domingo, 8 de abril de 2018

A vueltas con Cioran: más citas con las que entretener la tarde


Iba a ser el último capítulo (quizá por quitarme ya de encima este apartado que ya se alarga quizá demasiado: pensamientos fugaces que a uno le pasan por la cabeza), pero medito un poco para decirme "para"; no merece Cioran que le "demos el paseíllo" de esta manera... con prisas. Así que he decidido dejar los últimos pensamientos (7 u ocho más) para un último capítulo, que no tardará mucho en llegar (que van a dar a la mar).  Para mí cada uno de estos capítulos es un pequeño regalo que llega en un saquito: vuelvo a releerlos, despacio; mientras saboreo (traguito a traguito) el Torres 15 que enturbia mi copa). 


Más pensamientos de Cioran (seguimos El aciago demiurgo):


La sabiduría disimula nuestras heridas: nos enseña a sangrar a escondidas.

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Todo lo que nos sucede, todo lo que cuenta para nosotros, no tiene ningún interés para otro: a partir de esta evidencia tendríamos que elaborar nuestras reglas de conducta. Un espíritu reflexivo debería borrar de su vocabulario íntimo la palabra acontecimiento.

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Quien no ha muerto joven, merece morir.

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Tofo se embota y se estropea en las personas, salvo la mirada y la voz: sin una y otra, no se podría reconocer a nadie al cabo de algunos años.

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Hacer hincapié en un acto, aunque fuese incalificable, inventarse escrúpulos y atascarse en ellos, demuestra que todavía uno hace caso de sus semejantes, que gusta de torturarse a causa de ellos.

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En el British Museum, ante la momia de una cantante, cuyas uñitas se ven asomar de las vendas, recuerdo haber jurado no decir nunca más: yo...

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No hay más que un signo que testimonie que se ha comprendido todo: llorar sin motivo.

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