viernes, 9 de diciembre de 2016

La Chinga - Freewheelin' (2016): Crítica review



by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Amigos, en los años que llevo comentando vinilos creo que nunca os he hablado de álbumes que no fuesen de los años 70 u 80... hasta hoy. La razón es clara. Hasta los años 90 compré muchos vinilos, pero luego acabé pasándome al cedé. Más tarde, con la llegada de internet, dejé de comprar música en ese soporte, pasándome de nuevo al vinilo aunque –salvo muy pocas excepciones– mucho más centrado en conseguir productos ochenteros de segunda mano para completar mi colección que en adquirir novedades. Sin embargo, pese a tratarse evidentemente de una grabación de este año, lo que este viernes os traigo tiene un aire setentero innegable. Como habéis visto ya, os quiero hablar de los canadienses La Chinga y su segundo elepé, Freewheelin’.  Formados hace cuatro años en Vancouver e influenciados por el hard rock de los 70 en un abanico de gustos variados que van de Led Zeppelin a MC5 pasando por Sabbath, KISS, Hendrix, UFO, AC/DC o los Grand Funk Railroad, publicaron su primer álbum homónimo en menos de un año desde su primer concierto, evento en el que no se llamaban aún La Chinga.


Según cuenta su vocalista, cambiaron de nombre en su segunda actuación después de ver que la gente se refería a ellos con el título de una de sus canciones. Este año han lanzado su segundo disco titulado Freewheelin’, presentándolo en una gira europea que ha pasado por nuestro país y que me ha hecho conocer por casualidad a este grupo. Y pese a que no estoy demasiado metido en el género stoner, la verdad es que La Chinga me atraparon con sus canciones. Rezumaban sonido setentero en cada nota. Pero lejos de ser simples clones sabbathianos cansinos sin nada que aportar subidos al carro del stoner doom y una vuelta a los orígenes con interés comercial, los de Vancouver contagiaban alegría y ganas de tomarse unas cervezas disfrutando de la música. ¿No era eso el rock en sus orígenes? Total, que cuando vi la portada de Jason Cruz con ese Plymouth Duster no me pude resistir y fui directo a la página de la banda para hacerme con su vinilo. 




La Chinga son Jay Solyom a la percusión y coros, Ben Yardley a la guitarra, coros, mandolina, theremin y voz principal en una canción y Carl Spackler, bajo y voz principal. Sobre este particular debo deciros que en algunas páginas consta Chris Reed como cantante y bajista. De hecho, Carl Spackler es el nombre del personaje que interpretaba Bill Murray en la comedia de 1980 Caddyshack –en España se tituló El club de los chalados– y en un artículo de 2015, el portal sobre espectáculos en Vancouver VancityBuzz dice refiriéndose al festival anual Keithmas “Chris Reed from La Chinga has played every year but one”. Así pues ¿es Chris el verdadero nombre del vocalista de la banda? Ni idea, pero sea como sea, oficialmente Carl es su frontman. En fin, ahí lo dejo.

Producido y grabado en el sótano de su casa por Jay Solyom –también he leído que quizás haya dejado la banda, a saber– y con las bases de un par de temas grabados en los Afterlife studios de Vancouver, el track list del álbum –todo un detalle incluir las letras en la contraportada– es:

A 

Gone gypsy 
Mother of all snakeheads 
White witchy black magic 
Stoned grease white lightnin’ 
Faded angel 

B 

Mountain momma 
War cry 
K.I.W. 
Right on 
The dawn of man 




El disco comienza con Gone gypsy, una canción que me parece un frankenstein de diversos grupos, desde AC/DC a Black Crowes –la verdad es que en todo el disco se escuchan ramalazos de blues rock clásico–, un tema superfestivo con un estupendo solo. Gone gypsy, gone gypsy, freewheelin’! Continúa la fiesta Mother of all snakeheads con su hard rock setentero que obliga a dejarse llevar y saltar con otro estupendo trabajo de guitarras de Yardley, que se sale en todo el disco. White witchy black magic es más de lo mismo, un tema que sigue similar línea estilística que sus predecesores aunque no por ello se haga repetitivo. Ya se puede decir a estas alturas que este Freewheelin’ es mucho más fresco, festivo y hard rockero que su primer trabajo. Y Stoned grease white lightnin’ no es una excepción. Poco a poco van cayendo un tras otra las canciones de este disco, una obra que ni es de heavy metal ni tiene un sonido ochentero precisamente... pero que me encanta.

Total, que Freewheelin’ no tiene desperdicio y nos conduce a la estupenda Fade angel, a la robertplantiana Mountain momma... y así hasta la fabulosa Keep in wisdom, que es canela fina. Pero el tema que para mi se lleva la palma y me tiene enganchado es The dawn of man, zeppeliniano –quizás el riff recuerda en demasía al de No quarter, no sé qué opinaréis–, setentero y psicodélico, con sus 10 minutos y pico de duración. Amigos, casi vale la pena todo el disco por esa canción. En definitiva, rock puro que de tantas etiquetas que le caben no le es suficiente ninguna que no sea ese genérico ROCK con mayúsculas que te deja tras su escucha con una sonrisa en la cara.




Sólo tengo una pega. Ya que estaba en la tesitura de comprarles un disco a estos canadienses, decidí pagar un poco más por la copia en vinilo azul que publicitaban como Limited edition European tour version. Sky blue clear vinyl. Sin embargo, una vez lo tengo en mis manos, debo deciros que en realidad su color es más un púrpura azulado que el bonito azul de las fotos. En fin, es lo que hay y –en teoría– lo importante es la música ¿no?

The dawn of man, White witchy black magic, K.I.W. y el clip que han rodado para Gone gypsy.










¡Feliz viernes! 
@KingPiltrafilla

2 comentarios:

  1. yo creo que desde el 2000 no me compro un cd,yo como tu,vinilo por todos lados,me es imposible despegarme de ese soporte....me dura eternamente,es mas bonito,y me encanta el sonido de la aguja pasando por los surcos.....y si son primeras ediciones mejor.

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  2. es todo, el olor, el sonido ese tan suyo... yo cds solo compro cuando son grupos de aquí que están empezando y no tienen todavía vinilos. Les pegaré una oída a estos tíos, saludos!!

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