domingo, 6 de noviembre de 2016

Lo que dan de sí dos kilos de paja - Microrrelato (Cosas en los bolsillos, 151)



Lo que dan de sí dos kilos de paja


Ando estos días enredado en la lectura de las memorias de una mujer emprendedora de principios del siglo XX, cuyo nombre prefiero evitar por razones que no vienen al caso. El motivo es solo personal y poco importa.

Las memorias son una auténtica joya, no solo por las referencias al momento cultural de los felices años 20, aunque para mí es este el capítulo más talentoso y sugerente del libro. Está descrito de primera mano y da cuenta, con un detallismo que podríamos denominar en ocasiones excesivo, de la relación que tuvo la autora de continuo con la intelectualidad de la época, de los sinsabores que rodearon esos años felices. Esto más el análisis pormenorizado de las circunstancias políticas de un España nigérrima sirven con solvencia meridiana para enmarcar este momento histórico como es debido, con sus luces y sus sobras. Y más aún, la descripción prolija abunda, por otro lado, en inéditos chismes que lo llenan de un atractivo inusual. Uno se asombra de que obras como esta se encuentren en la sombra o, mejor, en la total oscuridad, y no se vean citadas en los grandes manuales ni en las enciclopedias al uso.

Pero sus memorias abarcan una vida entera, y los primeros capítulos dedicados a la infancia son simplemente memorables, más que nada porque, con sabia mano, acompasan con una agradecida parsimonia narrativa momentos de su niñez en un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca donde vivió antes de que su familia se trasladase por necesidad a la corte madrileña, ocasión en que la niña ingresó como aventajada escuelante en un convento de monjas en el cual no encontró asentada vocación para seguir con el hábito pasados los 18 años, edad en que comenzó a servir como profesora precoz en un conocido instituto privado de Madrid.

Son numerosos esos momentos interesantes de sus primeros años de inocencia, pero hay un par de pasajes que cautivan por ser nada menos que increíbles. En el primero cuenta la escritora cómo su hermana tenía la costumbre de hablarle a su muñeca de trapo, y un día la espiaba desde detrás de un sillón en una de esas conversaciones a una banda que Rosa, su hermana, tenía con esa muñeca que era su único juguete. La autora niña dio un grito de muerte cuando en un momento determinado la muñeca le contestó a su hermana con una tono siniestro. Rosa la descubrió en su escondite y le dijo literalmente muy seria: "si le cuentas algo de esto a padre o a madre, te mato". La que moría era la propia Rosita, como la llamaban familiarmente, de unas fiebres, unos meses después. El secreto, sin embargo, lo mantuvo la autora -según cuenta- hasta la publicación de estas memorias, que vieron la luz en los años 70, siendo ella ya una anciana.

También tengo subrayado en el libro ese sorprendente párrafo en el que habla de cómo la mujer con tres ojos de un circo establecido en el pueblo durante unos días vino hasta su casa a pedir amparo pues el dueño de tal circo la quería matar por no rendirse a sus requerimientos sexuales (esto lo supo la autora más tarde). La mujer estuvo en su casa varios días escondida, comía con ellos y marchó con pena y sin rumbo unos días después de que el circo, con sus viejos y destartalados carromatos, desapareciese en un día de niebla por la mañana de un otoño de finales del siglo XIX. "Recuerdo que lloraba y sus lágrimas resbalaban desde sus tres ojos. A mí me dio un beso en la mejilla y dijo mi nombre con tristeza. Ya no volvimos a verla jamás". En estas voluminosas memorias no vuelven a mencionarse hechos o acontecimientos como estos, que yo llamaría mágicos o imposibles, pero que están ahí, escritos como si tal cosa, con una naturalidad desconcertante. A mí desde luego me han dejado aturdido y con cara de tonto.

ÁCS

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