sábado, 22 de octubre de 2016

Crítica de la película "L.I.E." (Michael Cuesta, 2001)


por Möbius el Crononauta




Hace unos años el cine independiente y underground se había centrado en muchas ocasiones en aquello que afectba a una nueva generación, a la que se quiso llamar X, pero cuyos problemas fueron mucho más allá del grunge barato y las comedias estudiantiles con chicos y chicas guapos y silicona por doquier.

L.I.E. es una cinta que, para situarnos, me recuerda a títulos como Boys Don't Cry o la interesante Mysterious Skin, que sin embargó pasó más desapercibida que la película protagonizada por Hillary Swank.




Un adolescente llamado Howie ve como su mundo comienza a derrumbarse bajo sus pies: su madre fallece en un accidente y su padre tiene problemas con la ley, mientras que, como todo chico de su edad, intenta integrarse en su entorno estudiantil. En el instituto comenzará a sentirse fascinado con Gary, que desea largarse del sitio deprimente donde viven y viajar a la soleada California. Gary llevará a Howie a asaltar una casa: ese robo significará el principio del cambio para el joven Howie.

Ya que esa casa pertenece a un extraño ex-marine a quien Gary conoce y que en más de una ocasión debe haber utilizado los servicios del chico. Big John, el tipo mayor, pronto dará con Howie, mientras Gary desaparece del mapa.




En un film de estas características lo último que uno espera es que se retrate a un adulto que se acuesta con menores como una persona con sentimientos y no como un predador, pero por eso me ha parecido interesante escribir sobre L.I.E.

Un sorprendente Brian Cox interpreta a Big John (resulta un poco chocante ver al pastor de gentes Agamenón de Troya yendo detrás de adolescentes), un tipo que a pesar de su desviación considera que en cualquier relación, incluso una tan extraña como esa, debe basarse en el amor y el cariño.




Aunque, como si siguiera el viejo código interno de las películas clásicas, el director da a Big John un destino que podría interpretarse como todo un mensaje final. Y mientras Howie mira a la Long Island Expressway, el destino que le espera es desconocido, pero para entonces ya parece haber dado un paso definitivo hacia la madurez.

Dejando a parte cuestiones cinematográficas, L.I.E. también me ha recordado que debería tomarme más en serio a Donovan. Su canción sobre los colores llegó a resultarme demasiado melosa, pero otro de sus clásicos, "Atlantis", suena de fondo en una de mis escenas preferidas de Goodfellas, mientras la poli va encontrando cadáveres en los sitios más insospechados. Y en L.I.E. su "Hurdy Gurdy Man" cobra toda una nueva, y escalofriante, dimensión.

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