lunes, 31 de octubre de 2016

Crítica de "Perros de paja" (Sam Peckinpah, 1971): Film review



por Möbius el Crononauta


"Ni el Cielo ni la Tierra tienen sentimientos; tratan a las cosas del mundo como si fueran perros de paja" (Lao-Tsé).

Civilización contra incultura, la ciudad opuesta al campo, raíces que nos acompañan toda la vida, miedo a lo desconocido, el otro "yo" escondido tras nuestro típico rostro... Perros de paja, uno de los films más violentos de Sam Peckinpah (aunque la mayor parte de esa violencia no se vea en pantalla) gira en torno a todos estos temas y sus interpretaciones pueden ser muy variadas. Todo depende, claro está, del ojo con que se mira.



Recuerdo haberme sentido en más de una ocasión como el personaje de Dustin Hoffman al entrar en el pub del pueblo. Yo también estaba en un pueblo, y podía sentir esa especie de hostilidad hacia lo desconocido, a lo nuevo. No es fácil ser recibido en un medio tan cerrado, ni es fácil comprender desde fuera un entorno aislado del mundo.




Un joven matemático norteamericano, David Sumner (Hoffman), se muda con su mujer Amy (Susan George) al pueblo natal de esta en Gran Bretaña para escapar del caos y la violencia de los Estados Unidos. Sin embargo, su vida no será tan idílica como podrían haber esperado, y pronto tendrán que enfrentarse a los ataques y abusos de la gente del pueblo.

Peckinpah sabe construir muy bien la imagen de un joven apocado a quien su mujer acusa de cobardía, para luego dar la vuelta al personaje. David es el ser humano ciudadano, es la civilización y la ley, pero envuelto en un medio peligroso y hostil y bajo una situación límite se mostrará como un depredador que defiende su territorio. No es casual que su hogar se torne una fortaleza, una posición de fuerza desde la cual poder defenderse.




Si David es la mente, Amy es el cuerpo, apegada a la vida, y con un sistema de valores que chocarán con los de su marido. Cuando sea atacada por Charlie, usará sus propios métodos y sus propias armas para salir del trance. También representa una suerte de dualidad: escapó de su pueblo para buscar otra vida, y se casó con un hombre inteligente, no guapo, pero por otro lado no podrá escapar de su pasado, de sus propios códigos de honor y su propia educación. Pedirá a David que luche por ella, que se enfrente a los matones.

En medio de toda esta pólvora solo hace falta un detonante, y ese será Henry Niles (mi querido David Warner), una suerte de disminuido psíquico que ha tenido problemas con la ley por acosar a algunas jovencitas, y cuyo encuentro con la hija de Tom Hedden acabará provocando el asedio al hogar de los Sumner.




En esos primeros momentos de nuevo surgirá la confrontación entre dos mundos distintos, el de David y el de Amy. Él apelará a la justicia, a lo que la mayoría de nosotros tendría en mente en tal caso. Ella, mucho más pragmática, es como un animal acosado, y pide a David que dé a los Hedden lo que buscan. "Realmente no te importa, ¿verdad?", dice David. Pero, ¿hasta dónde puede confiar uno en la ley? Aislado de todo y de todos, parece que la única ley que pueda sobrevivir en ese momento sea la ley primaria del Talión.




Recuerdo un sketch de John Belushi imitando a Peckinpah mientras maltrata a Gilda Radner hablando con un actor sobre una escena. Y aunque no sé de Peckinpah maltratando a ninguna actriz, lo cierto es que para Susan George el rodaje de Perros de paja no fue nada fácil. Evidentemente la impactante escena de la violación fue una de las más duras, y la actriz tuvo sus más y sus menos con Peckinpah a la hora de discutir cómo se iba a rodar la escena. Por lo que sé, creo que Susan ganó el asalto y el director tuvo que renunciar a algunos planos demasiado explícitos. Cinematográficamente hablando, creo que todos salimos ganando con el cambio. Tras el shock inicial y cuando todo parece terminado, llega una nueva vuelta de tuerca, y todo lo que pasa así como lo que ella siente nos llega a través de su rostro, en una rápida sucesión de planos que se alternan con imágenes de su marido cazando patos. Eventos lúdicos y sadismo, dolor y entretenimiento, una estructura que se repite cuando los recuerdos vuelven a ella durante la fiesta parroquial.




El rodaje tuvo sus anécdotas, y estando Peckinpah de por medio el tono de las mismas es el que uno se puede imaginar. Las maratones alcohólicas del bueno de Sam casi dan al traste con la película, y los productores tuvieron que ponerle coto a las correrías del director. Aun así, el actor T. P. McKenna, que interpreta al Mayor y que sale con el brazo en cabestrillo durante el film, fue víctima de otra idea del director. Se rompió el brazo durante una fiesta con dos prostitutas que había organizado el propio Peckinpah. La cojera de David Warner también era real. Poco antes de comenzar el rodaje se había roto un pie, y aunque podía andar tenía que ayudarse de un bastón. Debido a ese accidente no podía ser asegurado, así que su nombre no figuró en los créditos.

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