miércoles, 28 de diciembre de 2016

Kyuss - Welcome To Sky Valley (1994): Crítica review


por TheOutlaw76 (@TheOutlaw76)
del blog THE OUTLAW





Kyuss nacen a mediados de los años 90s silenciosamente, pero sentaron las bases de lo que se dio en llamar Stoner Rock. En su momento, como suele pasar en muchos casos, Kyuss pasaron bastante desapercibidos para el gran público y acabaron por disolverse tras un EP y cuatro potentísimos álbumes.




El titulado Welcome To Sky Valley fue su tercer disco y una verdadera joya en su género. Kyuss supieron darle una vuelta de tuerca más al rock y, sin inventar nada nuevo, sí que consiguieron juntar una serie de elementos reinventando así unos sonidos que parecían haber estado relegados al olvido. Jams psicodélicas setenteras, riffs que beben de los ritmos densos y oscuros de los primeros Black Sabbath, guitarras y bajo ultra saturados a lo sonido garaje... y desierto, mucho polvo del desierto (por no hablar de otras sustancias alucinógenas al margen de la legalidad).

Y es que el sonido de Kyuss, el sonido Stoner, te lleva al corazón del desierto. Puedes sentir el calor abrasador del sol y la aspereza de la arena a través de los altavoces.

Con las bases ya bien asentadas en su anterior joya, Blues For The Red Sun, Kyuss dieron un paso más y acabaron de perfilar un sonido único, gracias en parte también al productor Chris Gross. El grupo estaba formado por cuatro jóvenes: a las voces, poderoso e inconfundible, John Garcia, a las guitarras Josh Homme, Brant Bjork a la batería y, como único cambio respecto a la formación anterior, Scott Reeder al bajo.





El disco se divide en tres actos, abriéndose el primero con Gardenia. Un riff mastodóntico nos da la bienvenida a este Sky Valley de un modo abrumador, con una verdadera muralla sónica. Uno de los temas clásicos de Kyuss y del género Stoner.

La inquietante Asteroid nos acompaña hacia un viaje lisérgico, no sabemos bien bien hacia donde, pero es relajante hasta que llega Supa Scoopa And Mighty Scoop y nos despierta bruscamente del letargo, cerrando este primer acto. 100º y Space Cadet abren el segundo acto y cierran la primera cara del disco, con un nivel altísimo.

La enigmática e hipnótica Demon Cleaner abre la segunda cara para seguir con Odyssey que es como uno de esos coches destartalados que va a toda velocidad por cualquier carretera polvorienta del desierto. La banda no deja respiro alguno y no baja de revoluciones con Conan Troutman.

Whitewater cierra, de forma magistral, un disco clave para entender la renovación de un género y la segunda mitad de los años 90.

Uno de los pocos discos que viene con instrucciones: “listen without distraction”. Nunca unas instrucciones fueron tan indicadas y es que este disco se ha de escuchar poniendo todos los sentidos en él. Un disco que se disfruta surco a surco y que gana con cada nueva escucha.

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