miércoles, 18 de abril de 2018

Crítica de "Esta tierra es mía" (Jean Renoir, 1943): Review


por Möbius el Crononauta




Fue en 1943. El director francés Jean Renoir, quien por aquel entonces era forzoso exiliado en Hollywood, dirigió un drama situado en la Francia ocupada por los nazis (aunque en el film se sitúa la acción "en algún lugar de Europa", todas las referencias apuntan claramente a Francia), con la pretensión básica de convertirse en un alegato antibélico y, sobre todo, una declaración por la libertad de los hombres de los pueblos.



La trama es simple: un tímido y apocado profesor de escuela (el inigualable Charles Laughton) que vive con su madre y ama en secreto a su compañera profesora se verá envuelto en una trama de sabotajes y represalias, siendo finalmente acusado del asesinato de un importante miembro de la población, a la par que novio de su amada profesora y colaborador de los nazis.




En conjunto, no es una película grandiosa. Por aquel entonces fue otra de tantas películas patrióticas de bajo presupuesto para levantar la moral del pueblo y hacer frente común al enemigo, que, sin embargo, es retratado más humanamente que en otras películas de características similares.

La gran diferencia con otras películas del género, aparte del pequeño toque europeo de Renoir, es la formidable interpretación de Laughton, mucho más comedido que en otras ocasiones, pero sin embargo singularmente efectivo.




La construcción de su personaje, temeroso profesor primero, y valeroso héroe después (¿sutil metáfora del camino de la propia Francia?), es tan sutil como eficiente, hasta su mutación final, tras presenciar el fusilamiento de su jefe y amigo.

Aprovechando la oportunidad que se le brinda al defenderse él mismo, el personaje de Laughton proclama un discurso de los que marcan época, defendiendo la libertad, la necesidad de héroes en tiempos difíciles, la futilidad de cualquier ocupación cuando el pueblo quiere ser libre (¿inspiraría esta película a algún ciudadano iraquí?), y la constatación de que cualquiera de nosotros, en una situación extrema, puede hacer aquello de lo que nunca se creyó capaz.




Resumiendo: como ya he dicho, esta película no es Ciudadano Kane, pero merece la pena que le echéis un vistazo, simplemente por dos razones: para poder admirar una vez más la destreza de Sir Charles Laughton y para escuchar uno de los mejores discursos judiciales de la historia del cine. Por último, simplemente destacar la belleza y buen hacer de Maureen O'Hara y la siempre entrañablemente gruñona Una O'Connor, la Rafaela Aparicio de Hollywood.

Habéis convertido esto en un desierto, y afirmáis que es paz.


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