domingo, 6 de noviembre de 2016

Crítica de Captain Fantastic (Matt Ross, 2016): film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



“Captain fantastic” ha sido comparada con “La costa de los mosquitos” (1986), aunque queda lejos de la película de Peter Weir, que contaba una historia con muchos puntos en común con esta desde un prisma liberal.

No, aunque lo parezca por el cartel promocional, no es una película de Wes Anderson ni una secuela de “Mi pequeña miss Sunshine” (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006).




Aquí tenemos la sublimación idealizada del “perroflautismo”, una excepcionalidad muy excepcional que desde el comunismo y cualquiera de sus derivados (marxismo, leninismo, estalinismo, trotskismo, maoísmo…, antisistema en suma), se enfrenta por hechos azarosos y circunstanciales al sistema de vida americano, su odiado capitalismo, para escenificar las bondades de aquellos y los defectos de este. Una buena e interesante idea si no fuera porque cae en un exasperante y melifluo maniqueísmo vacuo y superficial.




“Captain fantastic” critica, pero no quiere hacer leña del árbol caído, mirando por encima del hombro y con una superioridad moral impostada de aparente naturalidad, donde la familia protagonista se muestra comprensiva y compasiva con esos pobres ignorantes productos del “sistema”. Una familia perfecta, sin defectos ni fisuras, que sólo aparecerán al mezclarse con ese sistema del que abominan.

Esta familia perderá a su madre, que es bipolar y se ha suicidado. Como su última voluntad es ser incinerada, se irán de aventura para tal propósito, ya que su desaprensiva familia cristiana, que cuidaba a su hija cuando la enfermedad era casi insostenible, quiere enterrarla de acuerdo a sus creencias. Así que esa familia renacentista antepondrá a cualquier consideración sobre el bien general, la solución más eficaz y adecuada su firme decisión de cremarla y honrar así a su dios, Noam Chomsky.




Un discurso dirigido convenientemente para la causa, lícita, pero que hubiera ganado de haber profundizado, desarrollando una concepción filosófica más compleja y analítica que desembocara en las conclusiones que estimaran oportunas, las que defiende la película, pero sin ese tufillo paternalista que deja lagunas por todas partes. Un planteamiento inicial falsario y poco claro en cuanto al funcionamiento de su universo.

Estos antisistema que se enfrentan al resto no son unos desarrapados cualquiera. Tienen una preparación intelectual digna de catedráticos, desde la niña de ocho años hasta el mayor de los seis hijos (por el que se pelean las universidades más prestigiosas del país, hasta siete conté), hablan hasta seis idiomas, son naturalistas (aunque no veganos), ajenos a los lujos y la tecnología (más o menos), al sistema económico y todas esas zarandajas, comprometidos políticamente con ideas básicamente comunistas o antisistema, y una preparación física a la altura de un deportista de élite (se verbaliza en la película, como también se verbaliza que con su nivel intelectual, sistematizado por el padre, en la universidad no van a enseñarles nada)… Es decir, el típico antisistema.




Y a ellos se contraponen las víctimas del sistema educativo americano, ignorantes funcionales, representados en los dos primos de los chavales que aparecen, o subyugados por las creencias alienantes de las religiones organizadas. Esas gentes a las que hay que pasar la mano por el lomo por ser más primitivas y menos cultivadas que ellos. Vamos, esa gente que ha llevado a Estados Unidos a ser un país “subdesarrollado”, donde no existen los catedráticos ni la gente culta que haya estudiado en el “sistema”…

Como fábula para hacerla medianamente digerible hay que tomarla desde un sentido individual, no genérico, aunque la familia no pare de generalizar desde su bonhomía. Unos antisistema que nada tienen que ver con un movimiento organizado. Una utopía platónica hecha realidad y excepcional. Lo que ocurre es que el mensaje es tramposo, y no se enfrentan a académicos, chicos estudiosos o antisistema perrofláuticos. Nunca se incide en los verdaderos conflictos ni en las evidentes contradicciones de esa idealizada vida que se escenifica. Así cualquiera.




El retrato que hace de esa América es real, pero al incluir ideología se le cae el andamiaje a la película, porque no contrapone una abstracción, como podíamos tener en “Forrest gump” (Robert Zemeckis, 1994). Es cierto también que en varias frases de guión se pretende marcar diferencias con el comunismo (también con China), para sostener débilmente la idea de antisistema puro, pero todo esto se queda a medias.

Su crítica al sistema educativo está conseguida, así como la concepción global de cultivarse a uno mismo fuera de ese sistema en estado de excepción, donde la exigencia, el esfuerzo y el sacrifico es cuestionado constantemente y parecen valores a extirpar, apoyados por esas asociaciones de padres que han terminado por eliminar toda autoridad.




Las interpretaciones del elenco son magníficas, desde los adultos a todos los niños, con mención especial al gran protagonista, Viggo Mortensen, que además se desmarca con un desnudo frontal integral…

La cuestión principal es que en todo esto no hay novedad ni originalidad, más allá de introducir aspectos políticos, que no deja de ser una valentía, porque el movimiento hippie ya dejó muchos títulos, Weir abrió un camino conceptual a este y las cintas de amor a la naturaleza que no necesitan de lo urbano han tenido en Kurosawa, por ejemplo, mejores embajadores.




El tono dramático es acertado, con momentos de sutil comicidad y drama atenuado que nunca cae en la sensiblería y emocionan moderadamente.

El modelo de vida y de familia que propone la película es aterrador, aunque por supuesto no sea esa la idea del director Matt Ross, pero es lo que hay. Lo del cadáver incorrupto de esa Blancanieves rodeada por sus enanitos lleva lo de cuento de hadas a dimensiones nunca esperadas…




La dirección es correcta y convencional, con algunos planos significativos en el uso de espejos o rasgos simbólicos. Un estilo bastante clásico, con predomino de los primeros planos (que cambian de ángulo en los rostros) y una planificación ordenada (de planos generales a planos cercanos), así como una aceptable fotografía de Stéphane Fontaine.

Dogmática e intelectualmente perniciosa, banal y tópica en sus argumentos, pero interesante para abrir debate, lo que tiene su punto.

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1 comentario:

  1. es cierto que no han querido meter mucho el dedo en la herida,de la que en estos momentos vivimos,somos unas marionetas de lo que nos dicen que hagamos,en un sistema que es unicamente consumista en todos los aspectos.El punto es que aunque no lo crean existen muchas familias como en la película y que en carne propia ciertos matices los he vivido.Yo a mis 2 hijos los eduque,sin television ni radio.Sus primeros 10 años se les impartió la educación en casa,aprendieron 3 idiomas,y aprendieron a cultivar la tierra.Nos rendimos al sistema por ellos,amigos que les hablaban de television,de internet,y de una cierta presion que te hace la sociedad para que se le imparta una educacion por parte del estado -gobierno.Me ha gustado porque parte la he vivido,pero no al extremo,como en la pelicula,pero si volviera a tener mas hijos al menos llegaria, como hice con los 2 primeros,a hacer exactamente lo mismo.Hoy es el dia que prefierren la compañia de un libro y de la música ,antes que de la television y el internet.Amantes de los animales y de la naturaleza,cosas totalmente desconocidas hoy en dia para cualquier chaval de ciudad.

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