domingo, 20 de noviembre de 2016

Crítica de la película "Jack Reacher. Nunca vuelvas atrás" (Edward Zwick, 2016)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

Avisé que había una saga en ciernes con “Jack Reacher” tras la primera adaptación a la pantalla que llegó en 2012, que resultó un excepcional thriller de titubeante inicio en taquilla pero que terminó en un solvente éxito.

Lee Child, pseudónimo diseñado para aparecer en las librerías junto a Chandler y Agatha Christie, ha vendido más de 40 millones de sus novelas sobre Jack Reacher (son 21 novelas hasta el momento).


Por desgracia, esta secuela no vuela a la misma altura que su notable predecesora, perdiendo la gran mayoría de las virtudes originales que convirtieron a aquella en un ejemplo de thriller sofisticado de poso añejo y clásico que fusionaba a la perfección esas dos influencias citadas tan atractivas para al autor británico: la sagacidad deductiva de Agatha Christie y la contundencia detectivesca, cinismo y sublimación hard boiled de Raymond Chandler. De Poirot con Marlowe.




Se quiso vender aquel título de 2012 como un thriller convencional en plan “Misión imposible”, un vehículo de acción espectacular para reventar taquillas y lucimiento de su estrella, y aunque lo segundo desde luego se cumple, nada tenía que ver con la otra saga de éxito protagonizada por la mayor estrella que ha dado el celuloide en su época moderna.

Con “Nunca vuelvas atrás” se pierde en sorpresa y fascinación con respecto a las claves que se expusieron en la primera, con la presentación de ese extraordinario detective, duro, taciturno, atractivo y de inteligencia superdotada, maravillosamente retratado por Christopher McQuarrie, que lo dotaba de tintes míticos.




Aquí, la capacidad deductiva, el mimo por el detalle y la investigación paciente y lúcida, con un desarrollo bien modulado y llevado, con errores y rectificaciones, donde la inteligencia sagaz tiene más importancia e interés que las contadas y cuidadas escenas de acción, minimalistas y perfectamente ejecutadas, beneficiadas de una atmósfera envolvente, tensa y seductora creada a la perfección, tienen mucho menos peso.

En vez de recomponer un puzle en el que todo parece cuadrar excesivamente bien, aquí tenemos una historia de huida y duelo que resulta más convencional, algo en la línea del último Bourne, por poner un ejemplo reciente.




Reacher debe liberar a la teniente Susan Turner (Cobie Smulders) una vez se entera de que ha sido detenida por motivos que no cuadran al agente, una conspiración dentro del propio ejército que hace peligrar la vida de la militar y la suya propia.

A Jack Reacher se le hace socializar en esta ocasión, con una niña y la teniente a la que protege, pero este aspecto, que pretende desarrollar ciertas características del rudo protagonista así como conseguir en el contraste cierto humor, hace perder algo de encanto con respecto a la anterior cinta.

La relación de Cruise con la abogada Helen que interpretó Rosamund Pike funcionaba a pleno rendimiento por la diferencia de roles, en cambio al tener Cobie Smulders un papel similar a Cruise, sumado a la adolescente que los acompaña, este aspecto no está tan logrado. Con todo, hay momentos que consiguen una más que aceptable intensidad dramática y dotan de un encanto especial a personajes y relaciones, algo poco común en este tipo de cintas (las escenas íntimas entre los protagonistas; la escena final entre Cruise y Samantha, interpretada por Danika Yarosh…).




Edward Zwick, que vuelve a trabajar con Tom Cruise tras “El último samurái” (2003), dirige con su solvencia habitual, aunque sin nada especialmente relevante que destacar en su estilo (quizá ese tempo pausado que ya estaba en la primera y que permite desarrollar personajes y relaciones), sobresaliendo especialmente en un clímax final lleno de pulso narrativo y saber hacer, manejando el suspense y las coreografías de acción francamente bien. Un magnífico clímax sin necesidad de pirotécnica, con persecuciones y peleas ejecutadas a la perfección.

Desde el guión hay ciertos estancamientos y baches narrativos que sólo se rompen con alguna estupidez ilógica cometida por los personajes, especialmente la adolescente Samantha, al contrario de lo que ocurría en la primera, que fluía con una calma tensa absorbente.

Cobie Smulders realiza un gran trabajo y tiene, como también tenía Rosamund Pike, una química estupenda con Cruise. El villano encarnado por Patrick Heusinger es poderoso y amenazante, cumpliendo con sobrada solvencia con su rol.




Tom Cruise vuelve a estar sobrado en su papel, un trabajo que le encaja como anillo al dedo a este estupendo actor y profesional, que aquí, sin embargo, abusa de alguno de sus tics, como ese apretar de mandíbulas. Con todo, su escena dramática final es excelente. Lo esperamos en proyectos más ambiciosos dramáticamente sin que pase mucho tiempo.

Un día escribiré sobre las relaciones amorosas de los héroes de Cruise en los últimos tiempos, esos héroes cuasi míticos en los que subyace un romanticismo descarnado y parecen condenados a la soledad, el tránsito y el amor plantónico alejado de la carnalidad (Misión imposible, Minority report, Al filo del mañana, Oblivion, Jack Reacher…), pero eso será en otra ocasión.

Me gusta esta saga, esta propuesta, me gusta ese duro detective que entronca con los clásicos, con Bogart, con Mitchum, duros y seductores, sagaces e inteligentes, pero en esta secuela la historia ha resultado más convencional y ha perdido alguna de las esencias que tan atractiva hicieron a la primera. A pesar de todo, pasaréis un rato entretenido sin lugar a dudas.

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