domingo, 4 de septiembre de 2016

Crítica de "The International: Dinero en la sombra" (Tom Tykwer, 2009): film review



by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Para empezar os diré que The International es un thriller muy interesante, ameno y bien rodado sobre los grandes bancos y su implicación en el tráfico de armas a nivel mundial. Los protagonistas son Clive Owen –muy creíble en su papel- y Naomi Watts, que dan vida al impulsivo agente Salinger de la Interpol –con un pasado oscuro en Scotland Yard- y a la agente Whitman de la oficina del fiscal de Nueva York, ambos centrados en la peligrosa investigación de las malas artes del IBBC, banco con sede en Luxemburgo cuyos negocios turbios se extienden por los cinco continentes con la aparente connivencia de gobiernos y agencias gubernamentales. 





Ágil, con acción y ritmo, he de deciros que avalo de todo corazón la visión de esta cinta que sin ser espectacular ni tener un argumento demasiado original, está muy bien resuelta, es dinámica y cuenta con unas interpretaciones más que aceptables y varias escenas de acción, lo que en estos tiempos ya es mucho.





Con localizaciones variadas –Berlín, Estambul, Milán, Lyon, Nueva York...-, lo que nos viene a decir esta película es que el dinero no tiene fronteras y que el capital –salvo honrosas y por desgracia escasas excepciones- no tiene escrúpulos a la hora de incrementar sus beneficios. De hecho, la teoría que expone el guión es que las ganancias del tráfico de armas no está en el negocio en sí, sino en el objetivo real de la industria bancaria, que no es otro que el de convertir a ciudadanos de a pie y gobiernos en esclavos de la deuda crediticia ¿o es que no estamos todos pagando una hipoteca que en el mejor de los casos habremos satisfecho cuando nos jubilemos, por un importe muy superior al que se nos prestó? Es decir, que el verdadero fin de vender armas no es otro que el control de los conflictos y –por consiguiente- la gestión de la posterior deuda.

Salvando las distancias, claro está –se me hace difícil ver al cántabro vendiendo armas a los iranís, aunque tampoco sería descabellado-, ¿a que ya no os cae tan simpático Emilio Botín cuand repartía sonrisas en los paddock de medio mundo?, ¿a que ya no os hace tanta gracia Antoni Brufau cuando le reía las gracias a Hugo Chávez? Ya sé, ya sé, Brufau no era banquero, sino presidente de Repsol, pero lo cierto es que formaba parte del entramado de la Caixa –fue Director General adjunto con Isidre Fainé, el actual presidente, a finales de los 80-, la primera Caja de ahorros de Europa y tercera entidad bancaria del país que está metida en tantos negocios que llegó a poseer en 30% de Panrico. Pero me estoy desviando del tema, piltrafillas. Total, que todo está conectado, que nosotros somos vulgares peones... y que os recomiendo que veáis esta película, con palomitas y vuestro refresco favorito.

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