vuelve a sonar este disco: apenas poco más de media hora para firmar un cheque en blanco a la inmortalidad.

Living Well Is The Best Revenge

Man-Sized Wreath

Until The Day Is Done

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