domingo, 23 de octubre de 2016

Crítica de Atomik Circus (Didier Poiraud, Thierry Poiraud, 2004): film review



by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Os presento la francesa Atomik Circus. ¿Que de qué va? Pues resulta que James, un stuntman contratado por el viejo Bosco para amenizar el gran festival anual de la tarta de vaca acaba en prisión por estropear el evento por accidente. Lo que pasa es que Bosco, el hombre fuerte de Skotlett y dueño del único hotel del lugar –el Sam Paradiso, de nombre sospechosamente parecido al de Vanessa Paradis, la protagonista, una joven que sólo tiene un sueño en la vida y es llegar a ser una cantante famosa- quiere apartarle de su hija Concia, quien se ha enamorado de él. Sin embargo, un año después del suceso, James escapará de su cautiverio y se dirigirá a Skotlett para reencontrarse con su amada. 




Mientras tanto, unas criaturas de otro planeta llegarán a este rincón de la América profunda y comenzarán los problemas. Hasta aquí la sinopsis de la cinta que podéis encontrar en cualquier sitio. Sin embargo, haced caso de uno que la ha visto. Amiguitos, lo que acaba de empezar no son los problemas, es una soberana estupidez de cinta. Estaba yo mirándola con ojo crítico intentando encontrar las palabras para explicaros lo mal que lo hacían los actores de esta obra de los hermanos Poiraud –unos tipos que se debe creer una mezcla de Tarantino y Guy Ritchie- y pensando en cómo encajaban los extraterrestres en la historia –quizás lo único que mantenía en vilo mi curiosidad- cuando, mirando a la huesuda de la Paradis y pensando en lo poco atractiva que me resultaba, de pronto ésta se pone a menear el culo y a cantar como si estuviese en un puto videoclip de pop francés. Pero eso no es todo, minutos después, ya en su caravana, tiene un flashback recordando a James y la película se vuelve a convertir en un videoclip de los malos. Sí, piltrafillas, en realidad esas escenas musicales duran pocos segundos, pero tras sólo 17 minutos de cinta se me están haciendo pesadas. Total, que sí, que el argumento parecía original y todo eso, pero ahí me tenéis, sospechando que la primera película de la tarde va a ser una inmensa pérdida de tiempo. Entonces me encuentro con personajes de paletos borrachos y violentos, la aparición de los extraterrestres –que de amigables tienen más bien poco- y un nuevo estúpido personaje, el de un productor musical especializado en ritmos latinos. Vaya, piltrafillas, un productor musical en el poblacho en el que vive Concia, la aspirante a estrella de la canción... ¡qué buen giro de guión!








Así es, amiguitos, a estas alturas de Atomik Circus ya me he dado cuenta de que no estoy viendo la película francesa de la década y eso que los chistes son de los buenos, como cuando llegan los mariachis para una nueva edición de la fiesta de la tarta de vaca y son unos jóvenes y rubísimos alemanes ¿humor de nivel, eh? Pero eso no es todo. Después de algunos encuentros en la tercera fase con los alienígenas, cuando ya no me acordaba de eso, una nueva actuación de la Paradis me saca de mis casillas. Vamos a peor, piltrafillas. Por suerte, tras una hora ya de película, la acción se convierte en una fiesta gore cargadita de salpicaduras de sangre y los tubérculos volantes se dedican a diezmar el puto pueblo hasta que James y Concia –cual reencarnación de la Teniente Ripley- deciden actuar. Es a todas luces lo mejor de toda la película. Lo que no os contaré es el final, total para qué. Piltrafillas míos, dudo si debo recomendaros que veáis esta película pretenciosa y paródica –la verdad es que no se si sus autores creían que estaban rodando una obra maestra o se reían de todos los potenciales espectadores- de la que hoy os hablo. No obstante os advierto, si a veces la poca seriedad de las cintas que os recomiendo hacen propicio el verlas disfrutando de algún tipo de bebida alcohólica, lo que está claro es que esta vez, los que estaban hasta arriba de vodka eran los hermanos Poiraud. Una enorme broma y una gran injusticia. Con la de cineastas que se mueren de asco y hambre y a algún productor imbécil -enamorado de la Paradís, sin duda- se le ocurrió dar dinero para esto. En fin, voy a ver si arreglo la tarde.

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